El derecho a la Pereza (1883), por Paul Lafargue

“¡Oh, Pereza, madre de las artes y de las nobles virtudes, sé el bálsamo de las angustias humanas!”

El derecho a la pereza es un breve ensayo publicado originalmente en el diario francés L`Egalité y posteriormente como panfleto, allá en el año 1883, a pesar de que se escribió en Inglaterra tres años antes. Su autor, Paul Lafargue, es un hombre notable en la historia del movimiento obrero europeo, pero sobre todo fue de vital importancia en España.

Paul Lafargue tenía un origen latino, dado que sus padres eran propietarios de plantaciones de café en Cuba. Franceses de nacimiento, llevaron en Cuba una vida acomodada, lo que permitió a Lafargue ir a la universidad, primero en su isla natal y después en Francia, donde tomaría el contacto con las ideas anarquistas de Proudhon. Estas tuvieron una gran influencia en Lafargue y además le permitieron participar en la Primera Internacional Obrera, donde conoció a Karl Marx. El influjo de la persona de Marx y de sus ideas fue determinante en la vida de Lafargue, tanto en el plano personal como en el político.

Tras acudir a la celebración del Congreso Internacional de Estudiantes del año 1865 celebrado en la ciudad de Lieja, las autoridades francesas prohibieron a Lafargue que se volviera a reunir con personas de ese entorno, por lo que este decidió emigrar a Londres. En esta ciudad residía su nuevo referente, y Lafargue se convirtió en un frecuente visitante de la casa de Marx, donde conoció a su hija Laura, con la que se casó. Lafargue, convertido en un convencido marxista, pasó su vida trabajando por defender estas ideas en Europa y, fundamentalmente, en España. Ganó reputación como columnista y periodista por los acalorados debates dialécticos que llevaba a cabo en los medios en los que escribió (algunos de ellos fundados y dirigidos por él mismo) en contra de los anarquistas en general y de los ideales proudhonianos (que el mismo profesó) en particular.

El origen franco-cubano de Lafargue le ayudó mucho en su carrera política, dado que era una de las pocas personas de los círculos de poder de la Primera Internacional Obrera que supiera hablar español, por lo que fue nombrado responsable de todos los asuntos que tuvieran que ver con España. Estuvo dos etapas ligado a la política española, siempre luchando contra los ideales anarquistas que tan arraigados estaban entre el campesinado español (en esa época España era un país eminentemente agrario), pero mientras que en la primera apenas consiguió nada de provecho, en la segunda, Lafargue fue el encargado de la reunión que se dio en la céntrica taberna madrileña Casa Labra en la que se fundó el Partido Socialista Obrero Español y el sindicato Unión General de Trabajadores.

El Derecho a la Pereza es uno de los escritos del pensamiento marxista más difundidos que existen y, a pesar del descrédito que reina en parte de las sociedades occidentales con respecto al marxismo, el Derecho a la pereza tiene un fondo que hoy en día se hace, con mucho atrevimiento por mi parte por afirmarlo así, necesario tener en cuenta.

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En la sociedad actual en la que los avances en las TIC y la robótica van eliminando los tradicionales empleos que necesitaban de un uso intensivo de mano de obra, estamos acudiendo a que una parte del debate económico y de las ciencias sociales en general se basa en qué hacer con las personas que no puedan acceder a un trabajo, no porque no quieran trabajar, si no porque los empleos que antes tenían o a los que ellos aspiraban ahora están automatizados, robotizados o simplemente llevados a cabo por máquinas.

Como consecuencia, no habrá trabajo suficiente para todas las personas, lo que hará que el modelo de vida que conocemos basado en el trabajo y el salario como modo de subsistir se acabe, llegando la sociedad al colapso si no se dan maneras diferentes de vivir a esas personas que no puedan dar su mano de obra a cambio de un salario, tales como las diferentes propuestas de renta básica, el derecho a no trabajar, las reducciones de jornada, el compartir puestos de trabajo, etc…

No está claro del todo si esto va a suceder, hay expertos que dicen que la  mano de obra humana siempre encontrará hacia donde dirigir su uso, pero Lafargue ya a finales del S.XIX da por hecho que la introducción de las máquinas en la economía sí que llevará al punto en que no haya trabajo suficiente para todas las personas. Y aquí es donde termina la exposición del ensayo: dando una solución a este problema. Pero mejor empecemos por el principio.

La obra tiene dos posibles modos de aproximarse a ella. Por un lado la podemos tomar teniendo en cuenta el debate que ya hemos dicho se está llevando a cabo hoy en día con respecto de la robótica y la posible falta de trabajo. Por el otro lado, podemos aproximarnos a él tomando de punto de partida lo que muchos estudiosos afirman sobre ella: que es una utopía. La manera más adecuada no existe, principalmente porque la obra no tiene aspiraciones de ser un ensayo extenso que dé la solución al problema que plantea, si no que es más como una reflexión acerca del modo de vivir de los obreros: ¿Merece la pena sobrevivir trabajando más de 12 horas al día, sin dinero para subsistir ni condiciones adecuadas de vida o tiempo que dedicar a lo que a cada uno le gusta hacer ya sea con sus amigos o con su familia?

El Derecho a la pereza es una refutación de otro ensayo anterior, El Derecho al Trabajo de Louis Blanc, en el que se defendía que cualquier persona ha de tener el derecho a ganarse la vida mediante su trabajo, tal y como, por ejemplo, defiende hoy en día la ONU o la Constitución Española en su artículo 35. En la época que vivió Lafargue, se estaban ya dando los tremendos avances resultantes de la revolución industrial: la burguesía amasaba fortunas gracias a las industrias y el éxodo rural se estaba viviendo ya en los países más desarrollados industrialmente hablando (sobre todo Francia e Inglaterra), la producción aumentaba, las mercancías se podían adquirir a precios más económicos y las economías de los países crecían a un ritmo muy alto. Pero esto también traía una parte amarga: los obreros industriales trabajaban más de 12 horas al día ya fueran hombres, mujeres o niños; hacinamiento, malnutrición, insalubridad, malas condiciones de trabajo, bajos salarios y poco tiempo libre. El problema es que esa gente que ya había abandonado la vida rural ahora se tenía que ganar la vida de alguna manera, siendo esta la única factible para la mayoría de ellos.

“El vicio del trabajo está diabólicamente arraigado en el corazón de los obreros.”

Ante esto, Lafargue plantea si no será mejor trabajar menos horas y en mejores condiciones, tal y como se está comprobando en algunas factorías gracias a eso que los economistas empezaban a llamar productividad. Con la introducción de maquinaria en la producción que Lafargue veía necesaria en la sociedad comunista para que las personas tuvieran que trabajar lo menos posible, creía que al darse en la sociedad capitalista en la que vivía serviría para llevar a un colapso de sobreproducción. Esta se vería seguida por la incapacidad de las clases acomodadas de consumir esos bienes innecesarios, dado que son los únicos consumidores y, o bien no necesitan más, o bien no les alcanza con sus medios para adquirirlos. Y parece que la idea de Lafargue era correcta, hasta que los gobiernos de los países industriales encontraron nuevos mercados en las colonias y hasta que la mente de un conocido empresario se le ocurrió darle la vuelta a la tortilla y en lugar de llevarse lejos la producción decidió vender vehículos a sus empleados. Era un tal Henry Ford.

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La conclusión de Lafargue es lo que él dio en llamar el Régimen de la Pereza. Una sociedad en la que la crisis de sobre producción ha llevado a las reducciones de la jornada laboral a un máximo de tres horas al día, o incluso a mucho menos dado que ya no hay trabajos para todos. La implantación de una ley que prohíba trabajar más de tres horas al día con una remuneración que asegure una vida digna obligará a repartir el trabajo y los beneficios de este. Y en el caso de que con estas tres horas máximas de trabajo diarias no llegue para todos, se hará un censo de gente que no trabaje, sea cual sea su condición, que le permita recibir una ayuda del gobierno que le permita subsistir.

Esto llevará tanto a los burgueses como a los obreros a “vivir holgadamente, donde vivir se convierte en un agradable pasatiempo que se hace sentado, fumando negligentemente la pipa.” 

 

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