Crítica de Amante por un día, de Philippe Garrel (2017)

Philippe Garrel, cineasta con casi nula distribución en España, cierra con Amante por un día (L’amant d’un jour, 2017) su conocida como ‘Trilogía de los celos’. Las otras dos cintas que componen el tríptico –La jalouise (2013) y L’ombre des femmes (2015)-, no fueron exhibidas en España. Pero, al igual que la reciente obra del director francés, son una disertación sobre la infidelidad y el amor.

Amante por un día comienza con la ruptura sentimental de una joven que decide acudir a casa de su padre en busca de refugio y consuelo. Una vez alojada, descubre que su progenitor, profesor de filosofía, mantiene una relación con una de sus alumnas, de la misma edad que ella.

El arranque de la película podría ser el pretexto para iniciar una historia de rencor y disputa entre las dos protagonistas. Pero Garrel, uno de los nombres más importantes de la industria francesa post-Nouvelle Vague, deja a un lado el más que aburrido conflicto femenino y teje una historia de sororidad. A pesar de estallidos domésticos, no hay atisbo de una disputa por el amor del padre.

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Así, limitar la trama a la relación entre la hija y la amante sería simplificar una historia con diversos niveles de lectura. Porque a la par de esta relación, se encuentran la trama paternofilial o la de la amante y el padre. Y es en esta última donde el director profundiza en mayor medida.

Garrel propone un tipo de relación alejado de la normatividad, en la que la brecha de edad o la posibilidad de tener relaciones sexuales con terceros no deben ser un impedimento para que dos personas que se aman se mantengan unidas.

Pero en cuanto ella empiece a tener relaciones espóradicas con otros hombres, se desenmascaran los verdaderos sentimientos del padre. Incapaz de asumir que se ha acostado con un nuevo amante, recurre a la violencia física y psicológica antes de romper la relación.

Hasta ese momento, la representación de la mujer había sido honesta e inédita. No se la juzgaba por sus decisiones. Pero la secuencia final se traduce en un castigo por elegir por sí misma. La protagonista que se deja llevar por el deseo es anulada de la diégesis. Todo lo contrario le ocurrirá a la hija.

Cuando la cinta cierra con la reconciliación entre la hija y su exnovio, pretende convencer de que la única manera de encontrar la felicidad -o lo más cercano- se encuentra cuando se evitan los ‘experimentos’ y uno se entrega a una relación clásica. El final, con esta pareja unida antes del fundido a negro, acaba pisoteándo algunas de las ideas anteriores.

Garrel, que logra transmitir en apenas 76 minutos más que cintas de tres horas, cae en la imposibilidad de entender las relaciones de otra manera que la instaurada. Un problema del que no puede huir, ya que despojarse de esta construcción social requiere algo más que las palabras.

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