Del aburrimiento como fuente de conocimiento, por Paco Martínez-Revierte

Había una época en la que la humanidad avanzaba con paso firme hacia la consecución del conocimiento. Los descubrimientos científicos de interés se sucedían, la mente humana progresaba descubriendo partes fundamentales del mundo que nos rodea… Los humanos avanzábamos en una dirección determinada que, a priori, parecía la correcta. El conocimiento como meta en sí mismo, no como medio para llegar a algo. El saber como fin, el estudio como medio hacia la sapiencia. Nada que ver con los tiempos actuales.

El periodo más glorioso en que la humanidad descubría cosas que merecía la pena remarcar es el que abarca entre finales del siglo XVII y principios del XX, con descubrimientos del calado de la teoría de la relatividad en 1905, las leyes de la termodinámica entre los siglos XVII y XIX, las propiedades de la química, las leyes matemáticas… las personas se dedicaban en cuerpo y alma a cosas que merecían la pena: Marie Curie descubría en radio y el polonio, un científico alemán de nombre impronunciable descubría los Rayos X a finales del Siglo XIX, Graham Bell robaba la invención del teléfono a un italiano y lo patentaba en 1876, Newton se sentaba bajo un manzano a dormir la siesta después de su inamovible rutina: tomar cuatro pintas de cerveza inglesa, comer y rebajar todo esto con una tacita de té sin azúcar… Las personas especiales de la sociedad dedicaban sus tiempos a cosas de utilidad para ellos y para la humanidad.

Pero en estos tiempos que corren en los que la inversión en ciencia ha sido reducida en nuestro país a cuenta del derroche que supone mantener a los cerebritos patrios pudiendo dejar que los mantengan los alemanes (mucho más rubios y ricos que nosotros) o los países nórdicos (mucho más rubios y ricos que los alemanes), hemos dejado de avanzar. Los españoles nunca hemos destacado realizando avances en los saberes humanos, quitando la gloriosa época en la que nuestros más avezados estudiosos trajeron al mundo la Inquisición y la finalización de la salud humana mediante garrote vil. Cierto es que la aportación de los españoles se hizo en un campo mal visto por la opinión pública, claramente influenciada por la mala prensa que se le ha dado y la perniciosa ola de la corrección política que asola las sociedades desarrolladas y nubla los intelectos de las gentes de a pié, pero es de un incalculable valor.

Garrote_vil,_de_Ramón_Casas
Garrote Vil, de Ramón Casas (Museo Reina Sofía). (Wikipedia)

Y el problema no es solo español, puesto que nosotros podemos esperar la venida de un nuevo Colón que nos llene las arcas de metales preciosos antes que tratar de mejorar lo presente. El problema que aquí exponemos afecta a todo el Mundo.

En otras épocas, la humanidad se henchía de conocimiento. El hombre renacentista buscaba formarse en tantas disciplinas como le fuera posible a fin de ser un hombre inteligente y completo. Quizá necesitaba cuidar un poco más su higiene, pero su mente estaba rebosante de conocimientos. En los Siglos XVII y la primera mitad del XX se encuadran montones de descubrimientos. Época gloriosa de la humanidad. En los siglos previos nos esforzamos muchísimo en poder volver al nivel artístico que habían logrado los griegos en su etapa barroca, construyendo monumentales catedrales, creando fantásticas esculturas y haciendo bellísimas pinturas; pero una vez alcanzamos el culmen, pudimos centrarnos en descubrir.

Y es que es pasar la mitad del Siglo XX y comenzar la hecatombe. Cierto es que en la primera mitad de ese siglo sufrimos las dos peores guerras de la historia de la humanidad y el surgimiento de las (aberrantes) vanguardias artísticas pero, ¿qué es eso en comparación con la consecución de descubrimientos científicos relevantes? La expansión de la televisión primero y la expansión de computadores, videoconsolas, teléfonos móviles, internet y las redes sociales después, han causado que la humanidad haya fracasado como especie en progreso. Los nuevos descubrimientos científicos que se llevan a cabo no son más que avances en campos tan intangibles como la microbiología, la nanotecnología, la artesanía cervecera o la robótica. Disciplinas ridículas y absurdas que lo único que traen a nuestra sociedad es el hipsterismo y la destrucción del empleo y de la mano de obra barata que tenemos en la actualidad.

Y es que, con tanto entretenimiento entre manos, ¿cómo podemos pretender que alguien se dedique a descubrir los misterios de la química? ¿Cómo podemos esperar que un inglés se siente bajo un manzano de su jardín a observar cómo caen las manzanas? ¿Cómo esperar que una polaca que vive en París dedique su tiempo a investigar ciencias y no bombardear en sus redes sociales con selfis en la Torre Eiffel?

Hoy en día Marie Curie se dedicaría a llenar de absurdas fotos su Instahistories de los rincones más chiq de París, Newton a colgar fotos en Facebook de sus pies bajo un árbol en su jardín con el título de “Aquí sufriendo” y Graham Bell sería un youtuber de éxito acusado de no crear su propio contenido. Se dice que Di Stefano (mítico futbolista) aprendió a manejar la pelota allá a comienzos del Siglo XX dando patadas a un balón contra la pared de una fábrica. Si ese muchacho hubiera tenido a su alcance una PS4 con el Fifa, ¿ustedes creen que habría perdido su tiempo de manera tan miserable pateando un balón en su soledad a las puertas de una factoría? Pero tampoco se habría convertido en uno de los mitos del fútbol mundial.

Y es que el aburrimiento es una fuente de conocimiento más fiable que ninguna enciclopedia online. Un hombre que no tiene nada mejor que hacer que estar sentado bajo un árbol esperando a que pase el día llega un momento en que se aburre y decide coger un libro, que resulta ser de física aplicada, y acaba descubriendo la gravedad. Una mujer que viaja a París y no puede dar la turra a sus amigos con su viaje se aburre y se lía a hacer experimentos que, casualmente, desembocan en dos premios Nobel. O a ver si ustedes se creen que la ciencia va a avanzar sola mientras juegan al Fortnite o visualizan el último vídeo del youtuber famoso de turno.

Hay que aburrirse más. El hundimiento personal al que lleva el aburrimiento, la desidia, el sentimiento de inutilidad y el hartarse de hurgarse la nariz harán que las personas de este mundo decidan por primera vez en su vida mostrar interés por algo que merezca la pena. Estudiarán las tablas periódicas, las leyes de la física cuántica o aprenderán a hacer multiplicadores de LaGrange de cabeza; leerán con avidez infumables obras de Kant, Wittgenstein o Hobbes; exprimirán la poesía de Rimbaud o de Garcilaso; se dedicarán en cuerpo y alma a algún deporte o por el contrario buscarán un empleo, inexistente por otra parte a causa de los perniciosos avances que estamos realizando en la robótica. La ciencia volverá a avanzar y la humanidad será mucho más feliz, pero mientras tanto, no es mala idea esa de matar su tiempo en leer las pamplinas que escribimos en elcenicerodeideas.com

 

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