Grandes obras que deberías leer: Matar un Ruiseñor (1960), por Harper Lee

Como bien dice Homer Simpson “juré no volver a leer porque Matar un Ruiseñor no me dio un solo consejo sobre cómo matarlos. Me enseñó a no juzgar a los hombres por el color de su piel, ¿¡Pero eso de qué me sirve a mí!?” Entonces, ¿por qué hay que leer esta obra?

Las explicaciones no son muchas, pero sí que son de peso. Matar a un Ruiseñor no es un clásico de la literatura universal, pero sí está entre las obras literarias más importantes de Estados Unidos. No por su calidad literaria, si bien es cierto que es una novela muy bien escrita, sino por la importancia que tiene este libro a nivel didáctico. Es una radiografía de la sociedad norteamericana. La novela expone el lado hipócrita de esta, tanto en el plano moral como en el social. De hecho, esta obra está considerada como una de las más importantes en cuanto a la lucha contra los prejuicios raciales y el racismo en Estados Unidos. Todo esto llevó a la novela a ser un éxito rotundo en ventas desde que se publicara en julio de 1960, así como a ser la ganadora del Premio Pullitzer en el año 61. El impacto fue tal, que se hizo una película en el año 62 galardonada con tres premios Óscar.

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Harper Lee. Fuente: time.com

En la presente entrada no se pretende hacer un análisis literario de la obra, cosa que escapa, y por mucho, a los conocimientos del que suscribe; sino hacer una breve reseña de la obra, así como entrar en un debate que está abierto en la actualidad en el país norteamericano, el cual erróneamente se está encasillando en una lucha legítima y necesaria.

La novela se desarrolla en Maycomb, Alabama, al principio de los años 30. Con la guerra de secesión aún reciente y con la consiguiente derrota de los confederados del Sur, la sociedad siguió teniendo parte de las rígidas tradiciones del Sur de los Estados Unidos: el racismo, el clasismo, las rígidas costumbres sociales… En esta obra se pretenden tumbar esos tópicos, exponiéndolos como absurdos, anacrónicos e inservibles para la plenitud de la vida de las personas. Y se nos cuenta desde la perspectiva de una niña que aún no tiene conciencia de que ha de odiar a una clase de personas o que ha de discriminar a otras. Desde la inocencia nos narra Scout Finch, con apenas 6 años de edad, la cual no se da cuenta de lo que sucede a su alrededor, pero tiene una cosa clara: prefiere vestir un mono que le sea más cómodo para sus juegos que vestirse como la señorita que le está destinado ser.

El desarrollo de la obra son tres años en los que Scout y la familia Finch al completo viven normalmente, lo que nos sirve a los lectores para sumergirnos en el entorno de un pueblo de Alabama, con sus costumbres sociales, así como para darle un trasfondo a los protagonistas. Es una novela en la que se aprecia cómo estos evolucionan, se hacen mayores y cambian de actitudes y de pareceres. Esto sobre todo es tangible en el personaje de Jem, el hermano mayor de Scout, el cual, según avanza la obra entra en la preadolescencia y sufre los cambios propios de esta edad.

Así, Scout y su hermano Jem viven apaciblemente en la tranquila ciudad del sur de los Estados Unidos con su padre, Atticus. Sout y Jem van a la escuela, mientras que Atticus (en ningún momento de la obra los niños se dirigen a él como papá o padre) trabaja como abogado. La obra en un principio se iba a titular por el nombre del padre de familia, pero por motivos de márketing se terminó desechando esta idea. Esto es una clara señal de la intención del libro: los protagonistas son los niños, sobre todo Scout que es la narradora, pero la historia gira en torno a Atticus y un complicado caso que le encomiendan desde la justicia del Condado de Maycomb: defender a un hombre negro acusado de violar a una mujer blanca.

Como nos podemos imaginar, eso era algo que un hombre de bien de una pequeña ciudad de Alabama no podía hacer. Según la mentalidad de gran parte de los vecinos de los Finch, los negros son sujetos que por naturaleza tienden al mal, por lo que no merecen una defensa ante un tribunal. Merecen ser condenados desde el momento en que un blanco diga que han delinquido. Esto hace que la atmósfera en la que viven los protagonistas se vuelva un tanto viciada de ocio y cuchicheos. A esto hemos de añadir que en la casa de los Finch trabaja Calpurnia, una criada negra que se encarga de hacer las tareas de la casa y de impartir la educación a los niños mientras que el padre está fuera de casa. Esta es una familia especial en Maycomb, puesto que, a pesar de que tienen una criada negra, estos la consideran como una “igual”.

Así, con el padre de familia inmerso en un polémico caso, con una criada negra a la que parecen no maltratar por el hecho de ser negra y con unos niños a los que no se les han enseñado prejuicios raciales, la familia Finch se granjea comentarios desagradables, murmullos de desaporbación e insultos. Amanegros es uno de los insultos que reciben los niños de algunos de sus compañeros. Y es que Matar un Ruiseñor también está catalogada como una novela de aprendizaje o Bildungsroman, dado que se muestra cómo los infantes se van educando en lo que ven, oyen y se les transmite.

La obra al completo está escrita a través de los recuerdos que Harper Lee tiene del pueblo en el que pasó su infancia, basándose en algo que sucedió en un pueblo cercano al suyo en el año 1936. Ella nació en Monroeville, Alabama, pueblo en el que trabó una fuerte amistad con el también escritor Truman Capote, y de sus recuerdos de la infancia elaboró esta novela. La intención, de hecho, era la de publicar una serie de relatos cortos, pero un agente literario amigo de Capote la animó a unirlos en una novela, de donde nace Matar un Ruiseñor.

Y así, de una serie de casualidades nace esta obra, en la que se trata de mostrar y criticar el racismo latente en los Estados Unidos, así como acabar con los prejuicios que se tienen sobre los negros. La idea de la obra es mostrar el punto de vista de unos infantes a los que no les ha dado tiempo a aprender ni a asimilar la cantidad de prejuicios y pensamientos negativos que los adultos podemos llegar a tener, desde el racismo o el clasismo hasta el odio y la maldad, a pesar de que la autora se exprese en estos términos utilizando la voz de Atticus:

“-…Atticus, era un buen chico de veras…(…)

-La mayoría de las personas lo son, Scout, cuando por fin las ves.”

Otro objetivo es el mostrar como la educación es parte fundamental en la vida de toda persona. Los insultos que los niños reciben, la forma de educar en las escuelas de la época, la desigualdad entre las personas analfabetas y las que no lo son… todo ello está expresado en la obra en forma de una crítica feroz. Encubierta, eso sí, en las situaciones cómicas y a ratos dramáticas que sufren los protagonistas, pero presentes a lo largo de toda la novela.

El estilo de Matar un ruiseñor es apabullantemente sencillo, como si de una novela juvenil se tratara. El transcurso de la obra se da de una manera cercana a lo cinematográfico con descripciones breves y rápidas que no interrumpen el desarrollo pero tampoco limitan en absoluto para hacerse una idea de los personajes y los entornos. Pero tampoco se podría esperar otra cosa. Recordemos que está narrada por una niña que al comienzo de la narración tiene 6 años y cuando finaliza alcanza los 9.

Esto la hace muy accesible a todos los públicos, y además hace que la lectura de sus más de 450 páginas se haga a la velocidad de la luz. Todo lo vemos todo desde la óptica de una niña, pero a su vez somos conscientes de que sucede algo más en el mundo que nos describen. Scout muchas veces no se da cuenta de cosas que sí nos damos cuenta los lectores, lo que hace que la narración tenga un punto de atractivo: a veces vamos por delante del narrador. Así, el libro está plagado de situaciones en las que Scout pregunta lo primero que se le pasa por la cabeza a la primera persona que se la cruza, sea blanco o negro, sin distinciones, cosa que en su Maycomb natal no está para nada bien visto por sus vecinos, mientras que a los lectores nos parece adorable.

Matar un Ruiseñor es la única novela que Harper Lee publicó en vida, siendo esta tan importante que le valió para que a la edad de 81 años el ex presidente George Bush hijo la condecorara con la medalla Presidencial de la libertad. Si bien es cierto que la obra hoy en día está inmersa en una polémica que emborrona un poco el aura casi mística que tiene el título Matar un Ruiseñor.

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Harper Lee en la gala donde recibió la medalla

Notoria es la polémica que rodea a la obra en la actualidad, si bien no tiene en absoluto nada que ver con el libro ni con la literatura. Como se ha dicho, esta obra está considerada como una de las más importantes en cuanto a la lucha en contra de la discriminación racial en los Estados Unidos, sin embargo, hay escuelas en este país que la están eliminando de los programas educativos por “fomentar insultos racistas”. Este argumento se da en base a que en la novela (en sus ediciones de habla inglesa) reproduce la palabra nigger, cuya traducción sería algo así como negrata, lo que puede llevar a los chavales que la lean a decírselo a sus compañeros negros y así denigrarles.

Por un lado, me atrevo a decir que este comportamiento es profundamente estúpido. Desterrar un libro de unas aulas porque reproduzca una manera de hablar que se empleaba en la Alabama de los años 30 y que hoy en día se sigue utilizando en Estados Unidos (que se lo pregunten a cualquier amante de la música negra o urbana actual), sería como enseñar con una venda en los ojos. ¿O es que acaso la educación se ha de basar en ocultar a los infantes todo aquello que nos parezca mal?

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