La Poética (335-323 a. C) de Aristóteles. 

Hablar de Aristóteles es hacerlo del primer intento sistemático de conocer la realidad y sus múltiples fenómenos desde un punto de vista científico. Mientras que en nuestros tiempos se alza como una necesidad el interconectar las distintas ramas del saber, que pecan de especialización -autarquía- con respecto al resto, Aristóteles buscó precisamente lo contrario, es decir, deslindar las unas de las otras: la física de la metafísica, la ética de la política, la retórica de la poética… para pasar así a definir el objeto de estudio de cada una, sus herramientas y sus limitaciones epistemológicas. De ahí que se le considere el padre -o, cuanto menos, el gran recopilador del saber anterior a él en la materia-  de muchas de estas “ciencias”, como ocurre en el campo de la poética. 

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Aristóteles nace en el año 384 a. C en Estagira, ciudad situada al noroeste de la Península Helénica, en Tracia, y que se hallaba en aquella época bajo dominación macedonia. Su padre, de nombre Nicómaco, era médico en la corte del abuelo de Alejandro Magno, Amintas III, e inculcó a su hijo el sentimiento de lealtad hacia la casa real macedonia; algo que el Estagirita, como también es conocido Aristóteles, conservará durante toda su vida. Paralelo a esto, se daba en Grecia la descomposición y decadencia de la polis griega como estructuración política, que finalmente sucumbirá precisamente bajo el imperio macedonio.

Tras la muerte de su padre, siendo Aristóteles un adolescente, se muda a Atenas para ingresar en la famosa Academia de Platón, donde llevará a cabo su formación y donde saldrán a la luz sus primeros escritos, la mayoría de ellos hoy perdidos. Inicialmente, se cree que su pensamiento siguió los derroteros del idealismo platónico, corriente con la que el joven rompería posteriormente al adoptar una postura que cabría calificar más bien de naturalista, es decir, más basada en la observación científica de la realidad que en la pura abstracción, al menos en términos generales.

Y es que Aristóteles, obviando su Metafísica, habla principalmente de fenómenos concretos, analizándolos por separado y buscando las relaciones existentes entre ellos, categorizándolos y estableciendo sus principales leyes, es decir, dividiendo la realidad en “cajoncitos” para analizarlos uno a uno. Sea como sea, es innegable la influencia que tuvo Platón sobre su discípulo, quien muchas veces empieza sus escritos continuando, para rechazarlas o desarrollarlas posteriormente, las ideas de su maestro.

Al morir su mentor, Aristóteles tratará sin éxito que recaiga sobre él la dirección de la escuela, algo que, pese a que este no fue el único intento que el filósofo realizó durante su vida en este sentido, finalmente no ocurrirá nunca. Por este motivo, el Estagirita decide abandonar Atenas y se afinca primero en Aso y luego en la isla de Lesbos. En esta época itinerante aparece una primera parte de su Política (hoy en día recordada por la crítica que hace en ella de la democracia, cuya degeneración afirma que lleva a un modelo en el que la demagogia prima sobre el debate racional, así como por la forma despectiva en la que trata de bárbaros, mujeres y esclavos, todos ellos considerados por el filósofo como seres inferiores) y su tratado Sobre el alma.

En el año 343 Filipo II le insta a que se instale en la corte real macedonia para ser el tutor de su hijo, Alejandro Magno, labor a la que el Estagirita dedicará varios años de su vida. Tras dar por finalizada esta tarea, Aristóteles viaja de nuevo a Atenas, donde funda el Liceo, escuela creada al estilo de la Academia platónica pero mucho más centrada en las llamadas ciencias naturales. En esta época, Alejandro, que hace de mecenas de su mentor, inicia su conquista de Asia.

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En el Liceo, por su parte, Aristóteles enseña a sus discípulos en ocasiones de forma peripatética, es decir, paseándose con ellos por los jardines de la institución. Sin embargo, cabe destacar que Aristóteles no verterá sus ideas al papel en forma de diálogo  como hiciera Platón (véase, por ejemplo, El banquete), sino de una forma que hoy debemos calificar de ensayística, alejada completamente del mito como método de comunicación… Eso sí, que no se conserve la totalidad de las obras de ambos autores no permite asegurar esto a ciencia cierta.

La práctica totalidad del corpus aristotélico es escrito durante esta etapa de su vida. Sin afán de ser exhaustivo, cabe citar su gigantesca Metafísica (entendida como el estudio del primer motor o causa primera, y que debe su nombre -lo que va después o más allá de la física-  a que un discípulo de Aristóteles situará esta obra, espacialmente hablando, después de su Física), así como sus escritos sobre ética (especialmente la Ética a Nicómaco), política, física, mecánica, lógica, biología, retórica… libros casi todos ellos que cogen su nombre de la rama del saber que tratan.

Y es que la obra de Aristóteles abarcó un sinfín de materias, en muchas de las cuales el filósofo griego es considerado como el padre del estudio científico de la misma, y eso que se estima que en la actualidad no se conserva ni una cuarta parte de todo lo que escribiera en vida el Estagirita. A este respecto cabe destacar que todo lo hoy disponible del autor estaba destinado a la propia docencia (la llamada “obra esotérica”), de lo que se derivaría lo abrupto de su estilo.

A la muerte de Alejandro Magno, la situación en Atenas se vuelve insostenible para Aristóteles, que, tras ser acusado de impiedad, decide huir de la ciudad para evitar sufrir el mismo final trágico que Sócrates. Así, fija su residencia en la ciudad de Calcis, situada en la isla de Eubea, dónde terminará sus días aquejado de un úlcera estomacal a la edad de setenta y dos años. Sin embargo, su influencia en el mundo de las ideas posterior, y no sólo en el ámbito occidental, han hecho que su obra y figura perduren a lo largo de los siglos hasta nuestros días, pasando por autores como Cicerón, Averroes, Santo Tomás de Aquino, Leibniz, Kant…

Entrando ya en materia, Aristóteles también tendrá una influencia colosal en el mundo del arte, especialmente en la literatura y en el arte dramático. Y es que, en La poética, libro que reseñaremos a continuación, el pensador griego establece algunas de las principales reglas clásicas que regirán durante siglos en la creación artística, reglas que también siguen primando en la mayoría de obras escritas o interpretadas a día de hoy… salvo que precisamente esas obras busquen romper, superar, estos principios.

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Esta obra se cree bastante incompleta. Diógenes Laercio habla de dos poéticas, e incluso en lo que hoy se conserva de este escrito se aprecia cómo Aristóteles deja para más tarde materias que luego no trata, por lo que todo apunta a que un gran parte de la obra se perdió durante la Edad Media (en El nombre de la rosa, de Umberto Eco, el misterioso libro en torno al cual gira toda la trama es precisamente esta segunda parte de La poética). Aun así, como veremos inmediatamente, lo que se conserva de la misma es suficiente como para hablar de ella como de una de las obras de teoría literaria más importante de todos los tiempos, puesto que comparte con La poética de Horacio.

El arte para Aristóteles es principalmente imitación de la naturaleza, difiriendo entre sí los distintos tipos de artes “en cuanto imitan o por medios diversos, o diversas cosas, o diversamente, y no de la misma manera”. Su existencia, por otra parte, se debe principalmente a dos factores. En primer lugar, porque el propio acto de imitar es “connatural al hombre desde niño”, acción que sirve para adquirir “las primeras noticias” del universo que le rodea. Y, en segunda instancia, por el placer estético que estas imitaciones producen en quienes las observan, pues “aquellas cosas mismas que miramos en su ser con horror, en sus imágenes […] las contemplamos con placer, como las figuras de fieras ferocísimas y los cadáveres”.

Por ejemplo, la comedia busca imitar los vicios del hombre (pero solo “una tacha vergonzosa que sea risible”), siendo una especie de forma en la que la sociedad dicta castigo para los comportamientos que considera deshonrosos. Mientras tanto, la tragedia, que Aristóteles considera en esencia netamente superior a la comedia, tiene por objetivo “la moderación de las pasiones”, lo que se pretende conseguir “moviendo a compasión y terror” enseñándonos lo maravilloso de la realidad, pero incidiendo especialmente en lo terrible.

Para que esto último se logre con éxito, Aristóteles establece que el protagonista de la tragedia no debe ser ni excesivamente virtuoso ni muy malvado, y cuyos problemas deben venir más bien de fuera, de la fatalidad de los hados, que de sí mismo, de cara a que el espectador se identifique con el mismo. Y es que “la compasión se tiene del que padece no mereciéndolo” y “el miedo es de ver el infortunio en un semejante nuestro”. Así, llegamos al concepto de catarsis, que se entiende como una especie de purgación, purificación del alma que consigue la tragedia al mostrar estas bajas pasiones, al hacer que los espectadores entiendan e incluso experimenten el castigo que se deriva de albergar las mismas, para que así en su vida real se alejen de dicho camino y recorran el de la virtud.

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La fábula es para el Estagirita la “ordenación de los sucesos” que cuenta una determinada historia. Esta puede y debe dividirse en tres grandes apartados, que el filósofo llama “principio, medio y fin” y que ha llegado a nuestros días bajo la fórmula inicio, nudo y desenlace. Esta fábula o trama debe estar compuesta por hechos factibles, que no necesariamente reales, pues “no es el oficio del poeta el contar las cosas como sucedieron, sino como deberían o pudieran haber sucedido, probable o necesariamente”, lo que a su vez sería la diferencia fundamental entre el arte y la historia. Sea como sea, tiene que parecer que los hechos se enlazan por la causa-efecto. A este respecto Aristóteles da también un último consejo: “más vale elegir cosas inverosímiles, con tal que parezcan verosímiles, que no las posibles, si parecen increíbles”.

Por otro lado, para Aristóteles la perfección del estilo se encuentra en que este sea “claro y no bajo”, es decir, que se encuentre a medio camino entre lo simplón y lo artificialmente enrevesado, y que nunca debe llegar a ser “enigma o un barbarismo”. En este punto el filósofo cita a Homero, a quien considera un poeta insuperable, y cuya principal virtud residiría, a juicio de Aristóteles, en su capacidad de presentar “revestidos de su propio carácter” a todos sus personajes.

La poética también recoge una breve historia del arte dramático, que habría sido creado, según dice Aristóteles, por los dorios. Especialmente, el filósofo destaca el papel de Tespis como uno de los padres de la tragedia en su forma teatral, y de quien se dice que fue el primer actor propiamente dicho. Por su parte, Esquilo sería el responsable de haber separado al elenco teatral en coro y actores, así como la aparición de un papel principal. Por último, Aristóteles también destaca a Edipo rey, la obra de Sófocles, a la que, de forma similar a como dijera de Homero para la poesía épica, considera insuperable en el ámbito de la tragedia.

Para dar por concluida esta entrada, que peca del defecto (entre otros) de parecer aún más fragmentaria que el libro que pretende reseñar, cabe hacer una advertencia, nacida de la experiencia personal, para aquellos que quieran acercarse a estas páginas: este libro es de aquellos cuya comprensión será más o menos difícil según la edición en la cual se lea. Y es que, en mi caso, las notas a pie de página en griego no ayudaron mucho a clarificar los puntos más oscuros de la prosa aristotélica, sino que solo me hicieron murmurar alguna que otra palabra malsonante sobre la pedantería y criticar el absurdo que es ofrecer una traducción de una obra pero comentarla en su idioma original.

Sea como sea, por muy buena que sea la edición, el lector siempre se quedará con la impresión de que esta obra es precisamente lo que es: un libro que no pretendía ser un libro, sino más bien un manual de apoyo para la docencia. Por si todo esto fuera poco, no solo dichos apuntes están incompletos, sino que nos separan de ellos cerca de dos siglos y medio de historia…

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