Torrezno 12º

Aburriéranse unos muchachos una noche de agosto. Sentados en la plaza de su pueblo mirábanse los gepetos, comiéronse un helado fresco y sin saber qué hacer se vieron. Érase día laborable con su consecuente ausencia de fiestas populares, y como estos tenían vacaciones necesitaban de nuevas sensaciones.

Decidiose el más inconsciente a coger su coche, un bólido noventero destartalado, con un muy espaciado maletero, cuatro ruedas y un volante, suficiente para darse este y sus tres amigos un agradable paseo hasta uno de los bares más feos que la humanidad imaginase. Bares de pueblo pequeño, con sus parroquianos azufrándose para el sueño, cafés y aguardientes, coca colas y coñac, cosas que, no se engañen, a Malasaña volverán.

Pues saliéronse los cuatro muchachos en busca de su cerveza, con dicho coche iluminado de su belleza. Condujéronse a lo largo de diez minutejos charlando de la vida como unos viejos, a una velocidad inmoderada dado que el descerabrado del conductor fuese tendente al maltrato de acalerador. Sus tendencias aceleratorias no eran solo cosa de una carretera, pues al entrar en el primer pueblo, a pesar de que aminorose su marcha la cosa seguía demasiado rápida.

A la entrada de la plaza principal, lugar de asueto y reunión de las gentes del lugar y aún sin bajarse del vehículo, extrañáronse los sujetos de la situación de los pueblerinos: a un lado de la plaza la gente pasaba el rato mirándo fijamente una pared, y en el lado opuesto la actividad fuere la misma, con la única distinción de su localización.

De esto que a uno de los cochistas iluminósele la mente, cosa extraña que sucediérale de repente, a causa de su situación de empanamiento continuado y atrevéreme a decir, de su ser poco avispado.”Mozalbos elegantes, aquí no es adecuado estacionar, puesto que los pueblerinos nos van a tratar de matar. La pared a la que miran no es por el trabajo del pintor, que echase bien el gotelé y por la belleza del color. Es que uno de los convecinos ha instalado un proyector y gozándolo están todos con un peliculón, que narra los hechos de un pececillo que un mal día se esfumó.”

Decíme tierno empanado, que creo no me queda claro, ¿insunuándome estás que estamos aparcados en mitad de un cine de verano? ¿Que para una vez que ocurriósenos hacer el carnaval de la vergüenza hemos de irnos por no saber donde aparcar?” “En efecto personaje, tu muy elevada velocidad nos impidió observar nada más que nuestro anhelado bar, pero lo que había fuera no pudímoslo notar. De todas formas el pececillo aparece, no te has de preocupar por más, que de los malos caretos que te están mostrando las gentes del lugar.”

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