Black Mirror: USS Callister

El primer episodio de la cuarta temporada de Black Mirror trata un punto de la sociedad contemporánea que ha sido el eje de varios episodios: la realidad virtual. Pero al igual que en anteriores ocasiones, el resultado deja mucho que desear. Puede que sea por el desarrollo del capítulo, de los personajes o, simplemente, porque el tema está siendo estirado como un chicle, quedando insaboro y deforme.

La trama de USS Callister aburre y hace pensar en el porqué los capítulos de la serie creada por Charlie Brooker empiezan a durar más de los sesenta minutos habituales. Para no contar nada, mejor ser breve.

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El problema fundamental de la serie en la tercera y -todavía no lo puedo asegurar pero imagino- cuarta temporada es que se ha pasado de tratar temas relacionados con la tecnología y el posible efecto que tendrían en el mundo a casos muy concretos con personajes que priman por encima de las ideas. Se ha pasado de los conceptos al espectáculo.

La calidad de la serie a nivel audiovisual sigue siendo excelente, en diversos apartados, y con la misma estética, muy reconocible. Pero el nivel argumental ha caído en picado. Las temáticas expuestas son el pretexto para contar un drama comercial en el que los buenos o malos son los protagonistas, no la tecnología. Si el uso de la tecnología era el enemigo de la serie, y lo que la volvió tan interesante, eliminar el foco de ahí es lo que está dinamitando su calidad.

En cuanto al episodio, USS Callister cuenta la historia del responsable creativo de una empresa creadora de un videojuego online de realidad virtual. Este diseñador es pisoteado por todos, tanto trabajadores como su compañero al mando de la compañía. A pesar de ser él el genio detrás de la idea, nadie reconoce su valía.

Para vengarse crea un parche del juego al que solo tiene acceso él desde su casa en el que todo está basado en Space Fleet, su serie preferida. Esta serie es un claro guiño a Star Trek. Para ello usa un invento que necesita el ADN de los miembros de la compañía que detesta y los introduce en el juego.

La duda que nace aquí es: ¿este es un problema real para la población? Cierto que la realidad virtual sí, ¿pero clonar copias virtuales con su ADN?

Las copias son conscientes de que están encerradas y quieren liberarse. Finalmente lo consiguen gracias a una serie de intrincadas y complejas cabriolas que unen el mundo virtual y el analógico. El protagonista y demiurgo de ese mundo queda encerrado en el juego, previsiblemente para siempre. Y recibe su castigo, cómo no.

Como los responsables de Black Mirror se están acostumbrando a castigar a los que no cumplen con la moral vigente, espero que ellos sufran el mismo castigo por empezar a producir contenido audivisual innecesario..

Así, este capítulo recuerda a Playtesting, el segundo de la tercera temporada. El resultado de esta pieza también fue defectuosa, y es que no se sabe el motivo por el que los guionistas de la serie tienen tanta tirria a la realidad virtual. Y tan poca capacidad para atacarla con coherencia.

 

 

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