Torrezno 8º

En las profundidades de la Castilla española estábanse unos muchachos sin dar pie con bola. Éranse las fiestas patronales de su pueblo y tras un periplo de dieciséis horas bebiendo, aburríanse los chavales, pues ya ni conjunto musical ni bares, ni mujeres ni nuevas gentes; únicamente seis borrachuzos sobrevivientes.

Dábanle como podían al coco, atrofiado de tanto bebercio, estaban moco, por lo que la primera idea que surgió, resultó ser la conclusión: “Hay unas buenas mozas allá en su casa durmiendo, y como me estoy aburriendo, no encotrare mejor pasatiempo que irlas a molestar. Su casa no está muy lejos yendo por donde el cura, torciendo luego a derecha y recto luego un poco más.”

Allá se fueron los machos, las calles se les estrechaban, pero ya poco importaba pues tenían algo que hacer. No queríanse ir a dormir, y ante la ausencia del joder ya tenían a donde ir. El grupo era heterogéneo, cada tío de distinto gremio, y en la casa de las tipas y ante la falta de respuesta, despertose la mente del genio y el surrealismo comenzó:

                “Doleme mucho la mano de tanto aporrear la puerta, casi rompo una ventana tras tirarla una piedra, y entrar por la chimenea y marcarme un Papá Noël, me parece imposible sabiendo que paso los cien. Mi anchura no me lo permite, sino ya estaría dentro, pero se me está ocurriendo una idea aún mejor. Como irse a cama es pecao sin tomar un buen almuerzo y el bar no está abierto para poderlo pedir, pidámoselo a las mozas aunque no quieran abrir. Tumbaríame yo en el suelo, tieso como un ladrillo, justo enfrente de su puerta y ustedes me han de coger. De los brazos y las piernas, libre queda la cabeza, y con un grande impulso, a su puerta llamaré. Sin nudillos, eso es fácil, y semos gente de bien, así que usaré mi mollera, dura como el granito, para llamar a su puerta y pedirlas el chorizo.”

Unánime fue la aprobación, los personajes admirados de que como el más mamado voluntario se ofreció. Su salud puso en juego y su cerebro en alto riesgo, todo para pasar el rato y conseguir un buen almuerzo.

Y allá que fueron los  mozos. Los más flojos de las piernas, los fuertes de las axilas, y el que más sobriedad tenía desenfundose el móvil pá grabar. “¡¡¡Un, dos tres!!!” Porrazo contra la puerta. “¡¡¡Un, dos, tres!!!” Portazo sobre la cabeza. Dejáronle al hombre otra vez en el suelo, mirada perdida, risas, pero ni rastro del almuerzo. La impaciencia atenazaba, las mozas no contestaban y si algo es gracioso, y mucho más cuando se bebe, superarlo en risa consiste en volverlo a repetir.

Agarráronle otra vez al ariete humano, y ya con total descaro, lo usaron de proyectil. El procedimiento  fue el mismo y mismos los participantes, pero en lugar de sujetarle al chocar cabeza y puerta, lo que se decidió fue empujar con más fuerza, y antes de golpear la entrada, lanzar el cuerpo sin más. Imagínense la escena: un ariete humano lanzado  contra una puerta por tíos mamados a modo de proyectil. Ante la ausencia de respuesta, de mujeres y de almuerzo, no quedales otra, amigos, que retirarse a dormir.

Lo mejor de aquesta historia es que es cien por cien real y el ariete al día siguiente no dejaba de jurar: “Mi cabeza está sana, no me duele esta mañana más de lo que dolería una resaca del copón. Consciente soy hoy de lo que ayer hice, más reconozco caballeros, que mi conciencia no existía. Pero con mucha osadía y un poco de chulería, les afirmo señorías, que dáreles que hablar, como que me llamo Pacorro, se lo puedo asegurar.”

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