Torrezno 14º

Resultóse un fulano, de origen incierto,  México o germano, que con un amigo mala influencia y sus ganas de correrse juergas vínose a las Españas a pasar navidades y nocheviejas. Pellizcose el hígado y la cartera puesto que, como bien dijera, su periplo vacacional consistiose en borrachera. Más no todo fuérenle pérdidas al muchacho, pues como verán, dejonos una anécdota gustosa de recordar.

Érase la noche más asalvajada del año, de esas en las que mearse no tuviere por qué hacerle ir al baño, de la misma manera que meterse en un servicio puede significarse emparejarse del vicio. Pues bien, anduviese nuestro compadre mexicano, hartándose a Dyc-Cola cual honorable ciudadano, toda la noche amorrose al cubata, someras turras ofrecióles a los pringaos de la barra, empeñose tanto en mantenerse ebrio que diole en fumarse sin ser fumador y en el retorno a dormirla el personaje se perdió.

Buscáronle sin descanso, no fuere que sucediérele algo, debajo de macetas, bicicletas y bancos, pero sin pistas del mexicano, decidirse pudo que húbose evaporado. Su casero, preocupado, pensose que, sin embargo, lo bueno que habría de hacer fuere meterse en el lecho, pues estábase todo hecho: “perdiose mamauzo y mi dirección tiene apuntada, y yo como no duerma echáreme encima la raba”. Cerrósele solo un ojo y escuchose abrir la puerta: el mexicano retornose, papeleta resuelta.

“Tío trompa, andonde estabas, hícete un ciento de llamadas. Preocupado hallábame adentrándome en la cama.” “No sé qué sucediome, periplo supúsose el llegar, pero al fin sano y salvo. ¿Habríase algo pá almorzar?”

“Ni almuerzo ni hostias tequileado mexicano, ahora habrasme de contar, cómo es que supúsote tan largo de llegar.” “Tequila hubiere poco y tráteme con respeto, fuere mejor el Dyc-Cola, ignorante paleto. Ahora marche a la cocina y en cuanto lléneme te cuento”

“Resultose que saliendo júntáreme con otro ebrio, ni donde estare adivinase, pero conocido érale el metro. Indicome amablemente como habría yo de llegar con mucha calma y saliva, pues me costaba de escuchar. Hablóme de una línea y un posterior transbordo, y yo bebido cual tordo, encaminame hacia allí. Fuese todo más que bien, pero en la parada del cambio, donde tuviere que apearme, mi cerebro se apagase y la pasase siempre sin más. En una dirección primero y quedábame despistado, yo bajáseme del tren tranquilo tomando la otra dirección. Mi mala suerte era grande pero, por mi tozudez, no podía si no intentarlo una tras otra vez.

Empáneme siempre que entraba,  no podíamelo explicar, con que bajábame del tren para volverlo a intentar. Tras catorce intentonas, pararme tuve que, y reflexionar sobre el trayecto que debiere de acometer. No existiese la estación, de buscar habría una solución, puesto que salime fuera y un taxista me acercó. Preocupome mi castaña y díjele al taxista, si es que habíase cambiado algo en la estación de Gran Vía. Sonriendo muy afable, comenzábame a explicar, pero el muy hijo de puta arrancase a descojonar. «Clausarada la estación momentáneamente está, dado que unas obras hubiéranse de realizar. Pasares por ahí catorce veces y no alcanzaste a otear la que hubiere ahí montada, muchacho va usté fatal.» Con lo que el caballerete arrimame hasta la casa, dísteme tú de almorzar, tripa llena y cama cerca, quedame ya solo sobar”

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