Crítica y contra-crítica de Blade Runner 2049

Tras salir de la sala de cine -o cinematógrafo- dos de los redactores de esta página cultural (que no civilizada), tuvimos un enconado debate sobre la calidad de Blade Runner 2049 (2017). Como no creemos en la violencia física para resolver conflictos (a no ser que no tengamos razón), tratamos de expresar nuestras diferencias mediante palabras:

Opinión de Luis Díaz

Lo único que demando a Blade Runner 2049 es que se pierda en mi mente como lágrimas en la lluvia. No es nada nuevo que desde la industria más demiúrgica del cine se intenten repescar (o regurgitar) proyectos antiguos y con trayectoria longeva para contar con una base de público consolidado y lograr buenas cifras en taquilla.

Es el caso de Blade Runner 2049, que lleva meses y meses de gira publicitaria a cuentagotas, rodeada de secretismo en torno a su trama. Solo se sabía que sería una secuela de la original y que, además de un reparto lleno de estrellas, estaría dirigida por Denis Villeneuve, autor de una cinta cargada de lirismo y grandeza visual como es La Llegada (2016).

Porque el tiempo pausado, reflexivo, lo busca. Y el apartado visual es apabullante. Pero tan lejos de la poética y de la capacidad de perdurabilidad que poseía la película que el mundo recibió en 1982 -y que tan malas cifras tuvo en taquilla- que no se puede dejar de pensar en este caso como un epítome de los tiempos: dinero y vacuidad.

La estética cyberpunk, el debate filosófico sobre los límites del hombre y la ciencia, la muerte y la existencia, son sustituidos por un mundo aséptico, digitalizado, que no quiere ofender a los acérrimos hinchas de Blade Runner y que logrará atraer a los que se metieron en la sala sin saber qué es un replicante.

Villeneuve vuelve a contar con Roger Deakins como director de fotografía, con el que ya trabajó en Sicario. Deakins ha estado trece veces nominado a los Oscar, pero todavía no ha ganado ninguno. Pero parte como favorito tras el trabajo realizado. Las localizaciones, los ambientes nevados o tan contaminados que todo se inunda de una luz naranja que emponzoña la vista.

Estas virguerías no hacen olvidar la fotografía oscura, lluviosa y fría, sucia e inmortal de la que dirigió Ridley Scott, el hombre detrás de la gestación de este proyecto. Al igual que le pasa a Roger Deakins, Hans Zimmer (diez veces nominado a los Oscar), responsable de la banda sonora junto a Benjamin Wallfisch, no tiene el empaque del trabajo que realizó Vangelis.

En cuanto al hermetismo que rodeó la secuela, la historia solo sirve para conocer que el montaje del director era el que importaba y no el de los productores. O lo que es lo mismo (spoiler), Rick Deckard era un replicante (fin del spoiler). Y Ryan Gosling por fin utiliza su inexpresividad con grandeza.

Posdata: durante la proyección tuve que echarme alguna que otra cabezadita. Calculo que me perdí un 40% del metraje, pero no fue necesario para entender la trama, ya que la explicaban mediante diálogos metidos a calzador.

Opinión de Stigma4

No será este humilde servidor, estimado colega, quien se atreva a contrariar su reputada opinión cinematográfica. Para ganarle a usted un debate en estas lindes, mi única posibilidad sería la de ser el mejor de los dos insultando (vease Schopenhauer). Sin embargo, en mi maniquea versión del asunto, Blade Runner 2049 merece ser salvada de las llamas de su tan legítima como viperina opinión.

Sea como sea, he de reconocerle que dice usted bastantes verdades en su artículo. Por ejemplo, es innegable que usted se durmió. Tampoco seré yo quien niegue, como bien dice usted, que “repescar (o regurgitar) proyectos antiguos” activa en el espectador la sospecha de que el expositor de la industria hollywoodiense carece de ideas frescas a la venta. Asimismo, no me parecería nada raro encontrarme con que el “dinero y vacuidad” son la pulsión prima que tienen las grandes productoras a la hora de dar el visto bueno a un proyecto. Sin embargo, ambas cosas (el copiar y el imperio del dinero) ya ocurrían por esos lares en los 80´s, y no es lo mismo hacer el Padrino II que Los Vengadores VII: El Armagedón.

Usted mismo dice que debe aplaudirse la estética de esta película, por mucho que la considere el retrato de una rosa y no la rosa original en sí, que en este caso sería la cinta de Scott. En las ciudades pintadas en la secuela de 2017, impera el impersonal color gris.  Y es que los colores aquí (salvo en el mar de arena que se ha convertido Las Vegas y en el vertedero esclavista que es San Diego) pertenecen en exclusiva a los hologramas publicitarios y al departamento de policía de Los Ángeles, urbe que no es sino un inabarcable cáncer visto desde una nave espacial. Asimismo, la cinta original peca de antigua en todo lo relacionado con la tecnología, pues todo ordenador recuerda al MS-DOS.

En lo que respecta al argumento, discrepo con que Denis Villeneuve eluda el debate entre los límites de la máquina y el hombre, si bien acepto que no alcance esta veces cuotas existencialistas. En el filme de Scott, un apuesto Harrison Ford duda sobre si es máquina o hombre, siendo finalmente máquina. En esta, por el contrario, es un replicante inexpresivo el que llega a convencerse a sí mismo de que es un hombre sentimental, para acabar siendo replicante. Asimismo, esta vez el que ha engañado a la conciencia de la maquina no ha sido el ser humano, sino otro replicante.

Sea como sea, no niego que la película tiene múltiples secuencias bastante cutres. Sin ir más lejos, puede servir de ejemplo la facilidad con la que se puede matar a policías en las comisarias de un digitalizado Los Ángeles en 2049 o la secuencia de acción irrisoria con la que se conocen los dos protagonistas masculinos de esta cinta. Asimismo, varios diálogos recuerdan a aquella escena de Interestelar en la que un astronauta explica a otro que es un agujero de gusano en versión E.S.O.

PD: Espero que la siesta no le haya trastocado el sueño nocturno. Por mi parte, tras ver esta película he de reconocer que vi otra: Posesión… Su visionado, además de hacerme poner los ojos en blanco como a su protagonista (también estuvo cerca de hacerme vomitar), no hizo sino reforzar mi creencia de que no había perdido el tiempo viendo Blade Runner 2049. Además, la otra alternativa es trabajar.

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