Okja (2017), de Bong Joon-ho

El pasado festival de Cannes estuvo marcado por la reticencia de Pedro Almodóvar, presidente del jurado, a premiar a una película que fuese a ser exhibida directamente en pantalla pequeña. Okja, la cinta del surcoreano Bong Joon-ho, era la susodicha obra a la que se negaba optar al reconocimento por no cumplir con las reglas del juego.

La controversia sirvió para que la cinta, que estaba dentro de concurso, tuviese un plus de publicidad. Pero más allá del debate sobre hacia dónde debe avanzar la industria, la película producida por Netflix no es merecedora de prestigiosos reconocimientos. No por los métodos de distribución utilizados, sino, simple y llanamente, por su calidad. Siendo este el elemento que se debería juzgar, no si se visionará en una butaca o en el sofá de casa.

Okja arranca con la presentación de Mirando Corporation, una empresa cárnica que adopta una política eco friendly y reticente a los transgénicos para ganarse el cariño de los consumidores. Para ello, deciden poner en marcha un concurso en el que una especie de cerdos gigantes descubierta recientemente debe ser cuidada durante diez años por granjeros en varios rincones del mundo. La llegada de estos animales ayudará a acabar con las hambrunas en la Tierra, que en este caso parece situarse en una realidad paralela a la actual.

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Tras esta década bucólica en la que Mija, la niña protagonista, y Okja han vivido en los montes de Corea del Sur, la compañía vendrá a reclamar a su activo más valioso para trasladarla a Nueva York y presentarla al mundo entero. Obviamente, la niña que ha cuidado de Okja se enfrentará al capitalismo para salvar a su mascota.

Se debe reconocer que no se posiciona de manera ciega y absoluta junto a los grupos ecologistas, a los que caricaturiza por el ridículo paroxismo del que pecan en ocasiones. A la película no le falta acción y puede llegar a ser entretenida, pero la crítica a la industria alimenticia es endeble y el final resulta infantil y manido, aunque cierta dosis de pesimismo ayuda a esquivar el desastre.

Las referencias que vienen a la mente son nítidas: La princesa Mononoke, Mi vecino Totoro, El viaje de Chihiro… Cintas de Hayao Miyazaki en las que la protagonista es una niña con la suficiente valentía como para enfrentarse a un mundo injusto. Es obvia la adoración hacia las obras del Studio Ghibli por parte del director y guionista. Incluso en la presencia del animal bondadoso y encarnación de los valores positivos de la naturaleza, como era Totoro, la figura más representativa y popular del universo de Miyazaki.

En el plano actoral, Okja cuenta con actores de gran prestigio mundial. Pero el histrionismo que son obligados a adoptar, de película infantil, acaba significando que intérpretes de reconocido talento como Jake Gyllenhaal resulten insoportables y que otros ya de por sí molestos, como Paul Dano, lo sean todavía más.

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