The Young Pope (2016)

La trayectoria de Paolo Sorrentino como director es relativamente corta pero a la vez fructífera y contradictoria. Su mejor trabajo hasta la fecha en lo que a cine se refiere (al menos a los ojos de la crítica) es su película de 2013 La Gran Belleza, la cual le valió para ser nominado a los premios Goya en la categoría de mejor película extranjera, además de otorgarle el primer premio Óscar de su carrera en la misma categoría.

Pero vayamos a lo que nos concierne, que es la serie en sí. The Young Pope (en español el Papa joven), como su nombre indica, narra la historia de Lenny Belardo, el primer papa italoamericano de la Historia que además no llega a los cincuenta. Se le considera el salvador de la Iglesia Católica, conscientes del declive y la merma de seguidores que ha sufrido esta en los últimos tiempos.

leni
Lenny, the Young Pope (hbo.com)

Acostumbrados a los productos televisivos y cinematográficos que se refieren al Vaticano como algo conspiranoico, lleno de intrigas, y con maldades entre los hombres que se supone representan una de las instituciones que ha de ser más benevolente; o bien acostumbrados a narraciones sobre la vida de personas que siempre habían sido rectas, magnánimas e incluso santas, The Young Pope se aleja de todo cliché, si bien es cierto que al comienzo de la serie trata de dar la imagen de que va a ser del tipo “conspiranoico-malvada”, mientras que al final hay momentos en los que parece que se va a convertir en una ostia consagrada de las que dan en misa que, como tengas un poco de sed, date por atragantado. También hemos de reconocer que, si bien es cierto que sigue representando un papel secundario dentro de la jerarquía eclesiástica, en la serie se remarca el papel de las mujeres en el Vaticano como indispensable.

Sorrentino utiliza los medios que puso a su disposición la productora HBO (que fueron muchos) para hacer una serie en la que se tocasen todos los tópicos de las producciones referidas al papado, quedando como resultado una serie muy recomendable en la que vemos como su director busca (y consigue, sin duda) rendir homenaje a la parte espiritual de la humanidad, a la vez que trata de mostrar que las personas que dedican su vida al catolicismo pueden estar llenos de contradicciones, tentaciones y sentimientos encontrados. No siempre se puede ser bueno o malo del todo. Al fin y al cabo son personas.

De los intérpretes y de los propios personajes se podría hacer una entrada por separado de cada uno de ellos, dado que su construcción, profundidad e historia, además del desarrollo que sufren durante la serie, es enorme y con un gran fondo. Vamos a hablar un poco de los que considero son los cuatro personajes más importantes:

Lenny Belardo es un joven italoamericano con una mentalidad más propia del Siglo XVIII que del momento en el que le toca ejercer como Papa, dando por hecho que es el tiempo en el que se emitía la serie. Pío XIII, así es como se hace llamar, es interpretado a las mil maravillas por el polivalente Jude Law. Este es un huérfano al que sus padres abandonaron en un orfanato cuando era niño y, acogido por la hermana Mary, queda atormentado y con muchas dudas existenciales. Este es el protagonista absoluto sobre el que gira todo lo que sucede en la serie. Si bien es cierto que hay historias secundarias, el Papa siempre gana y va un paso por delante, para terminar monopolizando todo lo que ocurre. Fumador, retrógrado y calculador, nada de esto es equiparable al horror de su desayuno: una coca-cola cherry zero.

Diane Keaton (de la que como actriz poco más hay que decir) interpreta a la hermana Mary, acogedora de Lenny. Es una monjita a la que le encanta jugar al baloncesto y que duerme con una camiseta bastante…dejémoslo en picajosa. Es la guía de Lenny y es la que viajará al Vaticano cuando este es elegido Papa para cuidarle.

El personaje que, a gusto del que suscribe, es sin duda el más entrañable, es el Cardenal Voiello. Interpretado por Silvio Orlando, este personaje es un político del Vaticano con todo lo que ello conlleva. Comienza la serie como lo que se espera de él, un hombre dedicado a la intriga y sacrificado a lo que se supone es lo mejor para el Vaticano, pero según avanza la serie nos damos cuenta de que es un hombre como otro cualquiera. Tifoso del Nápoles, su ídolo es el Pipita Higuaín (si el hombre hubiera sabido de su traspaso a la Juventus…) y cuando le llaman por teléfono no le suena otra cosa que un cántico de la enfervorecida afición napolitana.

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Cardenal Voiello. (serielizados.com)

Haciendo un poco de orgullo patrio (y también sufriendo de debilidad) he de nombrar a Javier Cámara en el papel del Cardenal Gutiérrez. Este comienza siendo un cura normal y corriente, muy tímido y encerrado en sí mismo pero conocedor de todos los entresijos del Vaticano. Tanto  que logra llamar la atención del nuevo Papa. De esta forma entablan una relación un tanto especial pero con mucho sentido en la evolución de los acontecimientos de la serie.

Si nos referimos al argumento de la serie, viene a ser lo de menos en este caso. No se inventa nada nuevo en ningún momento. La vida del Vaticano, con todo lo que ella conlleva (viajes, recepciones, temas de estado, marketing eclesiástico, etc…), sumado a las vidas de los que en él viven y la evolución natural que puedan sufrir a causa de conocer a diferentes personas que se tornan muy importantes en sus vidas, son suficientes para el desarrollo de los acontecimientos. El guión no quiere cambiar la historia del Vaticano, bien como institución eclesiástica o como estado, simplemente sirve de escenario para demostrarnos evoluciones personales y hacer un homenaje a la espiritualidad de las personas.

Sorrentino utiliza la fotografía y sobretodo la iluminación para dar énfasis en la santidad y/o benevolencia de los personajes, jugando mucho con planos lumínicos sobre Lenny que, haciendo contraste con las exageradas ropas que este lleva, le hacen parecer un ser iluminado. También se aprecia la evolución en los demás personajes, que comienzan siendo seres más oscuros con protagonismo en interiores más sombríos a pasar a lugares externos más lumínicos y alegres, cosa que se aprecia en el Cardenal Voiello y en el Cardenal Gutiérrez.

Otro apartado que contribuye a que la serie quede más realista y se aprecie la evolución de los personajes es en sus voces y formas de hablar. Recomendado y, diría yo, obligado es disfrutarla en versión original por la mezcolanza de acentos provenientes de todas las nacionalidades del Mundo. Si bien es cierto que el idioma que se usa en el Vaticano de la serie es el inglés, cosa que en la realidad no ocurriría ni en sueños, es bonito ver acentos estadounidenses, indios, españoles… todos en el mismo sitio, además de las narraciones del Papa en latín y las conversaciones de los cardenales más veteranos en italiano.

En definitiva, The Young Pope es una serie de la que se espera una cosa completamente diferente de lo que realmente es. Y eso también es parte de su magia y de la buena construcción de esta: la serie no defrauda a pesar de que esperábamos algo diferente, y es una buena forma de darnos cuenta de que no siempre los clichés han de ser lo que necesariamente nos guste ver.

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