Una filmografía subjetiva de Joe Pesci

Joe Pesci (Nueva Jersey, 1943) es sin lugar a dudas una de las caras más conocidas y valoradas del cine actual. Bajito, de obesidad contenida, sus personajes suelen caracterizarse por ser italoamericanos explosivos, es decir, prontos a reventar a alguien por tan sólo reírse en un mal momento o haber mirado a su chica. Asimismo, en la mayoría de sus papeles suelen aparecer representados individuos ávidos de aceptación, partidarios de valores como la familia o la omertá… en los cuales normalmente cabe hallar también una componente cómica y, especialmente, un uso recurrente de insultos y malas palabras.

joe pesccci

En este artículo pretendo llevar a cabo, como se indica en el título, una revisión subjetiva de la filmografía de este gran actor que tantas horas de diversión me ha procurado, y al que tan solo me atrevo a comparar con el Steven Seagal de Alerta Máxima. Así, no analizaré sus principales películas sirviéndome de la cronología al uso… si no que lo haré utilizando mi propio tiempo vital, es decir, ordenándolas según las he ido viendo a lo largo de mi vida. Eso sí, para amenizar su lectura, he pensado mentir como un bellaco.

Consecuentemente, la carrera de Pesci como actor comenzó allá por los años noventa cuando visioné por primera vez Solo en Casa. La vi con mis padres y hermanos en el sofá de la que sigue siendo mi, perdonen la redundancia, casa, siendo apenas yo poco más que un mocoso capaz de estarme sentado cinco minutos seguidos sin berrear o querer morder a alguien. Recuerdo que esta peli, sin embargo, me la tragué de un tirón sin mediar palabra… y que desplazó de la cúspide de mi recién formado TOP fílmico a la Tostadora Valiente. Por cierto, se mantendría en dicho TOP hasta bastantes años después, cuando viera Origen.

La participación del actor italoamericano en el filme de Chris Columbus, protagonizada por un aún no adicto a las drogas Macaulay Culkin (Kevin en la película), fue tan importante y trascendental para mí, que las tragedias cómicas a las que se enfrenta su personaje, Harry, me hicieron comprender como no había hecho profesor o catequesis alguna que la Providencia enviaba castigos, entre ellos el ser cómico para los demás, a quienes llevan una vida amoral y dejan de lado el recto camino de la virtud.

Así, por ejemplo, entendí que si uno roba en casa ajena, el karma hará que caigan sobre él más y más botes de pintura y pegamento, metáfora de las manchas y viscosidades que produce el pecado en el alma y conciencia de quienes lo llevan a cabo. Finalmente, los poderes terrenales llevarán al malvado al infierno en la Tierra, o sea, a lo que los mayores llamaban la cárcel.

pesci solo

Su compañero de latrocinio en el film, de nombre Marv e interpretado a las mil maravillas por el incombustible Daniel Stern (Tourist Trap, Hannah y sus hermanas, Little Monsters), también me llevó a realizarme preguntas agustinianas sobre la existencia del mal en el mundo y su motivación. Así, dicho personaje era ladrón en cuanto estúpido (“perdónales Padre porque no saben lo que hacen…”), es decir, que podría entendérsele como una inocente víctima más del neoliberalismo, que lleva a las minorías (italoamericanos en este caso) a delinquir.

Esto a mi corta edad ya lo entendía. El punto metafísicamente complejo para mí eran las motivaciones de Harry, el personaje de Pesci, encarnación en esta saga del mal consciente y enamorado de sí mismo, que es según Kierkegaard lo verdaderamente demoníaco. Este tipo de maldad fue la que más tiempo me llevó reconocer en el mundo exterior… y que más me costó adaptar, posteriormente, a mi visión humanísticamente atea del mundo.

En Solo en casa 2, que vi del tirón apenas saqué del vídeo el VHS de la primera entrega de la saga, se volvían a plantear este género de cuestiones éticas, ya que la profundidad de las mismas requería de una secuela. Ubicada en Nueva York (símbolo de la urbe moderna), cuenta además con las apariciones estelares de Tim Curry, Rob Scheneider e, incluso, Donald Trump. Esta película, sin embargo, era demasiado parecida a la anterior como para hacerle un hueco en mi TOP sin incurrir en duplicidades. Sea como sea, no resta lo dicho punto alguno a la sincera admiración que todavía siento hacia quienes tuvieron el privilegio de participar en la confección de esta joya del séptimo arte.

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En lo que respecta a Pesci y a su personaje, Harry, vemos cómo el paso por prisión no solo no le ha reformado en absoluto, sino que le ha convertido en un delincuente mucho más profesional, un autentico sociópata al que ahora mueve, además de su innata propensión al mal, cierto asco-odio hacia la sociedad contemporánea… así como el deseo de venganza para con el niño protagonista del filme, que para él encarna la libertad burguesa y la inocencia que ha perdido. Puede encontrarse semejanzas, pues, entre este personaje y el Satán miltoniano. Tanta es su maldad que Harry no duda en cometer sus fechorías (y esto me impactó de sobremanera) cuando todo el mundo está muy susceptible a las mismas por estar embriagado de espíritu navideño. De ahí la lucha de Marv y Harry contra las palomas, símbolos universales de la paz.

Igual que en la anterior entrega, vemos finalmente como Harry y su compinche acaban siendo enviados a prisión… lo cual me hizo precozmente entrever que el sistema penitenciario no funciona como debería. Volviendo al tema que nos ocupa, Pesci, en sí, en esta entrega está aun mejor que en la anterior. A mí con su registro facial no solo consiguió arrancarme alguna que otra risa, sino llevarme también a las lágrimas, a la enajenación del odio, a la insidiosa persistencia de la frustración… de ahí que pensara dedicarme a ser actor. Es por ello que, pese a que siempre me ha gustado más Solo en casa 1, he visto mil veces más, junto a un espejo en el que emulaba los gestos del italoamericano, la 2.

La siguientes películas que vi de Pesci corresponden también a una saga, que no es otra que la aclamada Arma Letal, una de las obras más ambiciosas llevadas a cabo en los últimos tiempos. Yo estas pelis las descubrí entrando en la adolescencia… y fueron clave a la hora de hacerme ver que el cine no era un mero entretenimiento que, como mucho, a veces contenía una máxima moral. Y es que en sus inenarrables persecuciones; en sus polifacéticos tiroteos; en sus nunca esperadas explosiones… vi yo una estética, es decir, un arte digno de estudio y elogio.

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Pesci, que no aparece en la primera entrega de la saga (sin duda la peor y menos original de todas), interpreta a Leo Getz, un personaje al que veremos evolucionar de mero testigo de un crimen a soplón de la policía a sueldo para acabar siendo detective privado en la cuarta y última película de Arma Letal. La genial interpretación de Pesci en este último filme le valió ser nominado en los premios Razzie… si bien finalmente Bruce Willis acabaría alzándose con la codiciada estatuilla, en mi opinión, inmerecidamente.

Para no extenderme en exceso desgranando las múltiples interpretaciones que cabe hacer sobre la saga (clara referencia, entre otras, de series como True Detective o La casa de papel, y en la que no pocos críticos de cine han visto una forma de filmar netamente postmoderna), hablaré tan solo del impacto que tuvo sobre la sociedad contemporánea una única escena, precisamente protagonizada por Pesci, y que no es otra que aquella en la que el actor estadounidense salta desde un treceavo piso a la piscina de un hotel acompañado de Mel Gibson y un presunto camarero que acaba de revelarse como asesino.

Y es que a esta escena se remonta, al menos en mi opinión, el repunte de la popularidad mundial de la ancestral práctica del balconing que vivimos en nuestros días. Por ello, no cabe extrañarse de que el estreno de esta película, Arma Letal 2, estuviera acompañado de todo un circo mediático, proceso judicial incluido, así como que fuera censurada en no pocos países acusada de haber producido oleadas de suicidios entre la juventud, que vio en Pesci al artista que no duda en saltar al vacío. Así, el italoamericano pasó a ser una especie de Werther moderno. Según declaró él mismo ante la Justicia en el famoso caso de Arizona vs Pesci, “acceder a grabar aquella caída fue una decisión de la que hoy no puedo sino arrepentirme y avergonzarme”. Yo supe de todo esto gracias a la exhaustiva labor periodística de http://www.mundooscuro.net

De los aproximadamente 13 años hasta los más o menos seguros 17 estuve prácticamente sin ver nada de cine. Cabe decir que ya no quería ser actor, sino domesticador de albercas. Salvo esporádicamente en sueños había olvidado yo a Pesci. Sin embargo, un día de instituto cualquiera, nuestro profesor de Ética, un anciano llamado Demóstenes, nos puso Una historia del Bronx y resucitó su figura en mí. Sin exagerar lo más mínimo puedo decir que yo no sería el que soy si no fuera por esta película y, consecuentemente, por el magisterio de Demóstenes.

En dicha obra vemos poco a Joe Pesci. Pero precisamente cuando aparece en escena, allá en el funeral de Sonny, una de las primeras cosas que dice es: ¿Me recuerdas? Si bien esto se lo dice al protagonista del filme, a Calogero en su versión adolescente, yo sentí que el de Nueva Jersey me lo estaba diciendo a mí, Rodrigo, increpándome haber olvidado del séptimo arte. Y entonces me arrepentí de haber dejado de la lado mi vocación, de haberme dejado conducir por la sociedad hacia donde ella, y no yo, quería que fuera, es decir, hacia la labor de domesticador de albercas. Así, y este fue uno de los cambios más radicales de mi vida, abandoné el instituto y comenzó una etapa niniesca de mi trayectoria vital en la que devoraba dos o tres películas diariamente.

De todas los filmes que vi en este periodo tan sólo hablaré de de las cuatro en las que más me gustó la actuación de Joe Pesci. Al fin al cabo, como habrán podido suponer al leer el título de este artículo, su figura sigue siendo fundamental en mis devaneos y proyectos. Lástima que mis pésimas dotes interpretativas, con el paso de los años, me hayan obligado a conformarme con ser un bloguero cinéfilo más. No es que sufra por ello: al final al cabo, cobro bastante bien y es mucho mejor que domesticar cualquier cosa que no sea un animal.

Las cuatro citadas películas tienen muchos puntos de contacto entre sí. En primer lugar, al igual que ocurre en Una historia del Bronx, participan en rodas ellas tanto Joe Pesci como Robert De Niro, tándem insuperable, mitológico casi. Relacionado con lo anterior, sus protagonistas son invariablemente italoamericanos que viven en Estados Unidos. En tercer y último lugar, en todas las películas la mafia y sus normas juegan un papel fundamental en el trascurso de la trama.

La primera que vi de ellas fue Uno de los nuestros, que hizo que quisiera vestirme con algo más que un chándal de Decathlon. En ella Pesci interpreta al mafioso secundón que acaba muerto por haber liquidado previamente a uno de la familia. Antes de que eso pase, el actor había protagonizado momentos inolvidables (tanto que algunos dicen que ganó un Oscar por ello), como aquel en el que pasa de reírse a estallarle una copa en la cabeza a alguien en cuestión de segundos. Por cierto, se da la casualidad de que Pesci había liquidado al personaje que interpretó Frank Vincent tras pegarle una contundente paliza, hecho este último que se repite en Toro Salvaje.

La siguiente película suya que vi fue Érase una vez en América. En ella vemos a Pesci, como no, interpretando a un mafioso no demasiado importante, llamado Frankie Minaldi. La verdad es que de este filme no puedo decir mucho más: la vi una noche tras haberme tragado por la tarde toda la saga de La jungla de cristal, y estaba, consecuentemente, sobreestimulado, tanto que me sobé a la mitad de la película. Nunca la volví a retomar. Supongo que, como siempre, Pesci sería lo mejor de la misma.

Ya con veinte años vi Casino, la que considero la obra culmen de Pesci. Y es que en ella le vemos constantemente hacer lo que mejor se le da: ejercer violencia desproporcionada y soltar tacos cada dos con tres. Y todo ello, como no, intercalado por chistecitos y anécdotas sexuales en las que se repite la palabra fuck varias veces por frase. “Nicky” Santoro, su personaje, vuelve a ser de nuevo el mafioso secundón… pero eso no quita calidad a su interpretación. He de reconocer que al final de la película, cuando este es apaleado hasta la muerte, lloré como un gorrino.

pesci casino

Por último, anteayer, he visto Toro Salvaje. La verdad es que la película lo único que tiene bueno son las ostias: alguien debería decirle a Scorsese que en 1980 existía ya el cine a color. Y de entre todos los golpes que se dan en la película, como no, los mejores los da el personaje de Pesci, Joey LaMotta… ¡y eso que ni siquiera es boxeador! Este es, además, uno de los papeles más intelectuales de Pesci, quien dicen que acompañó durante tres meses al manager de Madonna para saber las pormenoridades del trabajo de un agente.

En definitiva, la filmografía subjetiva de Pesci es una de las más importantes y significativas que se han escrito en los últimos cien años. Dicha relevancia no radica en mí o en mi prosa, si no en el buen material, con sus infinitas posibilidades interpretativas, que ofrecen las actuaciones de Pesci, sobre todo en películas como Solo en Casa o Arma Letal, obras que deben estar en el ranking de todo cinéfilo que se precie. Sin más, no puedo acabar este articulo sin recomendar a mis lectores que vean y vean más y más cine de calidad. Y si Pesci aparece en pantalla, seguro que lo que se está viendo merece la pena.

Sobre el autor: Rodrigo Sánchez Paterna, a.k.a Bobby Sperman el Gayolista, es un crítico de cine especializado en blogs y películas de acción. Hasta la fecha ha publicado dos libros: El bueno, el feo y el malo: todos ellos Pesci y Cómo aparentar ser italoamericano sin ser Joe Pesci. Creador de http://www.joepescieselamo.com, colaborador habitual de El Cenicero de Ideas, tertuliano de la SER… en la actualidad Rodrigo se halla enfrascado en un proyecto de cirugía estética mediante el cual pretende parecerse a Pesci.

rodri

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