A palos en Ferraz

A una semana de las primarias en las que se decidirá el futuro más inmediato del PSOE “en una de las situaciones más difíciles de nuestra historia”, los tres aspirantes al trono de la Secretaría General del partido se enfrentaban hoy en Ferraz a fin de obtener para sí el voto de la militancia. Desde el más tierno inicio de la jornada, pese a las continuas alusiones a la hermandad socialista y al uso del “guante blanco” entre amigos que por otra parte han dejado de serlo, el debate de ideas se ha visto impedido, pese a los intentos de Patxi López, por el personalismo, es decir, por la enemistad personal entre Sánchez y Díaz y, especialmente, por el peso del pasado abstencionista en un contexto de cruce de acusaciones. Y es que López intentó hablar de proyectos pese a que a los otros dos esto parecía no interesarles.

En primer lugar hay que decir que, al contrario de lo que ocurre cuando se enfrentan ideologías de carácter más opuesto, la terminología empleada por los tres aludía siempre a los mismos valores, partiendo de unos principios compartidos: la defensa de la igualdad y la justicia social; la lucha contra la pobreza y las medidas liberales; la inquebrantable soberanía de España; la importancia histórica del partido del puño y de la rosa unida al amor incondicional sentido hacia el mismo y sus ideales; la defensa de sus bases…

Susana Díaz, que todavía ni siquiera ha presentado su programa como candidata, ha apostado por vender su persona como necesaria, como una especie de Mesías que vendría a salvar al partido de la debacle que supone para él y su supervivencia los insultantes ochenta y cinco escaños  (“raíz del problema”, en sus palabras), que ha conseguido Pedro Sánchez con sus continuos cambios de opinión y dogmatismo. Para ella, la abstención fue “difícil y dolorosa”, pero obligada aunque permitiese permanecer en la Moncloa a un partido “tóxico e infame”. Así, repetía constantemente que el PP prefiere a Sánchez por que pierde allá donde va, mientras que apostar por ella es hacerlo por el caballo vencedor y por la sensatez. Así mismo, ha rechazado la idea defendida por sus dos contrincantes de una España Federal en pos de mantener, con mejoras, el sistema de autonomías actual, aludiendo constantemente a la Declaración de Granada.

Por su parte, la estrategia de Pedro Sánchez, como cabía prever, ha sido presentarse como el candidato del PSOE más joven y reformista. Completamente indignado ante la artimaña estatutaria utilizada por buena parte del Comité Federal para alejarle de la Secretaria General y ceder el Gobierno a Rajoy, habla ahora de “recuperar el partido” de las garras de los aliados de la derecha. Así, se ha dedicado a echar balones fuera, especialmente hacia el tejado de Susana Díaz y Pablo Iglesias, y a defender medidas fuertemente apoyadas por la socialdemocracia en su conjunto, como pueden ser el democratizar más el partido, establecer un ingreso vital mínimo o aumentar los impuestos a las grandes empresas y fortunas.

Situado en medio de ellos, apenas rozado por sus dardos, Patxi López se ha encontrado en una situación tan privilegiada como provocada por el enfrentamiento de los otros dos candidatos. Y es que, frente a las pullas personales, López ha pedido, sin apenas éxito, centrar el debate en los proyectos de futuro de cada uno, en las posibles maneras de cohesionar de nuevo a todo el PSOE y acabar con la guerra interna y los malos resultados electorales para así, juntos, derrotar al PP. Por lo tanto, mientras los otros dos candidatos se entretenían en el “y tú mas”, él exponía sus propuestas alternándolas con llamadas al diálogo y breves pero efectivos reproches dirigidos hacia sus adversarios (como la alusión a que Sánchez ha copiado buena parte de sus propuestas en su programa), mientras que ellos apenas reparaban su mirada en él.

El objetivo, según López, es por lo tanto olvidar las rencillas personales y comenzar a trabajar para mejorar la situación de los trabajadores y los colectivos sociales a los que históricamente ha representado el PSOE, que hoy debe dirigir su mensaje especialmente hacia los “perdedores de la crisis y la globalización” dentro de una Unión Europea mucho más fuerte y cohesionada que la actual, aunada en lo que a política fiscal se refiere, como forma de superar la crisis de la socialdemocracia europea.

Así, mientras que López ha prometido trabajar para ello con sus dos contrincantes tras las primarias, prometiendo llamarles el día siguiente para formar un PSOE unido y fuerte, Sánchez y Díaz apenas han propuesto, más allá de lo típico y ampliamente compartido, propuesta alguna, más dirigida a los que ya cuentan con su voto que a posibles indecisos. Así, la promesa electoral de Susana ha sido que “si el PSOE no remonta electoralmente, yo me marcharé sin hacer ruido” (en clara alusión a la actitud de Sánchez en las anteriores elecciones), mientras que este ha jurado que su primer acto será promover una moción de censura que acabe con el gobierno presidido por Rajoy. Así, López ha conseguido hacerse con el debate en sus puntos fundamentales, mientras que los otros dos candidatos apenas han hecho sino aumentar la fragmentación desde la que se enfrenta a estas primarias el PSOE. Y es que Sánchez y Díaz no querían un debate de ideas, sino de golpes.

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