La obra de Ridley Scott, del cine de culto al cine por encargo

La filmografía de Ridley Scott sirve como epítome de una época del cine, en la que se ha transformado al completo la manera de entender, y manejar, la industria. El estreno de la enésima entrega de la saga que él mismo inició en 1979, denominada Alien: Covenant, ejemplifica que para Scott (South Shields, Inglaterra, 1937) el cine es labor de eficientes trabajadores, no de esforzados artesanos.

En una reciente entrevista concedida a ABC por el estreno de la cinta se califica a sí mismo como “hombre de negocios”, para nada un artista, y no duda en confesar que “a mí me interesa triunfar en la taquilla, ganar dinero. Los premios me dan igual. Puede que sea una declaración sincera o nihilismo encubierto tras años de rencor acumulado. Cabe subrayar que el director británico, con 24 cintas a la espalda, se caracteriza también por alardear de rodar sus películas en un tiempo menor al estipulado con las productoras, demostrando que a los casi 80 años se pueden aplicar la disciplina castrense y el fordismo para abaratar costes.

ridley

Desde que en 1977, a los 40 años, dirigiese su primer largometraje -tenía un corto a sus espaldas y decenas de anuncios publicitarios-, Los Duelistas, todo parecía indicar que un nuevo autor había nacido. De no ser así no hubiese logrado el premio a Mejor Ópera Prima en Cannes, festival especializado en agasajar a los que son capaces de filmar con una visión propia.

El refrendo de Scott llegaría dos años después con Alien: el octavo pasajero (1979), cinta que ha ido pervirtiendo su esencia primitiva, pero llenando bolsillos y salas de cine. El estreno de Blade Runner (1982), aunque no fue bien acogida por la crítica en ese momento, dejó ver los mimbres de un director capaz de generar ambientes -y fotogramas- icónicos y decir mucho con pocas palabras. Pero el director-empresario firmó esa trilogía estelar y nunca más volvió a aparecer.

A partir de ese momento encadena fracasos en taquilla destrozados por la crítica – Legend (1985), 1492: la conquista del paraíso (1992), La teniente O’Neil (1997)…– y alguna que otra cinta salvable, pero lejos del nivel de sus primeros años, como puede ser el caso de Thelma y Louise (1991).

Es con la llegada del nuevo siglo cuando, gracias a su simbiosis con Russell Crowe, logra acumular los premios y elogios de la academia hollywoodiense. Gladiator (2000) logra 12 nominaciones y se lleva cinco estatuillas (película, actor (Crowe), vestuario, sonido y efectos visuales). Subrayar que Scott ha estado nominado tres veces a mejor director, y que otras tantas ocasiones ha visto como era otro el que recogía el premio.

Es interesante resaltar su relación con Crowe, ya que Scott ha logrado engañar al actor neozelandés y vestirle con mayas en Robin Hood (2010), hacerle engordar y poner en riesgo su salud para Red de mentiras (2008), o meterle en una comedia romántica con Marion Cotillard para Un buen año (2006). Seguramente sea American Gangster (2007) la otra cinta, junto a Gladiator, en la que Crowe parece menos desubicado con Scott tras las cámaras. Cinco colaboraciones que distan de la química de Scorsese-De Niro, pero cuyo nexo puede ser la proteica personalidad de ambos.

Sobre Gladiator, un péplum con esteroides, no se puede decir que no cumpla con la máxima de Scott, pero está alejada de conflictos metafísicos complejos o la puesta en escena de sus orígenes. La llegada de los efectos especiales enturbian, o sobrecargan, las películas que ha realizado en este siglo, ya sean las aventuras espaciales de Matt Damon en The Martian (2015) o Prometheus (2012), su vuelta a la saga -y a la ciencia ficción- más de treinta años después. Por no hablar de atentados estéticos como Exodus: Dioses y reyes (2014). Todo era mejor para a Scott cuando no existía el croma. Y es que desde que la teniente Ripley se batía con un demonio en la inmensidad y el silencio del espacio, Scott ha construido una carrera que parecía destinada a tomar otros vericuetos.

Sí que es de agradecer que en su encomiable esfuerzo por estirar franquicias haya permitido a directores con proyección dirigir las secuelas de la trama que el comenzó. Como es el caso de James Cameron en Alien: El regreso y David Fincher en Alien 3. Es difícil desentrañar si es voluntad de mecenas o, simple y llanamente, ganas de engordar el bolsillo a distancia. El estreno de Blade Runner 2049, que será realizada por Denis Villeneuve, autor de la poética cinta de ciencia ficción La llegada, confirma que el buen hombre de negocios sabe que la lección más valiosa es dejar a los demás trabajar por ti.

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