La impactante carta que un parado envió a Hollywood.

Estimado Señor Hollywood:

Es para mí un placer inenarrable el tener la oportunidad de poder entrar en contacto directo con usted. He visto muchas de sus películas. Siento predilección, especialmente, por las que echan en FOX y AXN. Además de su cinefilia, por todos conocida, debe ser usted letrado en el bello arte de la pirotecnia, a juzgar por el número de explosiones que pone usted en sus obras. A este respecto, siento una inmensa curiosidad en saber si, como suelo sostener en mi círculo de amigos, en cada una de dichas detonaciones se esconde un concepto, una reminiscencia, una referencia… tal y como a mí me parece vislumbrar.

Por lo que más le respeto a usted, Señor Hollywood, es por su inventiva; que, como el agua, se halla en un ciclo ininterrumpido de renovación. Y es que… ¿Cómo se le ocurrió que en Venganza Infernal 7 la chica acabase enamorada del chico y el malo muerto? ¿Qué musa se le acercó al oído para susurrarle que en Salvar al presidente debía usted poner a modo de enemigos de la nación a cubanos, rusos e iraníes? ¿De qué misteriosa conexión con los astros sacó usted, en definitiva, la idea de que en La isla del sanguinariamiento acabaran todos muertos menos el prota? ¡Cuanta imaginación cabe en su persona, Señor Hollywood! No para menos gana usted, año tras año, casi todos los premios Óscar.

El motivo de escribirle esta misiva, que he juzgado oportuno encabezar con una desinteresada alabanza a algunos de sus principales méritos, es que he pensado que, con toda la humildad posible, usted y yo podríamos trabajar juntos en un futuro cercano. Y es que yo a usted le considero un maestro al que conviene seguir de cerca, pues hasta su sombra debe ser fructífera. En este caso, yo pondría el proyecto (redactado en compañía de mi amigo y colaborador Vilmor Yanapataurus): usted, el dinero necesario para realizarlo. Sin más, le adjuntó como líneas siguientes mi idea para mi próxima película, a la que he pensado titular El Hámster que se resistía a serlo. Espero que guste usted de la misma y podamos vernos pronto.

Atentamente,

Fernando Grink.

EL HÁMSTER QUE SE RESISTÍA A SERLO.

Hamster_ruso

La película arranca con el protagonista, un hámster llamado Rufus (para el papel he pensado en Cosquillitas Maguie), arrodillado en el patíbulo a la espera de que la guillotina separe su cabecita de su robusto cuello. Todo, el hámster incluido, aparece en pantalla a tamaño real, por lo juzgo oportuno grabar la película con la cámara de mi móvil, un Nokia 1100. Al lado del condenado a muerte, el verdugo, quien necesariamente tendrá que tener unos buenos pezones, espera inmutable a que le den la orden de accionar el letal mecanismo. Rodeando el escenario donde va a llevarse a cabo la ejecución, una plaza repleta de gente con bolsas del Bershka muestra su furia y entusiasmo a base de gritos.

Rufus, a punto de morir, empieza a rememorar su vida. Esto se muestra a los espectadores de una forma alegórica poco convencional, a través del recurso experimental llamado flash-back. Primero se ve a Rufus de joven leyendo El Capital, ganándose por ello una reprimenda de su madre y una paliza de su padre. Luego se ve cómo el hámster protagonista está repartiendo panfletos a la salida de una fábrica, siendo detenido por ello por la policía, quien le golpea en el calabozo con guías telefónicas. Estas imágenes servirán para presentar a Rufus al público en su faceta de intelectual y propagandista, así como para dejar claro que la misión de su vida es, desde su más tierna infancia, convertir al máximo número posible de hámsteres en defensores de la causa marxista-hamsterista.

Ya adulto, vemos a Rufus convertido en el líder, y fundador, del único sindicato de su especie, a cuyos miembros está hablando en un mitin multitudinario (para la localización del mismo he pensado en Vistalegre). Rufus va desnudo: tan sólo lleva puesta una boina con la chapita del Che y una palestina. Rufus, envalentonado, se dirige a sus congéneres en los términos siguientes:

-Camaradas, si queremos ser libres, hemos de negarnos a seguir girando en la ruedecilla impuesta por los humanos hasta que mejoren nuestras condiciones de vida. ¡Queremos y exigimos algo más que un poco de alpiste y una ligera caricia en la papada por nuestro trabajo! Para ello… ¡Hemos de acabar con el capitalista!

La masa responde dando muestras de paranoia colectiva, coreando sus palabras entre  resabidas consignas de manifestante. Entre la voz unipersonal de la masa enloquecida se destacan algunas individuales:

-¡No más jaulas!

-¡Mordamos dedos!

-¡Comámonos a nuestros hijos!

En este instante la policía irrumpe en el mitin y empieza a repartir leche, a la fuerza, en el buche de los manifestantes. Cabe destacar que la policía son muñecos de guiñol vestidos al efecto (ya he iniciado la negociación con Dolce&Gabbana para que sus diseñadores se encarguen del vestuario). Dos agentes apresan a Rufus, al que consiguen detener apuntándole primero con un parasol, para luego, una vez que está rojo como un tomate, reducirle a base de contactar con su piel latas de cerveza fría. Luego, a modo de conclusión del flash-back, se ve a Rufus sangrando apoyado por dentro en los barrotes de una jaula. Para esclarecer esta parte de la película, ciertamente oscura, he pensado que en la celda aparezca un letrero en el que ponga JAIL.

De vuelta a la plaza en la que en breves instantes Rufus va a ser ejecutado, vemos al mismo desde arriba. La acción trascurre ahora en una especie de palco, dónde un solitario dandy (creo que Megan Fox travestida podría ser la actriz idónea para este papel) observa el espectáculo. Este personaje, símbolo de la aristocracia, lleva una peluca grisácea y mucho pañuelo colgante, así como una verruga falsa sobre el labio superior. Está mirando hacia Rufus con una media sonrisa en la cara.

De pronto, el dandy se inclina y se tira un pedo insonoro, a la par que esesboza una  amplia sonrisa de satisfacción. A sus espaldas, su sirviente, necesariamente calvo y con bigote, pone cara de oler y luego de desagrado, levemente enmascarado, pues su señor le está mirando de reojo y nada le enfurece más que su servidumbre se queje de sus gases. Por último, la cámara vuelve a situarse paralela a Rufus, cuya cabeza, exangüe, yace en el suelo.

FIN

 

 

 

 

 

 

 

 

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