La Desfachatez Intelectual (2015); de Ignacio Sánchez-Cuenca

“Le recomiendo al lector que coja aire, pues necesitará aguantar la respiración en estas primeras páginas de inmersión profunda en la desfachatez intelectual”.

De esta manera decidió comenzar su obra Ignacio Sánchez-Cuenca. ¿Quién se puede resistir a este brillante comienzo? El madrileño, nacido en 1966, es uno de los más reconocidos politólogos de nuestro país. Profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, es autor de numerosos escritos relativos a las ciencias políticas. Pero en esta ocasión su obra no tiene nada que ver con la política… al menos directamente.

La Desfachatez Intelectual, escritores e intelectuales ante la política es una obra a la que hay que reconocer una enorme valentía. En ella Sánchez-Cuenca desarrolla su tesis de que en España hay un prototipo de intelectual que escribe lo que le da la gana, como le da la gana y cuando le da la gana sin tener que dar explicaciones por ello, sin repercusión negativa para sus personas aunque digan una barbaridad. Así, en la obra se nos relatan críticas a autores con reconocimiento literario mundial, filósofos, periodistas y demás gente de las intelectualidades patrias concretados en sus nombres y apellidos, en sus artículos más desafortunados y en sus grandes aciertos. Quizá porque el autor es un experto en política se siente irritado frente a las conclusiones precipitadas (o directamente erróneas) que elaboran personajes con un enorme reconocimiento social sin ningún tipo de pudor.

Mario Vargas Llosa, Fernando Savater, Félix de Azúa, Pérez Reverte, Antonio Muñoz Molina, Javier Cercas… Quizá estos sean los nombres más importantes de los que aparecen retratados en el libro, pero hay más. Muchos más. Sánchez-Cuenca habla de lo que él considera “macho discursivo”. Un “macho discursivo” es un hombre que ganó fama a partir de la Transición (año 78), es decir, que ya está en su madurez vital e intelectual, que ha tenido una larga y exitosa carrera profesional en su campo y que disfruta de estos privilegios allá donde va. Escriben en los grandes medios de comunicación del país (El País, ABC, El Mundo…) de forma asidua.  Algunos de ellos son los columnistas estrella de estos medios. Sin embargo, para Sánchez-Cuenca, estos “machos discursivos” expresan su opinión sin partir de dato u observación alguna: sus conclusiones son elaboradas en base a lo que ellos creen que es cierto. Sin ambages.

A todo esto se le debe añadir la sensación de superioridad que estos autores tienen y transmiten en sus escritos, a pesar de que realmente no es así. Se sienten en un pedestal y se permiten aseverar cosas propias de una barra de un bar o de un banco de la plaza del barrio, a pesar de que son intelectuales de peso y con una gran influencia social. Son “machos discursivos” dado que apenas hay mujeres en el gremio, además de que escriben como si se sintieran el macho alfa de la sociedad a la que se acercan como si tuvieran el deber de inculcar sus opiniones.

Los “machos discursivos” poseen otros puntos en común: su evolución ideológica suele ser desde un comunismo más o menos relajado en su juventud allá en los años de la Transición a un conservadurismo liberal que puede ir desde apoyos a pequeños partidos con ansias reformistas o a partidos directamente conservadores. También suelen estar de acuerdo en temas como cómo se habría debido de terminar con la banda terrorista ETA, dado que todos abogaban por una disolución única y exclusivamente policial, a diferencia de la solución pactada que finalmente consiguió el fin de la violencia de la banda terrorista, lo que a gran parte de ellos molestó de sobremanera.

Además de esto, la mayoría ven en el movimiento independentista catalán uno de los mayores problemas del país, sino el mayor y más importante en los últimos años (es cierto, se habla de ETA previamente, pero para un “macho discursivo” las preferencias no siempre son coherentes), además de que todos se permiten hacer diagnósticos de las causas y soluciones de la ya denominada Gran Recesión del 2007. Algunas de las causas ofrecidas por estos autores es el gastar mucho en fiestas (argumento que desmonta el autor en unas pocas líneas y con dos rápidas búsquedas en Internet), el desfalco que supone al contribuyente la enorme cantidad de políticos que tenemos en nuestro país (otra vez unas pocas líneas y un poco de ayuda de Google), o, llanamente, que la culpa de todo la tiene Zapatero. Ni caso a los economistas más reconocidos del mundo que afirman que la crisis se debió a un mercado financiero descontrolado, que se desató en Estados Unidos y se propagó por todo el mundo, y que en España pegó más fuerte a causa de la burbuja inmobiliaria.

Y así continúa el libro. Se divide en cuatro capítulos con diferente temática pero con la misma idea: criticar las opiniones y argumentaciones poco elaboradas y erróneas de eminencias a las que el autor reconoce admirar por sus obras literarias y/o profesionales, pero sin entrar al plano personal. La crítica pretende, por lo tanto, quedarse en los artículos, ideas, desarrollos y conclusiones.

Por otro lado también critica las formas de reprochar cosas en la intelectualidad española: de forma velada y sin nombrar al autor y artículo que se critica. Sánchez-Cuenca decide terminar con esto hasta tal punto que añade en la obra un índice de nombres por si alguien se pierde y requiere más información sobre los autores que critica o en los que se basa para desmontar argumentaciones y conclusiones erróneas, así como que nombra todos los artículos, libros y obras en los que encuentra cosas criticables, citando textualmente parte de ellos. Es cierto que hay momentos en los que la obra da la impresión de tener un sesgo de izquierdas, pero el autor se encarga de dejar claro que no. De hecho reconoce que las ideas de muchos escritores reconocidamente liberales le parecen adecuadas, pero que rechaza sus argumentaciones y conclusiones.

La Desfachatez Intelectual  es un libro valiente y necesario. Hace ver que nos hemos estado fiando de intelectuales que han aprovechado su posición de tales para transmitir pensamientos que a cualquier autor menos reconocido le estarían vetados por no estar lo suficientemente bien estructurados y argumentados. Si algún lector está interesado en leerlo, o lo ha hecho ya, es ampliamente recomendable bucear por internet y leer las críticas que recibió el autor de grandes nombres que aparecen en la obra y que siguen con sus costumbres de “macho discursivo”: insultos personales, crítica velada y no nombrar la obra a la que hacen una crítica, siempre subidos en su pedestal comunicacional; así como las respuestas de Sánchez-Cuenca, en algunas de las cuales se siente tan sobrado que se dedica más a hablar de su libro que a contestar al que le ha proferido insultos previamente.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s