El Síndrome de Venecia (2012): el problema del turismo masivo

El Síndrome de Venecia es un documental de producción alemana que nos explica a través de los propios ciudadanos venecianos lo que, desde su estreno, se comenzó a denominar como “síndrome de Venecia”. Con esto se alude a un problema latente con respecto a las industrias turísticas, sobre todo con lo que respecta al turismo masivo, que está acabando con la vida en las ciudades turísticas tal y como se las conocía hace apenas diez o quince años, para pasar a ser un parque temático de sí mismas.

El documental, alarmante de por sí, se queda corto con los datos de turismo que se han alcanzado en el año 2016: 100.000 turistas diarios y unos 33 millones en total. Casi nada, lo que ha obligado al ayuntamiento a imponer medidas un tanto surrealistas para ayudar a los ciudadanos a tener una vida “normal”.

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El desarrollo del documental se da a través de algunos ciudadanos que dan la cara y nos cuentan lo que sucede en Venecia desde su punto de vista: una descendiente de la nobleza veneciana que ahoga su desasosiego por la pérdida de vida autóctona de su ciudad en cigarrillos; un arquitecto que se dedica al negocio inmobiliario preocupado por el estado del patrimonio arquitectónico veneciano; un hombre que se dedica a las mudanzas que, ante la crecida de los precios del alquiler ha de abandonar la ciudad en la que lleva viviendo 30 años; un gondolero jubilado; una guía turística o un gran empresario turístico contento de que el ayuntamiento vaya a permitir entrar en la ciudad cruceros aún más grandes. Entre otros.

Cada ciudadano nos da su punto de vista, pero a lo largo del documental gana peso la queja y el hartazgo ante el turismo que ellos llaman “take away”; es decir, el turismo de gente que solo quiere divertirse e ir a los lugares para hacer fotos, sin centrarse en valorar el lugar en el que están y a la gente a la que visitan. “Su único propósito es disfrutar cuando lleguen a casa y vean las fotos que han hecho”, comenta un músico veneciano. Aluden también al cambio de modelo de turismo: antes eran personas que disfrutaban de Venecia periodos de hasta dos semanas seguidas, pero ahora son  viajes rápidos de uno o dos días movidos por las compañías de cruceros, las aerolíneas baratas y los apartamentos de alquiler turísticos.

crucero

Si bien es cierto que todos asumen que el turismo es su forma de vida, a su vez se lamentan de que los negocios tradicionales de la ciudad han ido desapareciendo progresivamente en favor de la industria turística, y de que las instituciones no les den otras posibilidades de ganarse la vida, ni siquiera les den los servicios que creen necesarios para su día a día. De hecho las administraciones ante su falta de medios están cerrando servicios públicos que se dan en edificios históricos de la ciudad para venderlos a empresas privadas y tener así más ingresos.

Según el documental los turistas acuden a un ritmo de algo más de 50.000 diarios, aunque ya hemos visto que en la actualidad son el doble del número de habitantes. El problema es que los beneficios no son todos para los habitantes o el ayuntamiento, son para las empresas que gestionan los apartamentos, cruceros, tiendas, etc… Estos pagarán sus impuestos allá donde tengan la sede fiscal, que no necesariamente ha de ser la ciudad donde desarrollan su actividad, mientras que la ciudad en la que operan sí ha de mantenerse a punto para el turismo: todos los gastos de limpieza, seguridad, etc… corren a cargo de las arcas públicas, mientras que los beneficios se los quedan los negocios, cosa que puede hacer estragos en los presupuestos municipales.

La principal razón que se nos da de la marcha de los ciudadanos es el incremento de los precios de las viviendas. Aluden que los precios de las casas están en torno a los 12.000 euros el metro cuadrado (para hacernos una idea el más caro de Madrid no llega a 6.000 euros, según la web de Idealista), lo que es a todas luces algo inaccesible para ciudadanos de clase media. Los alquileres suben y los venecianos que no posean su propia casa se ven obligados a irse de la ciudad. Esto repercute en que las casas sean compradas por millonarios ostentosos de Italia y de todas partes del mundo, pero que no habitan esas viviendas. Las utilizan un par de veces al año cuando van de visita, lo que acaba minando el tejido comercial y la cohabitación entre los vecinos.

“Hace 20 años Venecia tenía alrededor de 200.000 habitantes (…) Hoy viven algo más de 50.000 personas en Venecia, poco más que después de la Gran peste de 1483”. “Para el año 2030 se estima que no quede ningún habitante en la ciudad”.”

Estos datos son demoledores; la pérdida de ciudadanos en Venecia está siendo a un ritmo similar al de la Peste desatada en la ciudad en 1628. Venecia se ahoga al mostrar su propia belleza. De hecho, la Unesco ha amenazado a la ciudad con retirar su estatus de Patrimonio de la Humanidad si no soluciona el problema de la masificación turística.

Es la pescadilla que se muerde la cola: el turismo da dinero, se vuelca el sistema productivo hacia este, los precios de la ciudad se encarecen, los ciudadanos salen de las ciudades lo que deja más espacio para la inversión en el turismo, este se vuelve a incrementar y así hasta convertirse en un parque temático en el que todo se haya vendido. El problema es que el turismo es un sector que da mucho dinero y está al alza en los últimos años.

Se están dando pasos hacia la regulación turística en diversas ciudades del mundo pero el debate está en qué medidas tomar. Si se toman medidas que incrementen los precios de los viajes, esto causará que el abaratamiento del turismo que han traído las nuevas compañías low cost con la consiguiente apertura del turismo a casi todas las capas sociales se acabe, y se de paso a un nuevo turismo de gentes adineradas. Pero restringir el turismo en los puntos de acceso es harto complicado: ¿se ponen cupos en los aeropuertos, carreteras y paradas de tren como si fueran “fronteras” controladas por funcionarios? El debate está abierto y requiere de respuestas que parecen no llegar.

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