Mis despropósitos para 2019

Cada año, 1 de enero. Tras el oleaje de la ebriedad con la que la tradición nos invita a comenzar el nuevo calendario que regalan tíos y cuñados, tras la subsiguiente resaca y comida familiar entre amagos de vómito y remordimientos, toca recapacitar y programarse un año en el que, como en todos los anteriores, nos mentiremos y seremos mentidos. Pero esto puede cambiar. Debe cambiar.

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Estos primeros días del año, con el estómago hecho mierda y ardor, empecé, como siempre, a establecer mis metas para este curso 2019. No lo hice el día 1, siquiera el 2, ya que estaba entonces intentando paliar el malestar corpóreo a base de cervezas, por eso de requilibrar el pH. Sin embargo, en un destello producido por el hastío y la experiencia, hoy, día 3, me he dado cuenta de lo inútil, tremendamente inútil, que es realizar esta mentira haciéndola pasar por verdad. Es por ello que este año, en vez de marcarme objetivos, he decidido hacer justo lo contrario, es decir, establecer una serie de despropósitos que verán la luz este año.

Lo novedoso de esto es, pues, que en vez de conseguir cosas imposibles (como, por ejemplo, meditar todos los días, hacer deporte más de una vez al mes o convertirme en el mejor novelista de todos los tiempos…) este año lo que buscaré es sufrir en mis carnes una serie de dislates a los que mi naturaleza necesariamente me empujará. Así, no sólo los cumpliré, si no que además, al anticiparlos aquí, reduciré vía previsión el dolor o molestias que los mismos pueden ocasionar a un alma tan susceptible como la mía.

Y es que mientras los objetivos suelen quedarse, al ir arrancando días al calendario, en meros propósitos sempiternamente postergados, los despropósitos son, según mi método, la meta alcanzar. Meta que, sin necesidad de moverme, llegará a mis pies. Así, con una sonrisa en la boca, con los ojos inundados por las lágrimas que produce en mí el tabaco industrial que la falta de planificación festiva me ha hecho comprar, me he puesto a elaborar una lista de diez (clickbait style) despropósitos para este 2019, lista que comparto, sin más dilación, aquí:

  1. Ser insultado por las redes sociales.
  2. Recibir al menos dos cobras de parte de la misma persona.
  3. Negar que la fiesta haya terminado horas más tarde de que sea un hecho.
  4. Perder la cartera y/o el móvil al menos dos veces.
  5. Hacer pasar vergüenza ajena a algún famoso.
  6. Vomitar encima de alguien.
  7. Pedir por Amazon un libro para descubrir que lo he comprado en italiano.
  8. Ser la vela de una velada romántica de una pareja ligeramente conocida y bastante fogosa.
  9. Enrollarme con alguien que no me guste lo más mínimo.
  10. Contraer una enfermedad nerviosa en el periodo que más nini esté de todo el año.

Como muestra de que los despropósitos presentes en esta lista no son solo posibles, sino hasta sencillos, esta misma mañana he conseguido ya el punto número 1. Considerando que perder el móvil y/o la cartera es cuestión de tiempo, al igual que ocurre con el tema de la enfermedad nerviosa (su sombra planea sobre mí tiempo ha) y el vomitar encima de alguien, en una semana habré cumplido ya casi la mitad de lista. Y si salgo de fiesta, caerá algún que otro despropósito más.

En definitiva, este año, en vez de querer cambiar a mejor, quiero ser la misma mierda de siempre. Sé que puedo conseguirlo.

 

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