Opiniones de un payaso (1963), por Heinrich Böll.

Una frase del propio Heinrich Böll (1917-1985) basta para definir a grandes rasgos su proceder literario. Y es que, cuando el escritor alemán nos dice que se sentía “atado a la época y sus contemporáneos, en lo vivido, lo sufrido, lo visto y lo escuchado”, vemos la importancia que tuvo en él su tiempo, ciertamente uno de los periodos más convulsos de la historia reciente. Considerado uno de los mejores cronistas de la Alemania posterior a la Segunda Guerra Mundial, este escritor no cejó en su empeño de criticar todo aquello, política, social y religiosamente hablando, con lo que no estaba de acuerdo, entremezclando estas cuestiones en sus obras con un constante inquirimiento de corte existencialista. Una prueba de todo ello es su excelente Opiniones de un payaso, novela que reseñaremos a continuación. Antes, eso sí, esbozaremos un breve apunte biográfico; algo fundamental, por los motivos recién expuestos, para abordar su obra.

bool

Heinrich Böll nace en Colonia el 21 de diciembre de 1917. Quedaba, pues, prácticamente un año para que la nación alemana firmase el armisticio por el cual se daba por concluida la Primera Guerra Mundial. Hijo de padres humildes, su infancia transcurrió en las míseras condiciones económicas y humanas de un país devastado por una guerra perdida y obligado, a raíz de su firma del Tratado de Versalles, a pagar los costes del conflicto a los vencedores. Este documento, como dijera Keynes en su famosa obra Las consecuencias económicas de la paz, constituía un “ataque a la estructura social y condenaba a la miseria a millones de ciudadanos (alemanes), atacando directamente sus derechos y posesiones”. Y, lo que es más importante, hacía germinar en suelo germánico un sentimiento de frustración, de rencor, que tendría no poca importancia en el surgimiento del nazismo.

Böll crece, pues, a la par que se expanden por el país las propuestas nacionalsocialistas, hallando en la miseria un terreno fértil para su discurso populista. En 1933, teniendo Böll dieciséis años, Hitler y su partido consiguen hacerse con el poder en el Reichstag, acabando así con la inestable República de Weimar. Estando todavía cursando sus estudios básicos, Böll ve cómo la gran mayoría de sus compañeros de clase se alistan voluntariamente en las Juventudes Hitlerianas, algo que él rechaza hacer. Pocos años más tarde, mientras trabaja en una tienda de libros, descubre allí su vocación literaria, si bien cabe destacar que sus primeros escritos no aparecerán hasta después de la Segunda Guerra Mundial, a la que pronto los afanes expansionistas del nazismo llevarán al país. Por su parte, justo cuando iba a matricularse en la Universidad para estudiar Filología, Böll es llamado a filas.

sss

Pese a que ideológicamente no puede estar más lejos de compartir las ideas de Hitler, se ve obligado a luchar en el conflicto bélico, en el cual, no obstante, desea la victoria de Alemania. Polonia, Francia, la URSS… fueron algunas de las campañas en las que combatió. De esta época data Sin novedad, por lo demás, una recopilación de cerca de un millar de cartas, publicadas póstumamente, en las que narra a su familia, especialmente a su esposa (con la que se casa durante un servicio en 1942)  las peripecias de la guerra y sus horrores. Como datos curiosos de la misma, cabe decir que Böll, pese a que afirma con rotundidad que “la guerra es espantosa, cruel y bestial”, también dice que “el combate es algo de una embriaguez y belleza verdaderamente elementales”. ¿Contradicción? Puede ser, como también puede parecérselo a quien, conociendo sus ideas posteriores, vea en estas cartas a Böll afirmar que la cultura alemana es “sin duda la mejor del mundo”.

En 1945, siendo ya la derrota alemana un hecho al que solo le queda la confirmación, Böll es capturado por el ejercito norteamericano y enviado a un campo de prisioneros en Francia. Acabada la contienda, de vuelta en su ciudad natal, Colonia, Böll divide su tiempo entre ayudar en los trabajos de reconstrucción y su vocación de escritor, cuyos primeros frutos no le reportan los suficientes ingresos como para poder dedicarse de lleno a esta actividad. Y es que “la literatura no vale, después de todo, una sola hora de desolación de mi esposa y mis hijos”.

En 1949, teniendo el escritor treinta y dos años, ve publicada su primera novela, El tren llegó puntual. Esta obra, cuya trama se enmarca en la IIGM, mezcla ya, como será habitual en su prosa posterior, las preocupaciones de corte social, político y religioso de su autor con ciertas dudas y dilemas que cabe calificar de existencialistas. A este respecto destaca que una de sus mayores influencias literarias fuera su compatriota Ernst Jünger, una de las grandes figuras de este periodo de la literatura alemana junto a Thomas Mann y Hermann Hesse, y a quien Böll había leído especialmente durante la guerra.

Poco a poco, su labor literaria se intensifica y va aumentando su visibilidad entre el público. Este reconocimiento le provoca no pocos problemas con sus conciudadanos, algo que no debe extrañar mucho si consideramos que Böll ataca a cuestiones como la hipocresía de los que anteriormente apoyaron al Partido Nazi, las tibias medidas sociales adoptadas en aquel entonces, la intransigencia religiosa… En colación a esto último, Böll, católico, reservó la mayoría de sus ataques para dicha Iglesia, a la que acusaba principalmente de posicionarse políticamente demasiado, y de la que finalmente se apartará formalmente en 1976.

bol

En la década de los sesenta ve publicadas algunas de sus principales obras, como son Billar a las nueve y media (1960), Opiniones de un payaso (1963) y Acto de servicio (1966). Literariamente, pese a que a no todos gustan por las opiniones político-sociales en ellas expuestas, dichas obras son un éxito rotundo que trasvasan las fronteras alemanas. Asimismo, por esta época, junto a otros intelectuales, es invitado a visitar la URSS, siendo en ese viaje testigo directo de la invasión de Checoslovaquia por parte de esta.

Si bien es innegable que Böll era de izquierdas, no es que fuera muy partidario del régimen estalinista. Por ejemplo, cabe decir que refugió en su propia casa a disidentes políticos perseguidos por la URSS, así como a artistas que no gustaban al régimen. Tampoco, por contrapartida, es que Böll estuviese muy allegado al sistema capitalista preconizado desde suelo norteamericano. Especialmente, fue crítico con su injerencia militar en otros países, como pueden ser Vietnam y Nicaragua. También denunció la escala de armamento producida durante la Guerra Fría, así como la proliferación de bombas atómicas en el arsenal de ambos bloques.

En 1971 publica otra de su obras fundamentales, Retrato de grupo con señora. Un año después le será concedido el Premio Nobel de Literatura “por su combinación de una amplia perspectiva sobre su tiempo y una habilidad sensible en la caracterización ha contribuido a la renovación de la literatura alemana”, siendo el primer germano en ganar dicho premio tras la Segunda Guerra Mundial. Mientras tanto, en el interior de su país es fuertemente calumniado por algunos medios de comunicación, que le acusan, de manera poco ética, de ser partidario del grupo terrorista Fracción del Ejército Rojo tan solo por haber denunciado que sus integrantes eran torturados inhumanamente por la policía. Años más tarde uno de sus hijos dirá que “hubo cientos de artículos contra mi padre después. En realidad, contra toda nuestra familia, con insultos de toda índole, pero muchos ataques dirigidos específicamente hacia él por ‘comunista’ y ‘anarquista’”. Esta experiencia y este proceder de algunos medios sensacionalistas, la reflejará el escritor en El honor perdido de Katharina Blum (1974).

Poco antes de morir, en 1984, Böll apoyó públicamente al recién fundado Partido Verde, pues para él “involucrarse es la única forma de seguir siendo realistas”. A día de hoy, existe una asociación, vinculada a dicho partido pero independiente del mismo, que lleva el nombre del escritor y que se dedica a cuestiones como alertar sobre el impacto del cambio climático o fomentar el debate político pacífico. Y es que, según esta asociación, en Böll, fallecido un 16 de julio de 1985, “está personificada esa unidad extraordinaria de atención política, creatividad artística y integridad moral que sigue siendo un ejemplo también para las próximas generaciones”.

planetadelibros
Fuente: planetadelibros.com

Si bien Opiniones de un payaso no puede ser tildada como autobiográfica, es innegable que su protagonista, un payaso venido a menos por el alcoholismo y una lesión de rodilla, es usado por Böll como altavoz de muchas de sus opiniones, así como también se ven reflejadas en estas páginas algunas de las vivencias del propio escritor. Asimismo, que desde su infancia ambos, personaje y autor, se declaren contrarios a los nazis, o en que su adultez sean vistos como “pajarracos de izquierdas”, establece nuevos puntos de contacto entre ellos.

Hans, payaso de profesión, está pasando un periodo de crisis, emocional y laboral, que trata de paliar recurriendo a la botella. Y es que, mientras que los empresarios del mundo del entretenimiento se muestran cada vez más reacios a contratarle, y cuando se dignan a hacerlo le pagan una miseria, su mujer acaba de abandonarle para irse con otro, dejándole en la más profunda de las depresiones, sin esperanza vital alguna. A todo esto debe sumársele “las dolencias con las que me agobia la Naturaleza: melancolía y jaqueca”.

Como también ocurre con el personaje de Chaplin en la magnífica Candilejas, hacer borracho números cómicos tiene tanto posibilidades positivas como negativas (hemos hablado aquí de ambas)… si bien es innegable que a la larga acabarán primando las segundas. Así, mientras que el alcohol puede ser muy útil para vencer el miedo escénico o para promover las innovaciones artísticas, perjudicará severamente la salud y bolsillo del payaso, obligando al mismo a ir aumentando la dosis hasta prácticamente no separarse un instante de la botella. Así, Hans nos llega a decir que “un payaso que se da a la bebida cae más aprisa todavía que lo que un techador borracho cae”. Tampoco ayuda a resolver su difícil situación laboral el resto de problemas de Hans, cuya impronta no puede evitar que se vea reflejada en su rostro al actuar. Y es que “para el público, lo más deprimente es un payaso que inspire lástima”.

aya

Todo ello redunda en que el dinero se le esta agotando. De ahí que, al más puro Henry Miller, vaya recorriendo su agenda de contactos en busca de a quién sajar, recibiendo negativas, críticas y conmiseraciones a partes iguales. No habiendo ahorrado jamás, no queriendo trabajar en otro oficio que el de ser payaso, al irse acercando a los cincuenta años ve ante sí dos opciones: “el asilo o el arroyo”, estando este último término empleado como sinónimo del “debajo un puente” contemporáneo. Y otra vez de modo idéntico a como le ocurriera a Calvero, el personaje autobiográfico de la ya mentada película de Chaplin, Hans acabará recurriendo a improvisar números musicales en la calle para subsistir.

Por otra parte, a juicio de Hans, la decisión de abandonarle tomada hace unos meses por quien todavía considera el amor de su vida, Marie, tiene su fuente en una especie de “miedo metafísico” que sufre la misma. Y es que, contra el ateísmo de él choca el catolicismo de Marie, quien ve imposible compatibilizar los dogmas de dicha Iglesia y el vivir con Hans sin haberse casado con él. Además, cuando era muy joven se vio económicamente forzada a abortar, acontecimiento que le ocasionó un trauma psicológico del que jamás se había logrado desprender.

Así pues, Marie acaba por abandonarle por otro hombre, católico, que la ha arrebatado de la vida de Hans apelando a la religión y a la moral. Los miembros de su congregación, amigos de Marie, también la han estado presionando constantemente para que acabara con su relación, injerencia de la que se queja no poco Hans. De esta situación se sirve Böll para exponer alguna que otra crítica para con la Iglesia, a la que acusa de estar muy demarcada a la derecha del espectro político, y ciertas reflexiones sobre la cuestión religiosa en general. Como se aprecia en el siguiente fragmento, uno de los más famosos de todo el libro, Böll trata el asunto no sin un ligero deje de humor:

«“Los católicos me ponen nervioso”, dije, “porque juegan sucio.” “¿Y los protestantes?”, preguntó riendo. “Me irritan con su manoseo de las conciencias.” “¿Y los ateos?” Seguía riéndose. “Me aburren porque siempre hablan de Dios.”».

Si de algo está seguro Hans es que todos sus problemas se evaporizarían si su mujer volviese. Y es que para su mal “existe un remedio de efectos pasajeros: el alcohol; había una medicina eficaz y duradera: Marie; Marie me ha abandonado”. Hans ni se plantea sustituir a esta por otra mujer, pues afirma que, para su desgracia, su naturaleza le obliga a ser “monógamo”. El problema, según él, es que “con Marie todo iba bien mientras ella se preocupaba por mi alma, pero vosotros (los católicos) le habéis inculcado el preocuparse por su propia alma, y ahora ocurre que yo, a quien falta el órgano para lo metafísico, me preocupo por el alma de Marie”. Y como las esperanzas de que vuelva a su vera son prácticamente irrisorias, Hans, más que tratar de mentirse a sí mismo, lo que hace es beber a destajo en un intento de no pensar en ella.

En otro orden de ideas, los Schenier, la familia de Hans, deben su inmensa fortuna a la extracción de lignito. En el personaje de la madre, Böll personifica la hipocresía de una parte de la sociedad alemana que, habiendo apoyado activa y voluntariamente los desmanes de Hitler, tras su caída se declaran sus más acérrimos detractores. A modo de ejemplo, cabe citar a ese profesor de Hans que, desde la misma cátedra, pasó de instar a sus alumnos a defender la patria del sucio semita a enarbolar ahora la bandera de la democracia y el capitalismo. Su madre es el paroxismo de este estilo de personas. Y es que, habiendo instado a sus hijos a que se integrasen a las Juventudes Hitlerianas, ahora es presidenta del Comité Central de las Sociedades para Conciliar las Diferencias Raciales. Esta cuestión, la política, es uno de los motivos que explican las pésimas relaciones que mantiene la misma con su hijo, quien por su parte afirma no haber sentido jamás el más mínimo afecto de su parte.

Por su parte, el padre de Hans ve en los lazos emocionales que le atan a su hijo un conflicto directo con su cartera. Pese a que le quiere, eso es innegable, no puede dejar de censurar su modo tanto de vivir como de ganarse la vida. Uno tiene un deje bohemio: el otro no piensa más que en su negocio y en el dinero como medida de todas las cosas, llegando, incluso, a ser incapaz de ayudar monetariamente a su hijo por la seguridad de que este lo derrochará. Hans entiende las razones de su padre, que por su lado sufre enormemente por él, mas nunca querría que se convirtiesen en las suyas.

En lo que respecta a su estilo, Opiniones de un payaso está escrito con sencillez, sin florituras innecesarias, quizá de forma similar, aunque mucho menos “tierna”, a como lo hiciera su compatriota Hesse. Escrita en primera persona por un personaje al que no dejamos un instante de tener lástima y respeto a la vez, en el desarrollo de las páginas vemos como se rompe la linealidad siguiendo los pensamientos de Hans, quien rememora aquellos momentos del pasado que es incapaz de alejar de sí. Este recurso, el del flash-back, lo utiliza Böll también con el propósito de no hacer excesivamente monótona la novela, ya que el grueso de la misma trascurre entre las cuatro paredes de la casa de su protagonista. Por ello, la mayoría de sus diálogos tienen lugar por teléfono o en otro tiempo narrativo.
bool

En resumen, leer esta obra, además de ser una recomendable alternativa al vamping y un buen medio de amenizar un viaje en transporte público, interesará al lector más por su contenido que por su estética. Especialmente, más allá de la historia de Hans, lo más destacable es el fiel reflejo que en ella se hace de la sociedad alemana del convulso periodo que va entre la IIGM y la caída del muro de Berlín. Sin olvidarnos, cómo no, de las críticas, sarcásticas en ocasiones, que dirige Böll a sus contemporáneos, a los que nunca se cansó de exhortar a participar en el debate y toma de decisiones políticas.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s