Sheep Marketplace: la mayor estafa orquestada en la Deep web

Si todavía no sabes que bajo el Internet convencional subyace otra capa, llamada Deep web, en la que cualquier persona con acceso a la red y relativamente pocos conocimientos informáticos puede acceder a páginas donde se venden desde drogas ilegales a pornografía infantil ,desde armas de fuego a manuales para hacer bombas caseras… es que llegas tarde al siglo XXI.

Para explicar este basto submundo con sencillez, suele recurrirse a la figura del iceberg. El pequeño islote de hielo que se ve desde la superficie es el Internet que todos conocemos. En él encuentras páginas como Youtube o el blog culinario de tu tía Paqui. Pese a la indudable inmensidad de esta capa, se cree que el gran grueso de contenidos “subidos a la red” se encuentra sumergido, oculto a la mirada superficial; es decir, en la Deep web.

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Lo primero que hay que decir de esta capa subterránea de Internet es que es imposible acceder a ella mediante los motores de búsqueda convencionales (Chrome, Mozilla, Internet Explorer), sino que es necesario usar programas como Tor o similares. Lo principal de estos programas es que, al contrario que los otros, ofrecen a sus clientes un mayor anonimato, al dificultar enormemente que autoridades, hackers o tu vecino de enfrente puedan rastrear tu IP y saber tu identidad real.

Debido a que, como hemos dicho, en la Deep web pueden encontrarse desde sicarios que ofrecen sus truculentos servicios a foros en los que pedófilos comparten fotografías y consejos sobre cómo violar a jovencitxs, cierta parte de la población denominó a la Deep web, no sin pocas connotaciones morales, Darknet. Sin embargo, pese a que sin duda muchas de las actividades que en su seno se realizan son éticamente cuestionables, cabe decir que este Internet profundo ofrece posibilidades y herramientas que pueden ser usadas más que legítimamente. Por ejemplo, si el Gobierno de tu país decide capar Internet o atrapar a través del mismo a los disidentes, saber acceder a la Deep web podría permitirte mantener conversaciones con el extranjero y sortear la censura.

Sea como sea, uno de los fenómenos más extendidos y significativos que han aparecido en el seno de este Internet profundo han sido los llamados criptomercados, cuyo ejemplo más conocido sería Silk Road. Estos foros en línea, cuyo funcionamiento y diseño recuerda al de páginas como Ebay o Amazon, son mercados virtuales en los que compradores y vendedores, manteniendo unos niveles de anonimato imposibles fuera de la Deep web (tanto en la vida real como en el Internet convencional), pueden encontrarse. A cambio de una determinada cantidad de criptomonedas (Bitcoin, Ripple, Litecoin…), los clientes adquieren, vía postal, productos poco convencionales de formas poco convencionales, como puede ser comprar un gramo de speed con un 20% de descuento por motivo del Black Friday.

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Fuente: https://www.deepdotweb.com/2013/11/30/sheep-owner-just-got-doxxed/

Según el experto en criptoseguridad James Martin, este estilo de mercados virtuales están basados, más allá de la encriptación de las identidades y mensajería de sus usuarios, en la confianza mutua. Y es que, partiendo de la base de que no conoces a quién estás comprando ni a quién estás vendiendo, ¿cómo arriesgar tu capital o tu producto si no sabes si la otra parte respetará el pacto?. Para facilitar esta confianza existen en los criptomercados varios mecanismos, entre los cuales destacan los foros (en los que compradores y vendedores ponen a parir a los usuarios poco fiables), los sistemas de puntuación (que te pido diez gramos de hierba y me llegan en menos de tres días… 5 estrellas sobre 5) y, especialmente, el servicio de custodia que ofrecen los propios administradores del mercado, consistente en que los mismos guardan el dinero del comprador hasta que la mercancía le ha llegado a casa al cliente.

Durante su andadura virtual, que duró desde su lanzamiento a inicios de 2011 a su desmantelamiento por parte del FBI a finales de 2013, Silk Road fue, sin lugar a dudas, el más popular de estos criptomercados. Algunos estudios estiman que, en la totalidad de este periodo, sus usuarios se gastaron unos 200 millones de dólares en comprar drogas. Tras su cierre, la oferta se fraccionó. Se cree que, si bien ninguno del más de centenar de criptomercados que han aparecido desde entonces es tan potente como la pionera Silk Road, en su conjunto todos ellos facturarían más que el mercado primigenio. Sea como sea, si bien no cabe duda de que este tema es muy relevante por el hecho de que puede ser el futuro del tráfico de drogas, cabe decir que los grandes grupos narcotraficantes no ha explorado demasiado esta vía, ya que el 99% de su producto se vende fuera de la Deep web, en esquinas y pisos bien, como toda la vida.

Tras esta somera descripción de lo que subyace al Internet que la mayoría de la gente conoce, entremos, entremos en materia. Hemos dicho que estos criptomercados se basan, por motivos obvios, en la confianza. Pues bien, esta se ha visto fuertemente mermada por dos factores: la actuación de las autoridades policiales, que han logrado cerrar no pocos de estos sitios (aunque brotan nuevos cada vez que uno se siega) y, lo que nos atañe más directamente, las estafas. Y, sin miedo a equivocarnos, podemos afirmar que la acaecida en en el criptomercado llamado Sheep Marketplace allá por 2013 es la mayor de este género tenido hasta la fecha.

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En estos mercados el timo pueden realizarlo tanto los compradores como los vendedores como los propios administradores del sitio. Por no hablar de que siempre cabe la posibilidad de que le estés intentando comprar/vender heroína a un agente del FBI. En el caso de los consumidores, pueden hacer pedidos y negar que les haya llegado el producto, exigiendo el rembolso de su dinero. En el caso de los vendedores, pueden no enviarlo y decir que si no ha llegado habrá sido porque habrá sido interceptado en su trayecto. El caso de robo por parte de los administradores, como todo apunta a que ocurrió en Sheep Marketplace, es mucho más complejo… pero también mucho más lucrativo.

Diciembre de 2013. Los administradores del sitio en cuestión cancelan todas las transacciones afirmando que un fallo en la seguridad del criptomercado ha posibilitado que un narcotraficante haya robado 5.400 Bitcoins, lo que equivalía en el momento del robo a unos 6 millones de dólares. Poco después de este anuncio, la página cierra definitivamente. Sin embargo, traficantes y consumidores empezaron a indagar sobre el asunto, llegando a la conclusión (no probada, por otra parte) de que habían sido los propios administradores los que, fingiendo un robo, habían cerrado el chiringuito arramblando con todo.

Echando cuentas, narcotraficantes y consumidores también calcularon que el robo era mucho mayor, y que, en total, en vez de 5.400 Bitcoins, la cifra real podría alcanzar los 40.000, es decir, la friolera cantidad de 50 millones de dólares, aproximadamente. Por último, si tenemos en cuenta el precio actual del Bitcoin, tras la gran subida experimentada por esta criptomoneda en los últimos años, llegaríamos a un monto total cercano a los 375 millones de dólares. Ahí es nada.

Años más tarde, un hombre llamado Tomáš Jiříkovský fue arrestado en la República Checa tras haber realizado compras muy onerosas con Bitcoin. En octubre de 2017, a este mismo sujeto se le hallaría culpable tanto de crear Sheep Marketplacle como de haber robado el dinero a sus clientes. La condena se estipuló en nueve años de cárcel. Está claro que a los clientes del sitio no se les devolvió el dinero.

Este es uno más de los ejemplos, si bien sus proporciones védicas lo hacen especial, de las diversas estafas y robos que han tenido lugar en los criptomercados. Y es que el anonimato que en ellos prima es para todos: consumidores, traficantes, policías, ladrones… Por ello, cabe la posibilidad de que los criptomercados, en vez de ser el futuro del narcotráfico, sean más bien un presente que nunca germinó del todo y que está tocando a su fin. Y es que la Deep web ya ofrece otras vías diferentes a estos emplazamientos virtuales para llevar a cabo el intercambio de drogas. Específicamente, se cree que se esta pasando de un modelo abierto (en el que todo quisqui podía acceder a estos mercados tanto comprador como vendedor) a otros modelos más herméticos, en los que narcotraficantes escogen cuidadosamente a sus clientes y vedan el acceso al mercado a los desconocidos. El futuro dirá.

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