La increíble y formidable aventura de un escritor que no quería serlo (2014), por Depablo i Martí.

Bajo el seudónimo de Depablo i Martí se “oculta” Jesús Julio Martín De Pablos. Vallisoletano, nacido en 1980, es La increíble y formidable aventura de un escritor que no quería serlo su primera y única novela hasta la fecha. Editada por El desván de la memoria con un más que atractivo diseño de portada, en esta obra (cargada de humor irreverente, cierto asco-odio para con la sociedad contemporánea y, por qué no decirlo, altas dosis de egolatría), De Pablos revive a algunos de los principales escritores de la literatura universal y los convierte en personajes en el seno de una trama de misterios, asesinatos y metaliteratura.

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Fuente: Amazon

Ya en la contraportada de esta novela se nos informa de cuáles son las principales influencias literarias de su autor: el “realismo sucio” de Charles Bukowski, el decimonónico de Benito Pérez Galdós, y el periodístico-detectivesco de Manuel Vázquez Montalbán (aquí hemos hablado de su extravagante “novela” El estrangulador). Igualmente, en ella también se afirma que De Pablos decidió comenzar a escribir tras la lectura de Kiko Amat, autor, entre otras, de novelas como El día que me vaya no se lo diré a nadie o Cosas que hacen BUM. Asimismo, cabe destacar la influencia que tiene en esta obra el pensamiento marxista, al que se hacen varios guiños durante su transcurso.

Específicamente, el estilo y lenguaje usados en esta novela, pretenden emular (o, al menos, emulan de facto) el quehacer literario de Bukowski. Sin embargo, en mi humilde opinión, el lenguaje brusco, soez, marginal, que caracteriza al autor de Factorum, La senda del perdedor… es necesario y particularmente efectivo en sus escritos, mientras que el de Depablos parece precisamente eso, una copia del primero. Así, muchas de las palabrotas y verdores que salpican las páginas de este libro no tienen el impacto que tienen en Bukoswki, y del uso excesivo que se hace de este recurso idiomático se deriva una ordinariez con tintes adolescentes. Eso sí, esto no quita que muchas veces el autor consiga con este método tanto arrancar sonrisas a sus lectores como alcanzar cotas poéticas, como cuando nos dice que “la vida es una perra que se muerde el rabo para hacer sufrir a las pulgas” o que el Sol es “un grano infectado en el culo del cielo”.

Continuando con la influencia que en esta novela tiene Bukowski, es tiempo ya de hablar de su protagonista, Depablo, un joven huérfano de la respetable opinión de que “la humanidad es odiosa y cruel e indiferente y asesina y una hija de la gran puta”. Mientras que Henry Chinaski, el alter ego de Bukowski, y la botella son uno, Depablo, que ni mucho menos hace ascos al alcohol, también recurre a la marihuana y a la cocaína para hacer más soportable su existencia. Y es que “bebemos para olvidar. Bebemos para celebrar. Bebemos porque no nos gusta lo que somos”. A este respecto cabe destacar que, para ser un asocial que odia la humanidad, Depablo tiene bastante facilidad para entablar conversaciones y relaciones afectivas con desconocidos y, especialmente, para acostarse con mujeres.

El caso es que Depablo, sin comerlo ni beberlo, se ve de pronto en medio de una conspiración literaria jamás vista. Y es que una secta de escritores (a la que pertenecen, entre otros, Alexandre Dumas -hijo-, José Ortega y Gasset, Charles Dickens o incluso el bueno de Friedrich Nietzsche) quieren acabar con la vida de Depablo con el objeto de evitar que este escriba precisamente la novela que el lector tiene entre sus manos, y que salvará a la literatura de la condenación que la aguarda a la vuelta de la esquina. A todos ellos se los define en el libro como “gobernantes de la mediocridad”.

En el otro bando, pues toda secta tiene su rival, se encuentran escritores como Miguel Hernández, Federico García Lorca, Edgar Allan Poe, Camilo José Cela… Para estos, DePablo es su “única esperanza”, si bien el protagonista acabará alejándose de ellos al llegar a la conclusión de que le querían única y exclusivamente de “rey pelele”. Así, DePablo se juntará con un “independiente”, ni más ni menos que Manuel Vázquez de Montalbán, junto al cual intentará salvar el pellejo de las infernales maquinaciones de la primera de estas sectas.

En este punto, cabe destacar que, más que haber resucitado o ser fantasmas, estos ilustres personajes siguen viviendo por una sencilla razón: los escritores “no morimos porque nuestras obras literarias no mueren”. Consecuentemente, si se invierte esta máxima, es decir, si se destruye sus obras o se deja de leerlas (o si, sea como sea, se les vuelve a matar), los escritores, y con ellos la literatura, mueren, pues la muerte de estos no es sino el olvido (algo que me recuerda a una máxima que aparece en La sombra del viento). Así, “en vez de ir al cielo o al infierno, según los creyentes, o la desaparición total del cuerpo y alma, según los ateos, nos trasladamos al lugar de los escritores difuntos”, un lugar que Depablo ve en sueños. Pese a lo dicho, los escritores también tienen la libertad de vagar por el mundo a sus anchas.

Del final de la novela cabe decir que pretende asemejarse al de Niebla, de Miguel de Unamuno, referencia de la que el propio Depablo nos participa cuando se encuentra con este autor en el trascurso de la trama. Así, como pasara con Unamuno y Augusto Pérez en la ya citada nivola (como la definía su autor), Depablo i Martí se encuentra con Jesús Julio Martín De Pablos, su creador, quien le dice que debe escribir pese a que este, a lo largo de la novela, nos ha dicho una y otra vez que no le da la real gana hacerlo (de ahí el título de La increíble y formidable aventura de un escritor que no quería serlo). Sin embargo, finalmente se pondrá manos a la obra tras, significativamente, hacerse con varios libros de Bukowski.

Para los interesados en el libro, cabe decir que, a no ser que se desee en formato físico, está disponible de forma gratuita en Amazon en versión Kindle. Por mi parte, antes de dar por finalizada esta entrada, he de decir que el libro me ha gustado más de lo que puede parecer leyendo esta reseña, en la que quizá he sido excesivamente duro. Su argumento es tremendamente original, si bien no puede decirse lo mismo de su estilo. Igualmente, en lo que respecta a la metaliteratura, siempre he sido de la opinión de que esta pierde buena parte de su efecto mágico si es demasiado visible (exceptuando precisamente Niebla), lo que ocurre en este libro especialmente en su final. Sea como sea, es indudable que este libro es tan ameno como gracioso, por mucho que se haga un tanto repetitivo.

Así, por último, quisiera rescatar una de las situaciones con las que más me he partido la polla (usando el lenguaje presente en esta novela) al leer este libro, y que es ni más ni menos que el momento cuando se le aparece a Depablo el rey émerito, Juan Carlos I. Este, del modo más campechano posible, ayuda desinteresadamente al protagonista arreglándole su moto, eso sí, mientras le gorronea pitillo tras pitillo. El absurdo, siempre presente en esta obra, le hará incluso proferir una ventosidad.

 

 

 

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