Stranger Things T2

Los Mike, Dustin, Once, Lucas y Will han crecido en el tiempo que ha tardado Netflix en brindarnos la segunda temporada de una de las series que más repercusión está teniendo en el panorama internacional en los últimos años. Casi todo el mundo la ve, y los que lo hacen la terminan en unos pocos días. Las conversaciones sobre la serie no versan tanto sobre lo que sucede, que también, sino sobre el poco tiempo necesitado para ver los 9 capítulos de la serie o sobre lo rápido que se hace verla.

strang
(rockandpop.cl)

Nuestros chicos han crecido y se están convirtiendo en unos preadolescentes, con sus rebeldías y sus ganas de encontrar un amor, cosa que algunos de ellos logran, igual que a su vez crece el mundo del revés. Si en la primera temporada nos tuvimos que conformar con un monstruo, en esta se nos presenta un ejército de malignos demogorgones en forma de perro (“demoperros” para Dustin), y de una invasión corpórea a Will de un extraño monstruo. Mención especial para Winona Ryder en su papel de madre coraje y desesperada por el bienestar de su hijo.

Stranger Things nos ofrece algo muy parecido a lo que vimos en la primera temporada, con el único cambio de que los personajes son un poco más viejos y que la trama se tuerce más, tanto en el plano personal de los protagonistas, como en la propia trama. Y es que las historias de amor y desamor se entrelazan con una dimensión paralela mucho más fuerte que nunca y más dispuesta a hacer daño, con una Once con más poderes y unos chicos más inteligentes que la temporada anterior. Nueve capítulos en lugar de los 8 de la primera temporada, de los cuales hay un capítulo que es prácticamente prescindible, pero aun así la serie está construida para que guste y se vea con la facilidad con la que uno se toma una caña un domingo a medio día.

Stranger Things 2 es un poco como esa pizza que se prepara para cenar: la sacas del envoltorio de plástico y la metes al horno, que no al microondas (la aberración de hacer pizza al microondas merecería un escrito aparte), y esperas los larguísimos ocho minutos que tarda en hacerse. Y una vez está hecha llega la perdición. Comes siempre más allá de tus posibilidades solo por el hecho de comer. Ya sin hambre pero sí con muchas ganas del último pedazo de pizza, coges el que es tu último trozo del día y lo degustas con una sonrisa en la cara y con un posterior remordimiento por la pesadez que te dejará en el estómago. Pero no importa, tus impulsos son más fuertes que tú. Pues los “demoperros”, “el mundo del revés” y las historias de los personajes a los que hemos cogido un sentido y a la vez efímero cariño nos transmiten un extraño impulso de no poder dejar de estar con ellos.

Y es que es notorio que la segunda temporada de Stranger Things se ha hecho para ser consumida compulsivamente sin ninguna piedad por la salud y la vida social de los que nos enganchamos en la primera temporada. Lo que ya no tengo tan claro es si el hacer una serie para ser consumida de esta manera logrará mantener ese sabor y ese recuerdo que otras series y películas sí dejan y que hace que las recordemos con la nostalgia que nos da ver Stranger Things. La serie nos evoca películas que, si bien muchos ni habíamos nacido cuando se estrenaron, sí que las hemos visto y han logrado almacenarse de alguna u otra forma en nuestra cabeza. ¿Logrará quedarse Stranger Things como un tierno recuerdo o nos olvidaremos de ella a la misma velocidad que la hemos visto hasta que Netflix cuelgue la siguiente temporada?

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