Con los perdedores del mejor de los Mundos: Expedición al interior de un país (2010), de Günter Wallraff

Cuando descubrí la figura de Günter Wallraff al leer Con los perdedores del mejor de los mundos, una de sus últimas obras, me pregunté a mí mismo porqué tamaño personaje me había pasado desapercibido durante tanto tiempo. Apodado “el periodista indeseable” o “el periodista de las mil caras”, Wallraff es una figura de enorme importancia en el periodismo de investigación alemán, así como también a nivel europeo. Su modus operandi: disfrazarse e infiltrarse en el lugar del que quiere obtener información.

Günter Wallraff tiene una más que dilatada trayectoria llena de notas interesantes. Por ejemplo, por pura casualidad (como afirma en esta recomendable entrevista en Jot Down) derrocó un golpe de Estado en Portugal; fue encarcelado por la dictadura griega por mostrar apoyos a los presos políticos; se enfrentó al Bild-Zeitung, el tabloide más importante de Alemania, llevándole a perder más de un millón de lectores; destapó la miseria en la que trabajaban los inmigrantes turcos en Alemania…

En Con los perdedores del mejor de los mundos nos adentramos de lleno en otra de las “aventuras” de Wallraff, aunque en esta ocasión no se centra en un único colectivo. Esta vez, “el periodista indeseable” decide inmiscuirse en los grupos sociales más desfavorecidos por el capitalismo neoliberal imperante en Alemania, sobre todo después de la crisis económica de 2008. Y es que en uno de los países más ricos del Mundo, que se considera a sí mismo y es considerado como uno de los más vanguardistas tanto social como técnicamente, hay una parte de la sociedad que se va quedando atrás sin que parezca importarle a nadie.

iuh,luhyb

Dividido en varios capítulos, en cada uno nos cuenta una historia diferente. La obra está escrita de la forma sencilla y directa propia del estilo periodístico, lo que da la impresión de que favorece una lectura ligera, cuando en realidad lo que estamos haciendo es deglutir una obra de terror. Y es que lo que el libro nos narra, a través de la voz de Walrraff (y de lo registrado por sus grabadoras o cámaras ocultas o bien por las declaraciones juradas de algunos de sus “colegas de profesión”), es tanto o más escalofriante que una novela de Lovecraft o Stephen King. El problema está en que en esta obra no hay ficción.

Sin adentrarnos mucho en ellas, sí queremos mencionar algunas de las cosas más llamativas que bien le suceden al propio autor disfrazado o bien le llegan a través de testimonios jurados de personas que están viviendo esas situaciones de primera mano.

El primer pasaje del libro es cuando Wallraff se transforma en un hombre negro y se pasea por Alemania realizando diferentes actividades. Hay partes que llegan a provocar la risa por lo absurdas y rocambolescas que parecen, sobre todo una en la que unos ancianos, en una ruta por el campo, no le quieren indicar dónde recoger moras a pesar de que están paseando continuamente rodeados de ellas. Pero las risas se acaban cuando una policía le tiene que sacar a punta de pistola de un tren para que no lo linchen unos trescientos filonazis “aficionados” de un equipo de fútbol.

yyhyhb
treff3.net

En el segundo capítulo el autor se va a vivir en las calles como un sin techo y pasa por multitud de penurias. Además, decide hacerlo en los días más tristes y delicados para una persona, las navidades, justo cuando todo el mundo está con sus familias y además las temperaturas son muy bajas. Aquí descubre un completo abandono de las instituciones, llegando a tener que dormir entre unos cartones una noche con quince grados bajo cero.

El siguiente paso es inmiscuirse en empresas dominadas por el capitalismo menos escrupuloso. Primero en los call center donde las personas más desesperadas por conseguir un trabajo se ven atrapadas en un brete: son adiestrados para, literalmente, estafar a ancianos o inmigrantes que apenas saben el idioma. Luego entra a trabajar en condiciones de semiesclavitud en una panificadora a las órdenes de la multinacional del supermercado Lidl, en la cual se imponen condiciones que recuerdan más al primer capitalismo y no a una empresa protegida por las leyes que defienden a los trabajadores imperantes en pleno Siglo XXI. En estas se nos narra que la unión y la ayuda que se dan los trabajadores llega a emocionar a Wallraff. Porque según nos cuenta, “en un infierno laboral semejante, no perder sentimientos como la consideración por el prójimo y la solidaridad es algo que me infunde el más alto respeto”.

Otro pasaje que en España nos suena mucho más familiar gracias a las noticias que están saliendo últimamente en prensa, es el de los restaurantes de alta cocina, donde aprendices de dieciséis y diecisiete años son obligados a trabajar dieciocho y veinte horas al día para “aprender la dura vida de un chef de alta cocina”, y soportando salarios de dos euros brutos la hora porque de otra manera esos restaurantes “no serían rentables”.

zzzzzzzzzzzzzzzzzz
lecturafilia.com

La narración de estos empleos son las historias de los llamados working poor, trabajadores pobres que no llegan a fin de mes a pesar de estar empleados. El relato se completa con las prácticas abusivas de Starbucks, esa multinacional cafetera que hay en prácticamente todas las grandes ciudades del Mundo. Y es que en todas las empresas de las que Walraff nos narra las prácticas se dan unas circunstancias parecidas: impedimento al derecho legal a sindicarse, aprovechamiento del miedo de los trabajadores a perder su empleo por su mala situación económica y una completa falta de escrúpulos y de respeto a la dignidad humana. Más allá de las prácticas empresariales, llama la atención el conocimiento de las instituciones públicas, ya sean de trabajo o jurídicasy su pasotismo e inactividad ante ellas.

Con los perdedores del mejor de los mundos se cierra con dos capítulos que narran las prácticas abusivas de algunos empresarios. En uno de ellos se narra el proceso mediante el cual la dirección de la empresa pública de ferrocarriles alemanes arrancó un proceso de privatización, en el cual la obtención de beneficios era lo único importante para que hubiese el mayor número de inversores interesados en comprarla. Esto en la empresa pública que se supone debería de encargarse de llevar a tiempo y sanos y salvos a los viajeros alemanes. Aquí se narran episodios de corrupción, mordidas y sobrecostes al más puro estilo de la trama Gürtel española; recortes de cientos de millones de Euros en reparaciones y mantenimiento que llevó a multitud de accidentes y fallos en el servicio; además de una brutal campaña de mobbing a aquellos altos directivos contrarios a la privatización.

Para los que no estén familiarizados con el término mobbing, este es el anglicismo que se usa en todo el mundo para el acoso laboral. Y es que en la compañía de ferrocarriles se nos narran episodios a los que el calificativo de abusivo se le queda corto que lograron doblegar a los directivos menos favorables con la privatización de la compañía.

Pero en el capítulo final se nos presentan casos mucho peores: Campañas de mobbing empresarial orquestadas por bufetes de abogados profesionales en la materia, es decir, profesionales en saltarse las leyes y destruir psíquica y hasta físicamente a los empleados díscolos de las empresas, normalmente miembros del comité de empresa o sindicalistas que se oponen a las nuevas normas (nuevas pero que suenan a siglos pasados) que quieren imponer los empresarios. Abogados que son conscientes de a qué se dedican y dejan claro a los que los contratan que han de estar dispuestos a llegar hasta el final y asumir las consecuencias de lo que hacen. El resultado son personas destrozadas a nivel mental e incluso físico (narra el caso de un sindicalista que solo fue doblegado tras recibir una paliza). Abogados que imparten su sabiduría por todo el país en seminarios profesionales en los que fanfarronean de sus malas praxis profesionales y de las vidas que han destrozado.

En resumen, la obra de Günter Wallraff es un toque de atención a las sociedades occidentales más desarrolladas, en las que se están volviendo a imponer unas prácticas empresariales que nos recuerdan más a las historias de los primeros sindicalistas del Siglo XIX y principios del XX, cuando los trabajadores no tenían apenas derechos reconocidos por ley, en las que se abandona a los que han perdido todo en su vida en las noches que hay temperaturas bajo cero, o en las que no se acepta a alguien por su color de piel.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s