Netflix, Cannes y la liturgia

La última edición del festival de Cannes ha escenificado la confrontación entre una obsoleta industria cinematográfica y las nuevas formas de consumir material audiovisual. Fue Pedro Almodóvar, presidente del jurado en esta 70ª edición quien abrió la veda. El director español sentenció a Okja, la propuesta de Netflix para intentar hacerse con la Palma de Oro, aseverando que era inconcebible que el premio fuese para una película que no se proyectase en las salas convencionales.

Almodóvar continuó diciendo que “Las nuevas plataformas deben asumir y aceptar las reglas del juego ya existente, que implican respetar las actuales ventanas de los distintos formatos de exhibición”. Una tesis que es contradictoria con lo que realmente ocurre cuando llega un nuevo agente a un mercado. Mientras que los miembros asentados de una industria intentarán mantener su posición dominante, los elementos disruptivos buscan hacerse un hueco mediante la innovación. Como resultado de esta batalla cada uno de los miembros del mercado adquirirá nuevas cualidades, pero las nuevas plataformas no deben doblegarse.

netlfix

Netflix ha logrado 100 millones de suscriptores y su crecimiento es exponencial. Gracias a la novedosa manera de proporcionar contenido ha logrado afianzarse y lanzarse a producir contenido alabado por la crítica y los espectadores –Narcos, Stranger Things, House of Cards…-. Pero, como es lógico, la industria tradicional mira con recelo a la televisión en streaming. Por un máximo de 12 euros al mes se puede disfrutar del catálogo de Netflix, un precio con el que no puede competir un cine convencional, donde una entrada puede llegar a rondar ese precio. 

Si bien la industria es reacia, no hay que olvidar que los apóstoles se vuelven apóstatas cuando escuchan el tintineo de las monedas. Martin Scorsese, que ha sido crítico con el visionado de películas desde el hogar, aceptó 120 millones de dólares de Netflix para rodar The Irishman, cinta en la que contará con un reparto de lujo formado por De Niro, Pacino, Pesci o Keitel. Paramount no aceptó ceder un cheque en blanco a Scorsese, pero la compañía de Ted Sarandos sí.

Volviendo a las palabras de Almodóvar, sus intenciones son nobles, defender la manera tradicional de ver cine o, como él lo definió, “la capacidad de hipnosis que tiene una gran pantalla en el espectador”. Toda la liturgia que conforma la visión de una película debe ser protegida. La sala donde los espectadores esperan sumisos la proyección, deseosos de quedar absorbidos por la gran pantalla hasta que las luces se enciendan de nuevo y se deba volver a la realidad. Pero no se puede luchar contra un avance inexorable.

La industria cinematográfica ha sido habitualmente contraria con los avances. La llegada del VHS en los setenta supuso que los estudios Universal y Disney demandasen a Sony, responsable de la tecnología que permitía ver películas en los hogares. Argumentaban que la posibilidad de grabar películas derivaría en la piratería, además de temer que la gente dejase de ir al cine. Finalmente la justicia se posicionó del lado de Sony. Unos años antes, cuando la televisión se popularizó en los hogares, los estudios empezaron a producir fastuosas películas que solo se podían disfrutar en su totalidad en las salas. Más atrás todavía, la irrupción del cine sonoro significó que los defensores de la imagen pura juzgasen con dureza el avance.

La lucha entre lo nuevo y lo viejo ha provocado que Cannes no permitirá en su próxima edición exhibir películas en el prestigioso festival a no ser que sean proyectadas en salas, con la clara intención de importunar a Netflix. La solución no puede pasar por el veto. La industria debe aceptar la nueva forma de consumir contenido, ya sea en el móvil durante un viaje en metro o en casa mirando la pantalla del portátil.

Según datos del Observatorio Audiovisual Europeo de 2015, en España la mitad de la taquilla se repartió entre 20 películas, el 1% de las cintas que se exhibieron. Cintas de superhéroes o franquicias que parecen perennes. En ocasiones muchas cintas no serán proyectadas en salas, como ocurrirá con la mayoría de películas europeas que se han visto en Cannes. Por el contrario, el modelo de negocio de Netflix u otras televisiones en streaming, conocido como Long Tail, alberga todo tipo de contenido, llegando a nichos de mercado que no se pueden hallar en los medios habituales. La obstrucción al avance tecnológico es mejor dejársela a los luditas.

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