Divertimento (1949), por Julio Cortázar.

Como ya dijimos por estos lares al reseñar La vuelta al día en ochenta mundos, (donde, para posibles interesados, también esbozamos una breve biografía del autor que nos ocupa), si algo hace único a Julio Cortázar (1914-1984) es su inconfundible estilo narrativo. Él mismo afirmaba que el ritmo de su escritura pretendía emular al swing del jazz; estilo musical que, por su parte, fue una de las más importantes pasiones que el escritor argentino tuvo en vida. Junto a esto, el profundamente meditado lenguaje que empleaba en sus obras (el cual extraía del enorme abanico de registros lingüísticos que poseía en su haber), convierten la lectura de este brillante escritor en un verdadero ágape para los sentidos.

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La obra que nos atañe, Divertimento, tuvo su génesis allá por 1949, dos años antes de que su autor decidiera emigrar a París desde Buenos Aires. Obviando una novela escrita a la tierna edad de nueve años, la cual nunca salió a la luz, esta fue la primera novela que escribiera en vida Cortázar. Sin embargo, esta obra no fue publicada sino en 1986, dos años después de que falleciese su autor. El porqué de esta dilatación en su aparición es fácil de explicar: Cortázar no estaba plenamente convencido del estilo en ella empleado, situación que agravaba su afán perfeccionista, como el escritor argentino confesó en una entrevista con Joaquín Soler.

El tiempo, como ocurre en contadas ocasiones, dio la razón a esta prudencia. Y es que, al leerla, pese a que uno encuentra en ella, entre otras cuestiones, las preocupaciones de corte existencialista, el recurrimiento constante a otras artes, el entrecruzamiento entre realidad y fantasía… que caracterizan la prosa de su autor, todo esto aparece plasmado sin la fluidez y soltura características en Cortázar. Por lo tanto, Divertimiento puede entenderse como un boceto del universo cortazariano… pero su calidad es indudablemente inferior a la del resto de planetas que componen el mismo.

Específicamente, Divertimiento es un claro antecedente de Rayuela, la novela más conocida de Cortázar. Así, con un narrador-protagonista caracterizado precisamente por su amplitud de miras culturales y el perpetuo cuestionamiento de lo que para el resto de sus coetáneos es cotidianidad, la gran parte de ambas novelas trascurre en ambientes intelectuales rayanos a lo bohemio, en el seno de un grupo reducido de amigos. En Rayuela, sus integrantes forman en París el Club de la Serpiente; en Divertimento, los camaradas porteños que lo protagonizan se hacen llamar Vive como Puedas.

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El punto de encuentro de este grupo es “la Villa del Parque, dónde jugábamos a vivir […] en un tiempo distante y ya cinerario”. Este nombre hace referencia a una especie de cobertizo que tiene en su parcela uno de sus miembros, Renato, un pintor surrealista cuyo último cuadro, en construcción durante el trascurso de la novela, es tanto el vórtice en torno al cual gira la narración como el origen de los conflictos que salpicarán y finalmente dividirán al grupo. Al igual que ocurre con el lector, al resto de la camada del Vive como Puedas le será vedado conocer que contiene el lienzo hasta prácticamente el final de la obra.

Junto a Renato y al narrador de esta historia, Insecto (sus preferencias por literatura y jazz abren el camino a pensar en un alter ego del propio Cortázar), el resto del grupo lo componen Susana, hermana de Renato y caracterizada por su bondad y su poca participación en las discusiones intelectuales; y los hermanos Vigil, Marta y Jorge. Mientras que este último es un poeta también de corte surrealista, pues sus versos son creados a partir del automatismo psíquico prescrito por Bretón en sus manifiestos como el método de creación surrealista por excelencia; Marta es su amanuense, es decir, que se encarga de transcribir los mismos a fin de que estos no se pierdan en el olvido. Asimismo, cabe decir que Marta tiene un influencia fundamental en todo el grupo, y que actúa como una especie de catalizador del arte de sus integrantes.

Como ocurre con buena parte de la obra de Cortázar, la realidad ordinaria que predomina al inicio de esta novela da paso a una atmósfera irreal, “surreal” incluso, en la que lo fantasioso hace su aparición. En este caso, lo paranormal viene de la mano de Narciso, espiritista que provoca admiración y odio sin límites en los integrantes del grupo, y de cuyo poder sobreterreno será imposible dudar. Como muestra de las alteraciones que este individuo provoca en el grupo, cabe decir que Renato en un momento dado descubre, no sin cierto asco y sobrecogimiento, que en su cuadro ha pintado, sin quererlo y aún sin haber estado nunca, la casa de Narciso.

Como ya hemos dicho, poesía y pintura surrealista tienen en esta novela un papel fundamental. Un cuadro pintado a partir de lo entrevisto en sueños; poemas escritos con la menor injerencia posible de la propia conciencia crítica del sujeto que los compone… Asimismo, el propio Insecto y sus amigos teorizan y discuten constantemente sobre las tesis de este movimiento vanguardista que tanto influencia tuvo en la prosa de Cortázar. Sin embargo, el surrealismo no agota el debate artístico que compone y reaviva esta obra, si bien lo centra. Específicamente, más allá del jazz, las referencias a la pintura clásica y sus vanguardias salpican la narración constantemente.

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En definitiva, esta obra prefija ya el estilo y temáticas futuras de Cortázar pero sin que su calidad narrativa alcance la perfección a la que estamos acostumbrados sus lectores. Así, lo que en otras novelas o cuentos del autor parece interesante, aquí se hace, en mi humilde opinión, un tanto pedante y cogido por los pelos. Igualmente, la normalmente mágica y paulatina transición de lo normal a lo fantástico habitual en Cortázar se hace aquí tan confusa como abrupta. Por otra parte, es importante destacar que en esta novela, cuyo proceder recuerda al de una historieta de detectives, el misterio que recorre sus páginas no es resuelto del todo, sino que perdura aún finalizar el libro, lo cual también es característico en el autor.

Sea como sea, enmarcando este libro en la inexperiencia de su autor, que estaba por aquel entonces tratando de buscar y pulir un estilo propio que finalmente encontraría, cabe decir que este libro interesará sin duda alguna a los amantes del surrealismo y de la especulación artística en general, pese a sus deficiencias en el plano formal. Asimismo, como expuso Cynthia Valente en un artículo sobre esta novela, la cual cotejó con el epistolario de aquellas fechas de su autor, Divertimiento también puede ser altamente instructivo a la hora de ampliar conocimientos acerca del propio Cortázar, pues las preocupaciones de corte artístico que aparecen en boca de sus protagonistas es de suponer que son las mismas que preocupaban a su autor en su juventud. Y esto, quizá, sea más relevante que la propia novela en sí.

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