House of Cards T5: Trámites de presidencia.

Las expectativas ante el estreno de una temporada más, el saber si seguirá obligando al espectador a su visionado, siempre son altas y difíciles de conquistar en una serie. Tras la cuarta temporada nos preguntamos qué nos había hecho Netflix para que nos gustara tanto House of Cards, y si volvería a conseguirlo. Finalmente, la quinta temporada cumplió con creces. Se hizo esperar, pero salió de golpe: todos los capítulos el mismo día, como acostumbra a hacer la plataforma que ahora incluso presenta proyectos en Cannes.

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La 5 temporada de la serie estaba prevista para servir de puente. Un interludio en el que se iban a cambiar los protagonistas: de un protagonista masculino a femenino; de marido a esposa; de Frank Underwood a Claire Underwood; de la dureza a la elegancia. Y no ha fallado. Y es que la serie en sí, una de las más fuertes apuestas del Netflix por las series propias, ha cumplido con creces, si bien es cierto que el modelo usado ha ido variando con el tiempo.

Inicialmente, House of Cards era una serie que nos tenía atados a la silla en todo momento, en la que perder un momento sigficaba descolgarte de parte del argumento. Pero ya no. Han tomado el modelo de negocio de HBO: al principio de la temporada no pasa mucho, para concentrar las más importantes acciones al final. Esto no ha bajado la calidad de la serie, dado que se mantiene la intriga y la superación de las adversidades que consigue la malicia humana por lograr el poder y la gloria. Por ello, es apreciable que esta temporada se creó para ser devorada en pocos días (o incluso menos),  los capítulos uno detrás de otro siempre al borde de un suceso que rompa la baraja. En esto es bastante previsible, quizá demasiado.

Pero no defrauda. La locura de unos por el poder y la de otros por la lealtad se exalta más que nunca, convirtiendo a todo el elenco de protagonistas en personas capaces de autodestruirse para, según nos cuentan, reaparecer en otra posición más dominante si cabe. Dejando el argumento y la trama aparte para no desvelar nada al lector, sí que hay que dejar constancia de algunos detalles que nos dan pistas para una sexta temporada (salvo catástrofe, saldrá a la luz): Claire Underwood nos muestra al público que Frank no es el único que sabe de nuestra existencia y se dirige a nosotros directamente, aunque confiesa cierto recelo; nuevos trepas se incluyen en el equipo presidencial; nuevas pistas sobre asuntos del pasado salen a la luz… Incluso viejos amigos del presidente Underwood reaparecen para “devolverle favores”.

La 5ª temporada, en definitiva, respeta la esencia de la serie, llevándola a un nivel superior en dos aspectos: el ya comentado de la avaricia del poder por el poder y en las lecciones sobre el sistema político estadounidense, admirado en todo el globo pero con imperfecciones impropias de la democracia más antigua del mundo, tales como la posibilidad de repetir elecciones nacionales en un solo Estado o la facilidad de intercambiar votos en las cámaras de representantes. Si bien es cierto, esta 5ª temporada denota un toque más mercantilizado y con aparente ansia de ser un producto de masas más allá de lo que ya lo es.

Por último, el cambio de protagonistas que nos traen estos nuevos trece capítulos podría dar pie a un cambio ficticio en el cual House of Cards se pasaría a llamar The Game of Chess, pasando a ser la Reina es la ficha más poderosa, pero manteniéndose Rey como la figura más importante del tablero.

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