Dime qué edad tienes y te diré a quién votas

Los resultados electorales más recientes confirman una tendencia que se viene dando en las democracias occidentales que se fraguó en la conversión de la socialdemocracia en la ya conocida tercera vía y que se hizo notoria tras el estallido de la burbuja financiera del año 2008: la brecha generacional en el voto.

Más que una diferenciación en el voto en el eje tradicional izquierda-derecha se está observando un cambio que refleja las preferencias de generaciones enteras: los jóvenes votan mayoritariamente por el cambio hacia un progresismo más remarcado, alejado de las terceras vías de los partidos socialdemócratas tradicionales (esa mezcla de neoliberalismo económico conservador con tintes de políticas sociales) y acercándose a posiciones que tienen mucho más que ver con lo que se denominaría izquierda tradicional. Bernie Sanders en Estados Unidos, Corbyn en Reino Unido, Melenchon en Francia, Podemos en España…

No necesariamente han de ser partidos nuevos los que atraigan a los jóvenes, como es el caso de Podemos. Sanders y Corbyn rondan los 70 años y han demostrado captar la atención de los más jóvenes de sus respectivos países. Pongamos un dato: En las recientes elecciones de junio de 2017, Corbyn obtiene más del 40% del voto entre los menores de 25 años, mientras que su rival, la conservadora Theresa May, solo se lleva el 21% del voto en esa franja de edad. Pero demos la vuelta al dato: Corbyn solo obtiene un irrisorio 16% del voto entre los mayores de 65 y May se lleva más de la mitad de los votos emitidos en Reino Unido de las personas con más de 50 años. Si bien es cierto que los jóvenes en este país suelen ser abstencionistas, su indignación ante la victoria del Brexit, del cual hay que decir que un factor muy importante de su victoria fue ese, que los jóvenes se quedaron en casa, ha hecho salir a muchos de casa para dar su voto a los laboristas.

Si quieren más claridad pongamos datos de la política española: Los votantes de la confluencia Unidos Podemos en las anteriores elecciones generales que tenían entre 18 y 35 años eran el 35% de sus votantes, mientras que los del PP en esta misma franja de edad eran un bajísimo 12%; mientras que los votantes de UP mayores de 55 años fueron un 24%, los de PP aglutinan un elevadísimo 60% del total de votos emitidos en su favor.

¿Qué significa esto? Que la edad es un determinante muy importante. Si bien es cierto que los políticos con los que más se identifican los jóvenes hacen campaña con argumentos tradicionales de la izquierda como la lucha de clases (los de arriba contra los de abajo), la correlación edad-ideología parece clara. Igual sucede con los votantes mayores de 55: los partidos conservadores hacen sus campañas para atraer a los votantes de clase media-alta conservadores, lo que parece correlacionarse con tener una edad avanzada o al menos con sus preferencias ideológicas.

Los jóvenes (entre los que por edad he de incluirme), estamos buscando posiciones de cambio de sistema, de cambio de modelo económico, de cambio radical o simplemente de hartazgo. Llámenlo como gusten. Nos alejamos cada vez más de las fuerzas políticas tradicionales y buscamos nuevas organizaciones y referentes políticos, bien sea a derecha o izquierda. Quizá no nos guste trabajar más de las antaño normales 40 horas semanales ganando 700 Euros al mes, que los precios de las universidades públicas sean prohibitivos, que el trabajar gratuitamente durante meses bajo la figura de unas falsas prácticas o un becariado sea haya normalizado o quizá despreciemos nuestras nulas esperanzas de poder algún día independizarse y vivir de una manera decente.

Dime qué edad tienes y te diré a quién votas se va a convertir en el nuevo refrán político por excelencia. Las pautas de voto están cambiando en Europa, esto significa que el futuro de la Unión Europea en su conjunto está pidiendo un cambio de paradigma en la política, un cambio que va a ser desoído puesto que los gobiernos se sustentan en el voto de la gente de más avanzada edad, no en los votos de los Millennial. La brecha generacional está en liza, y las elecciones tienen pinta de que pueden llegar a convertirse en luchas entre abuelos y nietos por defender sus intereses olvidando que, al fin y al cabo, todos convivimos en la misma sociedad.

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