Quarry (2016)

En su primera temporada, emitida en el 2016, Quarry no destacó por haber destacado, valga la redundancia. La serie quedó en un segundo plano, pasando desapercibida para el gran público, a pesar de haber recibido muy buenas reseñas y opiniones de la crítica. El hecho de que se emitiera en la prácticamente desconocida cadena de pago Cinemax (hay quien la llama “la hermana pequeña de HBO”) tuvo mucho que ver, así como lo mucho que le cuesta arrancar a la trama.

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Querry está basada en la serie de novelas de Max Allan Collins sobre un francotirador del ejército norteamericano que participa en la guerra de Vietnam y que, tras volver de combatir, se ve incapaz de integrarse de nuevo en la sociedad que supuestamente fue a defender, convirtiéndose en un asesino a sueldo. Logan Marshall-Green interpreta de forma notoria al protagonista absoluto de la serie, Mac Conway (Quarry) que, tras las adaptaciones pertinentes que hicieron los guionistas para que fuera un producto televisivo, ya no es un francotirador de Iowa, sino que es un hombre atormentado de Memphis que participó en la masacre de Quan Thang y ahora se ve incapaz de ser aceptado por las atrocidades que cometió en la guerra.

La trama tarda en arrancar, dando la impresión de que el argumento deja de importar en muchos momentos de la serie, lo que da pie a que nos sumerjamos en la angustiosa atmósfera que construye el director, Greg Yaitanes, de la que hay que destacar tanto el lugar, Memphis, Tenessee; el conjunto de personajes variopintos y llamativos que dan vida a la historia, y a la excelente fotografía; a la vez que disfrutamos de la excelente banda sonora, siempre ligada a la ciudad de Memphis y el río Mississippi. En este periplo en el que parece que la trama no importa, descubrimos un elenco de personajes desquiciados y desesperados, deseosos de tener una vida como las que ven en sus vecinos, personas normales de clase media con familia, trabajo y estabilidad; pero incapaces por culpa de sus propios diablos, temores y ansias de autodestrucción. Si al desquicio de los personajes le sumamos el de la sociedad estadounidense de la época con la la primera victoria a la presidencia de los Estados Unidos de Richard Nixon y la consiguiente continuidad de la guerra de Vietnam, las revueltas racistas en ciudades con amplias poblaciones de negros (como es el caso de Memphis), o el drama de los juegos Olímpicos de Múnich del 72, nos resulta un cóctel de sensaciones a priori desagradables.

Pero a medida que la serie avanza y nos vamos adentrando en la trama, estas sensaciones de desquicio nos dejan de importar, tanto que a veces no nos damos ni cuenta, dado que la trama se va antojando más interesante. La profundidad psicológica de los protagonistas está muy conseguida, sobre todo la de Quarry y su mujer. El desarrollo de la serie es lineal, si bien hay algunos flashbacks en los que se nos dan detalles del pasado de Quarry, sobre todo asociados a su trastorno de estrés postraumático.

Desde que vuelve de la guerra, Quarry ve todos sus sueños truncados: la relación con su esposa se ha estropeado hasta límites insospechados, el haber sido un héroe de guerra no le ayuda a conseguir trabajo por haber participado en la matanza de Quan Thang, y el rechazo familiar y social es notorio. Así, un hombre llamado The Broker se pone en contacto con él y le ofrece un buen dinero por ser asesino a sueldo. Habiendo ya matado en la guerra por unas causas que no estaban del todo claras, ¿qué más da matar por un buen puñado de dólares? Pero Quarry anhela esa vida de ciudadano de clase media.

Sin embargo su mejor amigo, Arthur (Jamie Hector o para los amantes de The Wire, Marlo), acepta el trabajo y le pide ayuda a Quarry, con la mala suerte de que este resulta muerto. El mismo dinero que Quarry había rechazado ahora ha de devolverlo, dado que su mejor amigo lo aceptó sin complejos, pero nadie sabe donde está. Así, nuestro protagonista se convierte en un asesino a sueldo a regañadientes, aunque según la serie avanza nos damos cuenta junto al protagonista de que este no quiere ni sabe hacer otra cosa que no sea ir a la guerra o matar.

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La serie de Quarry es un buen material para sumergirnos en una época de la que hoy apenas recordamos nada, en una ciudad olvidada pero con una riqueza musical enorme plasmada en la banda sonora de la serie y, por qué no decirlo, para darnos cuenta de las hipocresías morales que somos capaces de construir las personas para justificar nuestros defectos, anhelos y actitudes. También es un recuerdo constante del cine de los años 70, con bigotes y pantalones de campana en cada escena, los ambientes llenos de humo de tabaco y sus aliños y aquellos coches tan exuberantes que conducían los estadounidenses. A esto hemos de sumarle el homenaje a Apocalypse Now que se nos brinda en un momento de la serie, con una escena de guerra que merece completamente la pena ver al menos una vez.

 

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