Eugénie Grandet (1833), por Honoré Balzac.

La Comedia humana, cuyo título recuerda inmediatamente, por contraposición, a la Divina comedia de Dante, es una de las empresas más titánicas de todas las emprendidas en la historia de la literatura universal. Según su propio autor, el francés Honoré Balzac (1799-1850), con este proyecto lo que se pretendía era hacerle “la competencia al registro civil”, buscando reflejar de forma realista a la sociedad francesa de la época. Dicho corpus iba a estar compuesto ni más ni menos que por 137 obras (novelas, relatos, ensayos…) interconectadas entre sí, de las cuales Balzac completó 94 antes de morir. Entre las mismas destacan títulos como Papá Goriot, La búsqueda del absoluto, La obra maestra desconocida, Las ilusiones perdidas, Louis Lambert o Eugénie Grandet, novela a la que dedicaremos este espacio.

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Honoré Balzac nace el 20 mayo de 1799 en la ciudad de Tours. Su padre era un comerciante burgués que buscó en vida ascender en la escala social. Para dicho propósito no dudó en cambiar su apellido, Balssa, por el de Balzac de cara a hacerse pasar por descendiente de la homónima familia aristocrática, cuyo linaje en realidad se había extinguido tiempo atrás. A los cincuenta años de edad, Balzac padre se casa con la hija de un acaudalado banquero, Anne-Charlotte-Laure Sallambier, cuarenta y dos años menor que él. Dicha mujer acabará siendo la madre del escritor. Sin embargo, cabe destacar que Balzac apenas fue criado por sus padres, quienes le confiaron inicialmente a una nodriza para posteriormente, cuando el futuro escritor cumplió los ocho años, internarle en un colegio parisino.

De esta época de reclusión académica, a juzgar por lo que diría posteriormente el escritor, radica el inicio de su interés por la literatura. Dicho acercamiento se produjo como resultado de su mal comportamiento en las aulas, ya que empezó a leer en las horas en las que estaba castigado. También tuvo su influencia en esto que Balzac no fuese muy apreciado por sus compañeros. Ya adolescente, la presión familiar le obliga a dejar de lado sus pretensiones literarias y, tras estudiar derecho en la Sorbona, pasa a trabajar como abogado en un bufete. Sin embargo, finalmente decide abandonar lo que sus padres desean para él y pasa a dedicarse de lleno a la literatura.

A esta labor dedicará Balzac toda su vida adulta intercalando el oficio de escritor con diversos proyectos empresariales: fundó un periódico, montó una imprenta, creó una editorial… A este respecto cabe decir que sus negocios fueron un completo fracaso que acabaron todos ellos con su autor arruinado, a lo cual también contribuía su estilo de vida lujoso. Para ganarse la vida, Balzac publica un sinfín de obras por encargo, o bien bajo pseudónimo o como “negro”. Una gran cantidad de dichos escritos no serían reconocidas posteriormente por el escritor, quien renegó de ellas por su pésima calidad.

En 1830 aparece la que será la primera novela perteneciente a La Comedia Humana, Los chuanes. Sin embargo, dicho proyecto fue forjándose en la mente del escritor en los años subsiguientes a la aparición de dicha novela. Ya en 1842, tras vender los derechos de todas las obras que compondrán el corpus a una editorial de cara a asegurarse una renta para subsistir, firma un Prólogo, fundamental para entender su obra, en el que explica las principales motivaciones y metas de la misma. Ocho años más tarde, aquejado de problemas de salud (y, como no, monetarios), el escritor fallece en París dejando su obra incompleta.

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En el ya citado Prólogo Balzac nos dice que “la primera idea de La Comedia humana se me presentó al principio como un sueño, como uno de esos proyectos imposibles que se acarician y se dejan escapar, una quimera que sonríe, que muestra su rostro de mujer y que despliega de inmediato sus alas remontándose a un ciclo fantástico”. El escritor afirma también que el proyecto “surgió de una comparación entre la Humanidad y la Animalidad”. Y es que “han existido y existirán siempre, por tanto, Especies Sociales, del mismo modo en que hay Especies Zoológicas”. Estas especies, con sus particularidades, son las que pretende reflejar el escritor.

Así, lo que Balzac busca es plasmar “la historia olvidada por los historiadores”, es decir, “la de las costumbres”. Por lo tanto, “la Sociedad francesa sería el historiador, yo no debía ser más que su secretario”. Describiendo las particularidades de los individuos, de los hombres y las mujeres de la más diversa índole, Balzac trata de alcanzar lo universal, es decir, el reflejo literario de la Humanidad en su sentido más amplio. Y el escritor es de la opinión de que lo más importante, lo que más define a la misma, es la pasión, si la cual “la religión, la historia, la novela, el arte, serían inútiles”. También es reseñable que el escritor consideraba “a la Familia y no al Individuo como el verdadero elemento social”.

Por otra parte, como influencias de Balzac cabe destacar a los dramaturgos Corneille y Molière; al místico Swedenborg; a “genios de la historia natural” como Leibniz o Saint-Hilaire… Pero por encima de ellos se alza la figura del escocés Walter Scott, de quien Balzac nos dice que elevó “la novela al valor filosófico de la historia”. La diferencia entre el proceder literario del escritor francés y el del escocés radicaría en que el primero tratará de no incurrir en lo que considera una deficiencia del segundo, que no es otra que sus novelas no estén interconectadas entre sí. Y es que este hecho es clave a la hora de conseguir que las casi cien obras componen La Comedia humana alcancen la ansiada universalidad. Por cierto, cabe decir que dicha prolijidad se explica por el hecho de que Balzac fuera un consumado cafetómano de quién se afirma que escribía cerca de quince horas diarias.

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Precedido por los autores de la Revolución y la Ilustración, como Voltaire, el Marqués de Sade o Montesquieu; sucedido por el simbolismo decadentista de Baudelarie, Rimbaud, Ducasse y compañía…Balzac fue coetáneo de otros grandes nombres de la literatura francesa como Musset, Stendhal, Dumas (padre) o los románticos Chateaubriand y Victor Hugo. Este último, amigo personal suyo, le dedicó estas elogiosas palabras el día de su entierro: “Balzac era uno de los primeros entre los más grandes, uno de los más altos entre los mejores, todos sus libros forman un solo libro vivo, luminoso, en él que se ve moverse a toda nuestra civilización contemporánea, libro maravilloso que el poeta tituló comedía y que pudo llamar historia”. Por su parte, no es nada desdeñable la influencia posterior que tendría Balzac en autores tan dispares como Dostoievski, Flaubert o Zola.

Las obras que componen La Comedia humana se inscriben en el periodo que va de 1815 a 1830, es decir, en la Restauración de la monarquía borbónica tras la caída del imperio napoleónico. En dicho régimen están presentes algunas de las ideas de la Revolución de 1789, lo cual explica que la monarquía esté sometida al parlamentarismo y a la Constitución. Por contrapartida, el sufragio era censitario. Balzac, por su parte, consideraba tanto a la monarquía como al catolicismo como “principios gemelos” y necesarios, si bien aceptaba que el absolutismo era tan dañino como la democracia, a la cual no tenía excesivas simpatías al ser de la opinión de que esta acababa degenerando en tiranía. De ahí que Balzac se sintiese más cercano a autores como Bousset que a Rosseau.

Entrando ya en materia, Eugénie Grandet, el primer éxito literario de Balzac, aparece en 1833 cuando el proyecto de La Comedia humana está gestándose en la mente de su creador. Dentro de dicho corpus esta obra pertenece al ciclo de las Escenas de la vida en provincias, donde el autor busca representar “la edad de las pasiones, de los cálculos, de los intereses y de la ambición”. Cabe destacar que la familia Grandet, protagonista de la novela, no aparecerá en ninguna otra obra suya, algo que es más la excepción que la norma en La Comedia humana.

El libro está escrito con un lenguaje sencillo que no se separa en ningún momento de las limitaciones del realismo. Sus personajes, sin llegar a ser caricaturas, si que reflejan en sus rasgos su propia psicología, procedimiento por el cual Balzac consigue demostrar su capacidad de observación indagando más allá de las superficies de las personas para llegar a su esencia. En el libro también puede apreciarse cierto tono humorístico, parecido al que aparece en Candido; quitando, eso sí, el humor negro del que se Voltaire sirve en esta obra.

La historia trascurre en la pequeña localidad de Saumur, dónde según el escritor puede uno encontrar “toda la Historia de Francia” salvo el “charlatanerismo”, más propio de las grandes ciudades. En dicho lugar la vida continúa por los cauces del Antiguo Régimen, como si los años no hubiesen pasado por allí, como si el pueblo, sus habitantes y sus acciones fuesen los “restos venerables de un siglo en el que las cosas y los hombres tenían ese carácter de sencillez que las costumbres francesas pierden día a día”.

Pese a que el título de esta obra alude a la hija del matrimonio Grandet, cabe argumentarse que la figura principal de la novela es su padre. Es este un burgués cuya única máxima en la vida es acumular la máxima riqueza posible, un personaje al que maneja su avaricia, “el amor propio y el interés”, lo cual aparece magistralmente reflejado en el momento de su muerte, acaecida cuando el avaro está absorto contemplando sus riquezas. Pese a que es rico a más no poder, hace vivir a su familia en pésimas condiciones. Asimismo, busca dirigir la vida tanto de su mujer como de su hija. De ahí que llegué incluso a monopolizar la novela que lleva el nombre de la última.

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Eugénie es “el único ser que realmente significó algo para él”. Su padre busca durante la novela casarla con el joven más idóneo posible… midiendo esta cuestión, claro está, en función del beneficio económico que este pueda reportarle. Su hija no sabe de las intenciones de su padre, quien incluso le ha ocultado lo “asquerosamente rica que es”. Sin embargo, en el trascurso de la novela la joven irá descubriendo las verdaderas motivaciones de su padre. Y es que, cuando esta se enamora de su primo, Grandet padre rechaza de plano la boda por estar el mismo en la mayor de las ruinas posibles, lo que provocará finalmente la rebelión de su hija. Aquí, paralelamente, cabe destacar que Balzac hace un retrato del amor como un sentimiento que hace sufrir dulcemente, al estilo que haría posteriormente Proust con Odette y Swann.

Balzac, en el Prólogo a La Comedia humana, tacha a Eugenie de “figura irreprochable”. Este personaje apenas posee más defecto que el de la timidez y la ingenuidad. Su vida, desdichada a más no poder, estará regida en primer lugar por el aislamiento al que le obliga su padre; y, posteriormente, por el desengaño amoroso. Y es que “sentir, amar, sufrir y sacrificarse será siempre la historia de la vida de las mujeres”. Esta frase es aún más achacable a la madre de Eugénie, una mujer enfermiza, religiosa a más no poder, que muestra una “absoluta sumisión conyugal” rota sola por el amor que profesa a su hija.

En definitiva, esta obra es un claro ejemplo del objetivo La Comedia humana: en ella Balzac, a través de la descripción de unos personajes, de una familia, refleja, como si del registro civil se tratase, las costumbres y modus vivendi de toda una época. Este es solo un pequeño punto del gigantesco cuadro que el autor quiso crear, para recrearla, acerca de la sociedad francesa. Como dijera Stefan Zweig, Balzac es “el Napoleón de las letras francesas”. Y es que su obra tenía claramente afanes imperialistas… en cuanto a que con ella el escritor buscaba abarcar en su seno lo máximo posible.

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