Crítica de ‘Hielo’: volver a subir la roca

hielo

Hollywood nos ha mentido: no hay The End, no hay un final feliz, solo la necesidad de seguir y seguir creando. El imaginario capitalista nos dice que tenemos que llegar arriba, a la cima, pero no nos dice que luego toca seguir. La roca cae colina abajo y lo único que te queda son esos segundos de placer, cuando llegaste arriba, arrastrando el peñón y, justo antes, ese segundito, ese momento fugaz antes de que la piedra cayese y todos se olvidasen de ti, esa es la única recompensa. Caer y seguir. Nadie te explica que cuando la película acaba, el héroe tiene que levantarse al día siguiente para prepararse café soluble, tostadas y rascarse las nalgas mientras se pregunta, bueno, ¿y ahora qué? Miento: el único The End es la muerte. Pero no me importa. No debería importarnos. Somos demasiado jóvenes, guapos y astutos como para morir.

Por eso, cuando alguien deja de crear hay que comprenderlo y deducir que ha pensado ¿y ahora qué? ¿No se suponía que ya lo había logrado? Israel B aka Márkes aka El nieto de la Pili publicó Hielo el pasado 14 de diciembre, después de dos años casi desaparecido. Esta es su segunda referencia en solitario después de Presión, publicada hace diez años, cuando todo esto era MySpace y disertaciones sobre Los Cuatro Elementos (LCE). En la década situada entre ambos trabajos, Márkes ha sido parte de dos de las formaciones más importantes para el rap en España, los colectivos Corredores de bloque y, la evolución de este, los Takers[1].

Para su vuelta ha preparado una maqueta compuesta por siete cortes, todos producidos por Lowlight, que le confieren al disco un sonido homogéneo, a excepción del último tema, Nasty, en el que Israel B colabora junto a Robie y en el que el sonido de la instrumental se vuelve más popero y melódico. Junto a este feat, hay otros dos en el trabajo, el de Demaro Small y el de Kaydy Cain, con el que Márkes comparte gran parte de su carrera musical.

El primer tema, que sirvió como adelanto y cuenta con acompañamiento visual, confirma la principal cualidad de la carrera de Márkes: su capacidad como letrista. Porque, a ver, la estética y hablar con soltura en las entrevistas están bien. Pero es que esto va de rapear y de decir cosas que están guapas para que los chavales y las chavalas lo escuchen en su casa, en el coche. Si no queríais ser raperos, haber ido al conservatorio[2]. Así, Intro ’98, expone claramente la idea con central del texto cuando dice:

Y es tan fácil volver cada dos años y mandaros pa’l banco

y poneros a comer arroz blanco

y poneros a fumar a tos

parezco un estanco

Reflejando así que el lapso de dos años transcurrido es consecuencia de una pereza autoimpuesta o una dejadez que nace de la imposibilidad de vivir de hacer este tipo de música en el país. Porque, al final, subir la roca por los segundos de placer que sentimos arriba está bien. Pero eso no paga las facturas, las cenas, los regalos de cumpleaños. Eso sirve para que nuestro estado anímico mejore un día, dos. Aun así, Márkes vuelve y deja claro que él estuvo antes que muchos:

¿Te acuerdas, primo, cuando estaba por ahí, tirao con los niños 341 buscando life?

matando rapers de cartón, loco, era Suge Knight

matando putas con la lengua, era Tao Pai Pai

Porque esta no ha sido la única desaparición de un artista que ya ha tenido más períodos de inactividad prolongados. Pero que siempre vuelve. Siempre por delante del resto, siempre regresando para enseñar cómo se hace. Y luego desaparecer. Márkes se está convirtiendo en una figura de culto. En Hielo, tema central que da nombre a la mixtape, algunas de sus barras confirman que es consciente de ese estatus:

Yo soy un clásico, como te pago el día 10

como quien da la vez

como canasta sin red

ya me puedo morir ya he hecho lo que no harías ni en diez

estoy tranquilo le he dado agua al que tenía sed

E incluso muestra la necesidad de citarse a sí mismo para corroborar que todavía puede volver a lo que hizo y sentirse orgulloso. En un alarde de intertextualidad, valiéndose del que es uno de sus mejores temas, Saigón, dice:

He sido un bloque de hielo en la sabana

he sido rabia pura en forma humana

no podía dormir pensando dos semanas

he meditado dentro del agua como un lama

En la mixtape también se puede apreciar un díptico sobre las relaciones amorosas formado por Nasty y en Algo que no sepa. Si el primero, acompañado por un estribillo arenbiniano de Robie, muestra las relaciones como un simple divertimento –cero romantiqueo– y el sexo es el eje conceptual; el segundo es un ejemplo del arquetípico ideal romántico y sufriente del amor. Aquí, los lazos interpersonales son motivo de dolor e inseguridades:

Tengo las venas llenas de hielo,

no sé qué siento, creo que es miedo,

por si te pierdo, por si se congela el infierno

Este trabajo busca reivindicar quién estaba antes, quién puso la primera piedra. En 2 pistolas pa un manco subraya que él es el padre de muchos de los raperos que han triunfado en los últimos años y que aunque sus hijos ya estén creciditos, no deben dejarse embargar por el sentimiento edípico. Junto a esto, reflexiona sobre una etiqueta omnipresente, el concepto que ha invadido cada apartado de nuestra existencia: trap. Si hasta la música de Rosalía fue calificada por la prensa musical de este país como trap, era el momento adecuado para decir que ya vale, por favor, que el trap está muerto desde hace tiempo. Así:

Tú que vas a ser trap,

no has robao ni en el Ahorramas,

trap no es una base a 120bpm,

trap son dos kilos de coca en el hueco de un beme

Márkes ha sabido construir un sólido strorytelling a lo largo de su obra, nutrido de referencias, de temas sueltos que son fundamentales para entender lo que ha pasado en la última década y que encuentra su coronación con este trabajo. Ahora, después de publicar su mejor obra, no es de extrañar que desaparezca, tal vez unos años, tal vez para siempre. Volver a subir la roca hasta la cima siempre es difícil.


[1] De Corredores de bloque habría que destacar que poseen uno de los mejores discos que se hicieron en este país, CB Cuts Vol.1, y que enseñaron: a) rapear no es tan difícil, b) rapear no debe ser tan ridículo y c) base de Internet no era tan buen productor como se pensaba. De los Takers, señalar que fueron pioneros en la manera de distribución de los contenidos junto a PXXR GVNG. Si ahora toda va empaquetado junto a un videoclip es gracias a ellos, porque lo habitual en 2015 era despertarse cada mañana con un nuevo tema suyo en YouTube.

[2] Algún día habrá que estudiar el motivo por el que la palabra rap y las que se pueden construir a partir de su raíz anglosajona son un tabú en España. Lo que está claro es que España debe ser el único lugar del mundo donde los raperos son conocidos como ‘artistas de música urbana’, lo que como etiqueta es demasiado amplia y engañosa, reconozcámoslo de una vez. Pero confirma que ser rapero está todavía visto con malos ojos y que somos capaces de cualquier cosa para esquivar un término molesto. Y, en parte, tiene su lógica. Porque, madre mía, no negaremos el ridículo estético y la obsolescencia ética del género hasta hacía bien poco. Pero, no sé, derribadas las barreras impuestas por las élites culturales sobre lo que es digno de ser consumido, creo que ya podemos decir ‘yo escucho rap’ sin pasar un mal trago. ¿No?

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