Grandes obras que deberías leer: Orlando (1928), de Virginia Woolf

Publicada el mismo día que finaliza la narración, “jueves once de octubre de mil novecientos veintiocho”, Orlando es una de las más reconocidas novelas de Virginia Woolf. Escrita como una sátira del género biográfico, muy en boga en la época victoriana, es una de las obras que más éxito tuvo en vida de la autora por ser más accesible al lector medio que el resto de sus escritos. Hoy en día tiene un notorio reconocimiento, que empezó a ganarse en la época de los setenta cuando la obra de Virginia Woolf volvió a tomar importancia, sobre todo por su cariz feminista y contra cultural que imprime. Fue publicada por la editorial que compartían su marido y ella, Hogarth Press, y está dedicada a la amante que tuvo la autora durante casi toda la década de los veinte, Vita Sackville-West.

Virginia Woolf es considerada uno de los grandes nombres de la literatura del Siglo XX, tanto como por su estilo como por su carácter rebelde, anti cultural y feminista. Con un pensamiento muy crítico sobre el rol que la mujer desempeñaba en la sociedad en la que vivía, Virginia Woolf incidió mucho en este tema a lo largo de toda su obra, siendo uno de sus temas principales en muchos de sus ensayos y novelas.

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Nacida en 1882 en el seno de una familia culta y liberal, nunca fue a la escuela, si no que la educaron tutores que iban a su casa a darla clases junto a sus hermanos. Esta educación personalizada y el culto que había en su hogar a la biblioteca de sus padres, así como los círculos cultos que frecuentaban, hicieron que Woolf se interesara desde pequeña en la lectura y sobre todo en dar rienda suelta a su creatividad a través de la escritura.

Sin embargo, la vida de Woolf estuvo siempre marcada por la enfermedad mental que hoy conocemos por el nombre de bipolaridad. Hay autores que achacan la enfermedad de la autora a los abusos sexuales que esta recibió de niña por parte de dos de sus hermanastros, lo cual dejó por escrito, si bien de forma alegórica y un tanto velada. Estos horribles sucesos marcaron profundamente la vida de Virginia Woolf, teniendo desde entonces una desconfianza latente hacia los hombres, lo que la hizo sentir interés en tener relaciones amorosas con mujeres, según lo que dio a entender en sus escritos.

Tras el fallecimiento de su padre, la escritora y sus hermanos se mudaron al barrio de Bloomsbury, lugar que se convirtió en el seno del intelectual grupo de Bloomsbury, cuyo punto neurálgico era la casa de Virginia y sus hermanos. En 1912, Virginia se casó con Leonard Woolf, del que tomaría su apellido, el cual también frecuentaba las reuniones de intelectuales que celebraban en su casa. En este grupo participaron nombres de la talla de Bertrand Russel, Wittgenstein o Keynes entre otros. La obra de Virginia Woolf está muy influida por los principios de este grupo. Algunos como el rechazo a la rígida moral victoriana, el rechazo del estilo realista en la literatura que imperaba en el s.XIX o la necesidad de impulsar el individualismo y la mentalidad liberal están plasmados en la obra de Woolf y en el Orlando, que es la obra que nos atañe.

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Como ya hemos dicho más arriba, la novela está dedicada a la que fuera amante de Woolf, Vita Sackville-West, mujer en la cual está basada la obra y a la que su hijo definió como “la carta de amor más larga y hermosa de la historia de la literatura”. Vita Sackville-West era una escritora miembro del grupo de Bloomsbury y descendiente de la aristocracia. Estaba felizmente casada con un hombre, pero ambos mantenían relaciones con personas de su mismo sexo de forma consentida, algo habitual entre los miembros del grupo de intelectuales. Esta mujer quedó muy afectada al no poder heredar el patrimonio de sus padres, dado que las leyes de la época prohibían heredar a las mujeres, cosa que inspiró a Woolf en el transcurso de su aventura amorosa.

“Que estaba muerta y (…) no podría retener propiedad alguna (…) que era mujer, lo que viene a ser lo mismo”

Entrando ya en el libro como tal, hay que mencionar que lo más importante de Orlando no es su argumento, si no las cosas veladas que nos cuenta su autora en forma de alegorías o de los pensamientos de Orlando.

Orlando es un joven descendiente de un largo linaje de la nobleza inglesa que vive durante el transcurso de cinco siglos: desde finales del S. XVI hasta el período de entre guerras, concretamente hasta 1928. Este largo periodo le vale a la autora para plasmar un reflejo de los cambios que se produjeron en la sociedad inglesa, siempre prestando mucha atención a los que se dieron en la ciudad de Londres, además prestar una profunda atención en los cambios que se daban en la moralidad con el paso del tiempo, introduciendo la interesante idea de que el carácter de las personas no se moldea conforme a sí mismas o los valores familiares, sino que son configurados por los usos y costumbres predominantes de la época en la que les toca vivir.

Orlando comienza siendo un hombre, actuando como tal y siguiendo los usos de su género según el momento en el que vive, pero lo más interesante de todo es que cambia de sexo, siendo para algunos críticos el primer transexual que existió en la historia de la literatura, a pesar de que en la obra el cambio de sexo parece más un fruto de la casualidad que obra de una necesidad personal. Así, una persona que ha estado acostumbrada a ser hombre y a vivir con los usos y costumbres de su sexo en una sociedad en la que la mujer no es más que la que ha de acompañar al hombre y ha de estar pendiente de sus necesidades o de aparentar ciertas actitudes, se ve en la tesitura de que ahora tiene su rol sexual invertido: todo lo que antes hacía con libertad ahora es mal visto a ojos de la sociedad.

Orlando, el cual a pesar de vivir durante tantos años no llega a cumplir los cuarenta, acaba adaptándose, no sin muchos reparos, a los usos de las épocas que van sucediéndose. Siempre está presente en la obra el papel que tiene la mujer en las sociedades. Si bien en los primeros tiempos que se suceden en la obra la crítica se hace menos feroz, es cuando se da el cambio de sexo y se aproxima al tiempo contemporáneo a la autora cuando se intensifican. Este pasaje del pensamiento de Orlando recién convertido en mujer es esclarecedor:

Recordó como de muchacho había exigido que las mujeres fueran sumisas, castas, perfumadas y exquisitamente ataviadas. “Ahora deberé padecer en carne propia esas exigencias”, pensó, “porque las mujeres no son (a juzgar por mí misma) naturalmente sumisas, castas, perfumadas y exquisitamente ataviadas. Solo una disciplina aburridísima les otorga esa gracias, sin las cuales no pueden conocer ninguno de los goces de la vida”

Orlando es, también, un apasionado de la literatura. Pasa largas horas leyendo y escribiendo tomos, y la autora nos hace un recorrido por la literatura inglesa de los periodos en lo que Orlando frecuenta los círculos literarios. Esto es otra alegoría de su amante, Vita Sackville-West, dado que Orlando se convierte en un escritor de éxito siendo mujer en una sociedad literaria en la que predominan los hombres, al igual que sucedió con ella, la cual era la que más libros vendía de la editorial del matrimonio Woolf.

El amor que profesa Orlando por la literatura hace que este sea un tema muy recurrente en la obra, lo que le vale a Virginia Woolf para introducir reflexiones y preguntas sin contestar sobre el papel de la literatura en la vida de las personas, qué es la literatura o cómo ha de ser. Algunas son las preguntas inherentes al arte y que siempre estarán presentes, tales como el debate entre el arte como negocio o el arte como mera creación, la cercanía del arte a las clases populares y su invalidez si esto no sucede (o viceversa, si el arte ha de ser un producto exclusivamente elitista), la intimidad del proceso de creación o la necesidad del creador de crear.

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Que la mujer que inspira Orlando sea la amante de la autora y que Orlando tenga relaciones amorosas ambiguas (bien sea a causa del cambio de sexo y manteniendo su heterosexualidad como en affaires que se mencionan) se ha visto por parte de algunos críticos como un homenaje a la homosexualidad, pero, en una opinión muy personal, no creo que la autora pretenda eso. Como se ha explicado, el grupo de Bloomsbury apostaba por un fuerte individualismo y por las relaciones amorosas abiertas a la experimentación, y creo que lo que pretende decir la autora va más por estos derroteros. Sí que hace un alegato sin complejos de la bisexualidad y de la libertad sexual, pero más allá de todo ello, se cuestiona por qué nos hemos de enamorar de una persona en función de su sexo, cuando lo realmente importante es la persona en sí.

Para terminar la reseña, añadir que la lectura de Orlando tiene diferentes fases. En algunas se desarrolla con una lectura ágil y fácil para cualquier lector medio, sobre todo en los pasajes en los que se desarrolla la vida de Orlando; pero en otras la lectura se hace más pesada y costosa a causa de las alegorías y las descripciones e innovaciones literarias que introduce la autora. Descripciones de sentimientos, desarrollos de pensamientos atravesados por sensaciones sensoriales como olores o visiones hacen que la lectura adquiera más un cariz de experimentación literaria que de novela a uso lo que, lejos de restar valor a la obra, la enriquece y la hace aún más interesante.

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