EL Gobierno de Pedro Sánchez

En estos tiempos en los que los españoles estamos más acostumbrados a las performance de Antonio García Ferreras con su Pactómetro que a que los gobiernos aguanten una legislatura completa o tengan mayorías absolutas, en los que triunfa la primera moción de censura de la democracia y en la que por primera vez va a gobernar un señor que no es parlamentario, los redactores de El Cenicero de Ideas no podíamos faltar a la cita de soltar una parrafada sobre estos acaecimientos que nos acontecen.

Con un multipartidismo que ha venido para quedarse, Pedro Sánchez ha sabido sobreponerse y sacar adelante la primera moción de censura de la democracia en unas condiciones políticas parecidas al mercado laboral actual: precarias y temporales. Sumando los apoyos de más de seis partidos políticos diferentes logró los 180 votos que le valieron para desalojar a Mariano Rajoy del Palacio de la Moncloa y proclamarse presidente del Gobierno.

PEDRO

Un Gobierno apoyado en 84 diputados, pero con pocos de sus miembros siéndolo, lo que significa que no tienen voto en el Congreso a la hora de dar luz verde a las propuestas que ellos mismos desarrollen y que, por muy feminizado y técnicamente preparado que esté no deja conforme a ninguna de las fuerzas que dieron su voto afirmativo en la moción de censura. El perfil de los nuevos ministros y ministras (hay que resaltar el detalle de que en la jura de sus cargos se ha utilizado la fórmula “consejo de ministras y de ministros”) y la composición del Gobierno invita a pensar que Sánchez ya tenía en mente muchos de los nombramientos que esta mañana se han hecho oficiales. Quizá mucho antes de presentar la moción de censura (como se rumorea en el caso de Pedro Duque), o quizá en un intento de lograr los apoyos de Podemos y de Ciudadanos. Sobre todo es resaltable el caso de estos últimos, pues da la impresión de que muchos de los miembros del nuevo Gobierno hubieran sido fichajes soñados por la formación naranja.

Siendo Pedro Sánchez el líder de un PSOE que parecía abocado a la segunda línea política, con algo más que meras rencillas internas y con los pesos pesados del partido dándole la espalda, Sánchez ha formado un Gobierno con unos mensajes muy claros para el país y los vigilantes ojos de Bruselas. Un gabinete formado por más mujeres que hombres, demostrando que si se quiere no es tan complicado encontrar mujeres capaces de ostentar altos cargos y dando la imagen de que para superarlas hay que ser astronauta o expresidente del Parlamento Europeo.

Por un lado es destacable el nombramiento de Josep Borrell como ministro de Exteriores, un activo anti independentista y con una visión profundamente centralista del Estado, lo que ya ha suscitado las quejas desde el nuevo Gobierno catalán de Quim Torra y del presidente del PNV, Andoni Ortuzar. Desde mi punto de vista esto es un mensaje en tres sentidos: en uno, Borrell es ministro de Exteriores, lo que, siguiendo la lógica de que el problema catalán es de orden interno, esto es, de España como Estado, no participará en las conversaciones que se han prometido llevar a cabo con los independentistas, dejando este tema en manos de Meritxell Batet, miembro del PSC, quizá más laxa y más cercana al presidente; en otro sentido trata de dar imagen de un país unido y fuerte de cara al exterior y a los poderes económicos que puedan ver un problema para invertir en Cataluña; por último, pone sobre el tapete de las negociaciones la posible línea dura del PSOE en el tema catalán, reflejada en este caso en Borrell, pero que bien podría estar representada en personas como Fernández Vara o Susana Díaz.

Por otra parte, se ha dado un mensaje tranquilizador y de continuismo a los grandes poderes económicos patrios y europeos con el nombramiento como ministra de Economía de Nadia Calviño, exdirectora general de presupuestos de la Unión Europea (felicitación de Ana Botín vía Twitter incluida). Además, lanza un reto a Susana Díaz: nombrando a su ya antigua consejera de Hacienda como ministra de esta misma materia,  indica que se va a tratar el tema de la financiación autonómica, muy candente para comunidades como Andalucía, pero siendo este nombramiento de alguien tan cercano al susanismo,  deja poco espacio para futuras quejas por las disconformidades que pueda tener.

Otro mensaje a destacar es el que se envía al colectivo LGTBI nombrando a dos ministros abiertamente gais: Màxim Huerta y Grande-Marlaska. Resulta muy llamativo  el nombramiento de Grande-Marlaska como ministro del Interior, miembro de la Audiencia Nacional a propuesta del Partido Popular e instructor de la causa judicial abierta a Arnaldo Otegui, de tendencias conservadoras, lo que se convierte en un duro mensaje a aquellos que lo acusaron de aliarse con terroristas.

marlaska
Grande Marlaska, ministro de Interior (rtve.es)

Esto no deja conforme ni a independentistas en la manera de afrontar el problema de Cataluña ni a Podemos en sus intenciones de entrar en el Gobierno y en las de llevar a cabo un programa más social e izquierdista en el plano económico.

¿Y qué hay de los votos negativos a Sánchez? Pues a estos han quedado atónitos y con urgencia por encontrar de nuevo un nicho ideológico al que aferrarse. Ciudadanos se ha encontrado frente a un grave problema: en una situación en la que parecía que ya había logrado obtener todos los votos posibles del PSOE y se había lanzado a ganarse a parte del electorado del Partido Popular con un extravagante discurso nacionalista antinacionalista, ve que si el nuevo Gobierno del PSOE lo hace bien puede perder ese nicho de votantes más escorados al centro izquierda que ya daba por ganados, lo que le obligará a bajar el tono y a encontrar otro rumbo. Además, la caída de Mariano Rajoy en el PP deja a los populares sin líder y sin rumbo ideológico a la espera de un Congreso en el que elijan referente.

Como corolario, no hay más que reconocer que Sánchez ha demostrado entereza y capacidad de resolver su vida política tantas veces dada por terminada, además de una habilidad a la que muchos han dado el nombre de “flor en el culo” para dejar en mal lugar a sus adversarios. Lo demostró ganando las primarias al PSOE a Susana Díaz (victoria en Andalucía incluida), así como esta última jugada en la que ha logrado dejar fuera de juego a un Gobierno en pleno y al partido que más despuntaba en las encuestas.  Si a esto le sumamos que se ha aprovechado de los votos de unos partidos a los cuales luego no ha tenido en cuenta para formar su gobierno, vemos que la jugada le ha salido bastante bien.

Hemos asistido a la creación de un Gobierno hecho para quedarse lo máximo posible en Moncloa y sin ansias de convocar elecciones, de corte socialdemócrata (tal y como se la entiende hoy en día, con poco que ver con su tradición) y que recuerda poderosamente a los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero: avances en derechos civiles y sociales, quizá en temas de memoria histórica con el objetivo de recuperar votos de Podemos y Ciudadanos de cara a las siguientes elecciones, pero lejos de realizar un cambio notorio en el plano económico o laboral. Es un Gobierno que, si sale todo bien y consiguen apoyos en el Congreso de los Diputados para sacar adelante alguna iniciativa, asegurará al Partido Socialista unos buenos resultados en las elecciones de 2020.

Todo dependerá, eso sí, de los resultados en las elecciones municipales y autonómicas de 2019 a las que van a estar muy atentos tanto ellos como sus rivales. Unos buenos resultados de los rivales políticos de Sánchez pueden llevar tanto a un cambio de rumbo en el Gobierno, como a una oposición más fuerte por parte de sus competidores.

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