Black Mirror: Arkangel

En el característico futuro no muy lejano en el que suele situarse Black Mirror en los más de sus episodios, un único invento revoluciona con su aparición la existencia humana, mientras que el resto del entorno y sociedad se mantiene relativamente constante. Quizá el acierto principal de la serie de Charlie Brooker haya sido hacer que estos inventos suelan dar inmensas posibilidades a los que los utilizan, posibilidades que siempre (obviando, quizá, San Junipero) tienen una cara oscura, unos efectos indeseados. Así, de forma muy parecida a lo que ocurre en Tu historia completa con el “grano”, el episodio y chip cerebral experimental Arkangel altera la sociedad drásticamente en uno de sus casi infinitos nodos, en este caso la relación entre padres e hijos.

ffsfsdf

Marie (Rosemarie DeWitt) decide hacer injertar Arkangel a su hija, Sara (interpretada por Sarah Abbott y Brenna Harding) , tras desaparecer esta durante un par de angustiosas horas. El chip va anclado a una unidad parental, una especie de tablet donde Marie puede ver el estado de salud de su hija, su ubicación GPS y lo que ven sus ojos a tiempo real. Por si todo esto fuera poco para con la privacidad y libre albedrío de la infanta, Arkangel también permite incorporar una especie de control parental, que consiste básicamente en que, cuando una situación estresante altera los niveles en sangre de serotonina de Sara, la persona u objeto que provoca este cambio se pixela, de forma similar a cómo ocurre en Blanca Navidad con los apararitos que permiten bloquear personas.

Las posibilidades, positivas y negativas, que introduce este invento en las vidas de madre e hija están ahí desde el inicio de la narración. A este respecto, la única tensión que tiene visionar este episodio es saber qué acabará primando, si los impactos positivos de este invento o los perjudiciales. Y es que lo que aumenta la protección de los hijos, suele implicar, por contrapartida, una reducción en la libertad y la capacidad de discernir por sí mismos en los más pequeños.

Por ejemplo, el sistema GPS evitaría, o cuanto menos dificultaría, una desaparición forzosa. Por el contario, este mismo sistema, aunado a la posibilidad de poder ver en vivo lo que hace Sara, posibilita que Marie sepa con quién queda su hija, así como dónde y para qué; y cuando Marie ve que una Sara quinceañera queda con un chico para tener relaciones sexuales y esnifar cocaína, decide aumentar el control e injerir en su vida sin que ella siquiera lo sepa.

En este punto conviene destacar que la dirección de este episodio recayó sobre Jodie Foster (directora de películas como Money Monster o El Castor) y que la labor realizada por la aclamada actriz (El silencio de los corderos, Taxi Driver, Contact… ) es encomiable. Foster, en una entrevista para Variety, resumió la relación entre madre e hija afirmando que Marie, con su comportamiento sobreprotector, había provocado lo que se denomina una “profecía autocumplida”, es decir, que engendró “el resultado que más temía” al aumentar la dependencia de su hija, lo que lleva finalmente a incluso tomar el control de su cuerpo (en el momento en el que decide añadir al batido mañanero una dosis de pastillas del días después). Este último hecho provocará que Sara entre en furia y golpee hasta la inconsciencia a su madre con la unidad parental, tras lo cual huirá con un camionero.

Quizá el punto más interesante de este episodio sea todo lo relacionado con el ya citado control paternal. En la recién mentada pelea, Sara sabe que está dando golpes a su madre, pero el pixelado la impide ver hasta que punto le está haciendo daño, al igual que en su infancia la impidió ver porno o siquiera peleas infantiles en el patio del colegio. Más allá de estos ejemplos concretos, lo interesante de este control, incorporado en Arkangel como un servicio complementario cuya activación es solo opcional, es que este estilo de servicio formaría en la realidad colas interminables de padres y madres deseosos de ahorrarles a sus hijos todas esas imágenes truculentas o perturbadoras que anidan internet y los recovecos de la vida nocturna. Sin embargo, el estrés y el miedo están ahí por una razón. Si no, ¿cómo diferenciaríamos a un lindo gatito de una locomotora que se nos acerca a mil por hora?

Las malas experiencias enseñan. No vivirlas en su momento nos sitúa en una burbuja que finalmente reventará, y en ese momento estaremos, debido a la sobreprotección, aún menos preparados para enfrentarnos a nuestros miedos. Y es que velar la cara más cruenta de la realidad no hace sino aumentar la mitificación y el desconocimiento sobre esta cara y, consecuentemente, disminuye nuestras posibilidades de enfrentarnos a ella. Del mismo modo, no sería baladí preguntarse cómo reaccionaría ante las vicisitudes más amargas de la vida una generación entera con este filtro activado.

Como dijo mi reputado colega en coalición al primer capítulo de esta cuarta temporada, el “problema” de Black Mirror es que ha pasado de poner el foco en la tecnología, en los inventos locos pero creíbles, a centrarse e personajes e historias locas. El acierto de este capítulo, consecuentemente, se debe al hincapié que hace en un invento cuyas repercusiones son fácilmente extrapolables a la sociedad actual en su conjunto, no sólo a Marie y Sara. Sea como sea, existen mejores métodos para provocar la inquietud e interés del espectador que finales a lo Christopher Nolan ; y Black Mirror, en sus últimas temporadas, no deja de hacerlos. Playtesting es la mejor y peor prueba de ello.

Anuncios

3 Comments

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s