¿Erasmus u Orgasmus?

Alfredo Ordoñez-Gascueña, columnista y escritor

“Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra”, aconsejaba don Quijote en la egregia obra de Miguel de Cervantes. Era una de las recomendaciones con las que ofrendaba a su escudero en aras de convertirlo en un buen gobernante. A día de hoy, dicha sentencia debería labrarse a fuego en las paredes de las residencias de los estudiantes Erasmus, aunque argumentos sobran para creer que no entenderían su significado.

Porque si existe una subespecie a la que se puede reprochar su tosquedad intelectual, su completa y total falta de educación y buenas maneras y su desprecio por la higiene íntima, esa son los conocidos como Erasmus. Una anomalía en la raza humana sin ningún interés cultural ni pretensiones de ser útiles para el sistema. Por si alguno ha tenido la escasa suerte de no encontrarse de manera directa con uno de estos ejemplares, pasaré a resumir sus características principales.

Tienden a hablar de su viaje en todo momento. Incluso cuando no guarda la más mínima relación con el tema que se está tratando. Podría darse el caso de que la conversación versase sobre los últimos datos de la inflación, pues si hay un Erasmus en la sala tendrá que soltar “Ah, pues cuando yo estaba en mi Erasmus en Polonia…” y empezará a hablar sobre el día que se emborrachó y llevó a cabo todo tipo de vejaciones. ¿Me puede explicar usted, querido Erasmus, que tendrán que ver las políticas del Banco Central Europeo (BCE) con sus farras, sus melopeas o sus colocones?

Para que perdure el recuerdo de esta idiotez suelen tatuarse el relieve del país en el que han estado unos seis meses y que seguramente no vuelvan a pisar. Está bien, ya que corona su dermis con un país que ama tanto, ¿podría decirme el tipo de sistema electoral con el que se conforma el poder legislativo? ¿Es acaso uninominal? ¿A dos vueltas? Como buen Erasmus, no sabe nada sobre ese país que se ha tatuado para la posteridad, pero yo si se una cosa sobre su persona: es usted un imbécil.

El corolario de su relajada actitud suele ser la perversión de lo que se ha denominado siempre como ‘libertad sexual’. Una cana al aire no es motivo de preocupación, pero cuando se llega al extremo de que el intercambio de fluidos corporales es la única asignatura que aprobarían, toca hacer objeción de conciencia. Llegó a mis oídos la historia de una joven -micromachismo tal vez, pero es la historia que conozco- que hacía una lista con las nacionalidades con las que había mantenido idilios. Una especie de álbum de cromos patibulario. Situaciones como esa me obligan a dudar del proyecto europeo.

Por si fuera poco, son todos aprobados sin demostrar los conocimientos y destrezas exigidos en la guía docente. O, como se dice vulgarmente, tocándose los huevos –micromachismo, sí, pero expresa a la perfección lo que quiero decir-. Por lo que tenemos un sistema de becas que subvenciona la mamarrachería, la pereza, la estupidez supina y el alcoholismo. Becas que salen de las arcas públicas, inflando el ya de por sí maltrecho déficit de los Estados comunitarios. Si Erasmo de Rotterdam levantase la cabeza se daría cuenta que su Elogio de la locura o encomio de la estulticia están más al día que nunca.

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2 Comments

  1. No creo que todos los erasmus esten de orgasmus.. Creo que habrá de todo pero la mayoría aprovechan el tiempo. Es evidente que la edad de un erasmus en la que es y todos pasamos por ella pero decir que todos van a lo que van pienso que no es correcto.

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    1. Buenas, Pancloro. Hemos puesto en conocimiento del señor Ordóñez-Gascueña tu comentario, ya que creemos que la comunicación con nuestros lectores es esencial. Aquí su respuesta:

      ”Deduzco por su comentario que usted es más Orgasmus que Erasmus. Primero, la justificación por la edad me parece ridícula, ya que Bernini con 23 años esculpía El rapto de Proserpina, no estaba gastando el dinero de sus padres en juergas. Segundo, algunos aprovechan el tiempo… Entendiendo aprovechar el tiempo como beber hasta vomitar y no tocar un libro, mi querido Pancloro. Sé, de buena tinta, que existen ejemplares de Erasmus delicados y con sensibilidad. Pero en este caso la minoría no es la excepción que confirma la regla. Muchas gracias y hasta nunca”.

      La respuesta ha sido compartida tal y como el autor exigió. Desde El cenicero de ideas estamos encantados de la diversidad de opiniones.

      Un abrazo.

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