Juramento hipocrático

Nací con el cordón umbilical atado al cuello. Un síntoma de que mis ganas de vivir serían escasas o un spoiler, valiéndome de la terminología contemporánea, de lo que debe ser mi suicidio. Según cuentan mis progenitores, partiendo para ello de lo que dijo el doctor, que a su vez se valió para decir eso de los conocimientos adquiridos en la universidad, unos saberes fundamentados en un cuerpo teórico que tiene sus raíces en siglos de historia médica y de esta manera podríamos remontarnos a Hipócrates, aunque sería hilar muy fino, pero el caso es que mis progenitores dicen que salí de color morado y casi muero el día de mi nacimiento. Y yo me lo creo.

La versión larga es que mis padres estaban una calurosa noche de finales de verano en casa de mi tía segunda Mari Nieves, que es prima materna de mi hermana, pero que tiene gran parecido con mi abuela, ya que su madre, cuyo nombre no recuerdo y me da vergüenza preguntar, y mi abuela Petra son hermanas. Y la genética es lo que es.

Pues esa calurosa noche de finales de verano estaba todavía yo en el vientre de mi madre, retrasando un par de semanas mi nacimiento, incapaz de desconectar mi vida de la suya. Debo reconocer que han pasado 23 años y sigo unido a mi madre de una manera casi umbilical. Aquí entramos en una cuestión edípica que es mejor que analice mi psicoanalista, que para eso le pago. Y una cantidad considerable.

Pues esta calurosa noche de finales de verano (disculpen las digresiones, intentaré acelerar el ritmo narrativo en pos de la fluidez del relato) nací yo estando de visita mi madre en casa de mi tía Mari Nieves y empezar (mi madre) a reírse de manera descontrolada, aunque no recuerda el motivo. Ella creía que se había orinado encima, demostrando haber olvidado también lo que era romper aguas, algo que había vivido tan solo dieciocho meses antes, debido al nacimiento de mi hermana.

En el hospital, al que llegaron el día 7 de septiembre de 1994, bien entrada la noche, nací yo. Aunque lo cierto es que fue al día siguiente, por la tarde. Volvemos al conflicto edípico y a la imposibilidad de despegarme de la madre, ni siquiera de sus órganos internos.

En cuanto a lo que ocurría en el mundo en esa época, gracias a la labor de digitalización que realizaron esforzados periodistas, que seguramente estén en el paro debido a la crisis del sector, he descubierto que los temas del momento eran Cataluña («Jordi Pujol califica de “insuficiente” el estatuto de autonomía», titula el diario El País en su portada) y Cuba («Cuba, sí; Castro, no», es como abre el diario ABC). Lo único que ha cambiado es que ya no están ni Jordi ni Fidel.

Hay una frase de Roberto Bolaño en Los detectives salvajes que dice «Todo lo que empieza como comedia acaba como tragedia». Yo, que empecé como comedia, y que casi me convierto en tragedia. Otra frase de Bolaño, del mismo capítulo de Los detectives salvajes, dice que «Lo que empieza como comedia acaba como marcha triunfal, ¿no? ». ¿No?

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