Black Mirror: Crocodile

Dos joviales, colocados y embriagados jóvenes (Mia y Rob) vuelven de una noche de juerga en su coche por las escarpadas y nevadas carreteras de Islandia. Lo están pasando de miedo; ríen y fuman marihuana a la vez que recitan las letras de las canciones que el equipo de música instalado en el salpicadero del coche reproduce. Acaban de salir de una discoteca y tienen aún el ánimo por las nubes. Hasta que la realidad decide chocar contra el parabrisas de su coche. Un ciclista muerto, miedo de ir a prisión por culpa de haber matado a una persona inocente a causa de su mala cabeza y un saco de dormir rellenado con piedras y un cadáver que acaba en el fondo de un lago. Este es el amable inicio del tercer capítulo de la cuarta temporada de Black Mirror.

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Y no esperen que durante el desarrollo de Crocodile se dé un poco de tregua al drama por parte de Charlie Brooker (guionista) o de Jonh Hillcoat (director). La pobre Mia (notablemente interpretada por Andrea Riseborough) no va a tener ni un minuto de tranquilidad. Más bien no lo van a tener las personas que se cruzan con ella.

Todo comienza a torcerse 15 años después del fatídico atropello, cuando Mia da una conferencia en la ciudad en la que vive Rob. A pesar de que este fue el ideólogo de tirar el cuerpo del ciclista al lago, ahora se arrepiente y le dice a su amiga sus intenciones. Ha conseguido salir del alcoholismo y quiere redimirse. Sin embargo, Mia está felizmente casada, tiene un hijo y un buen trabajo, situación a la que no piensa renunciar por nada del mundo. Tal es su deseo de no renunciar a su acomodada vida que mata a su amigo. Así, Mia se ve envuelta en una espiral de violencia y de infructuosos intentos de tapar sus culpas.

De lo más destacable de Crocodile son las carreteras de montaña islandesas, así como la interpretación de la protagonista, pero le falta algo. El dilema de poder leer la mente a placer para descifrar crímenes y en este caso dar beneficios a una empresa aseguradora es preocupante y traumático, sin embargo no queda bien explicado si el “recordador” es un simple lector de mentes que registra lo que piensa el que se somete a él o muestra lo que le pide el que hace las preguntas.

En Crocodile, al igual que en USS Calister, da la impresión de que Black Mirror no deja del todo dilemas y preocupaciones sociales sobre la tecnología, pero deja entrever un problema de la propia serie: se personaliza en exceso dentro de rocambolescas historias llevadas al extremo. En el caso de Crocodile se hace en el cuerpo de lo que aparenta ser una mujer normal que acaba convertida en una suerte de asesina en serie. Todo por encubrir un error del pasado.

Otro punto negativo es la falta de novedad en el argumento. Salvo el hecho de poder bucear en la mente de las personas para obtener información, la historia de la protagonista ya la conocemos desde el principio, puesto que es un tópico recurrente en series y películas: el personaje que sin saber muy bien cómo, acaba actuando mal y se siente dentro de un pozo y, en un intento inútil de arreglarlo, comete errores mucho peores hasta acabar ahogándose. En definitiva, Crocodile es un capítulo con una buena idea sobre un problema que puede suponer la tecnología para la mente y la libertad de las personas, pero que se queda en poco a causa de la historia humana que contiene.

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