Clásicos de la literatura: Pedro Páramo (1955), por Juan Rulfo.

No todos los escritores tienen una obra tan extensa como la de Galdós, cuya producción literaria completa obligaría a remodelar tu habitación si sigues fiel al papel. A otros, como ocurre con el mexicano Juan Rulfo (1917-1986), apenas hay que hacerles hueco. Sus obras más valoradas, Pedro Páramo y los cuentos recopilados bajo el nombre de El llano en llamas, constituyen (salvando un par de cuentos y otra novela corta –El gallo de oro-) todo lo que publicó el mexicano en vida. Como justificación de esta escasa actividad literaria, no faltándole talento, el propio escritor explicó que, al morirse su tío Celerino, tuvo que dejar la literatura al ser este quien le contaba las leyendas de las poblaciones que con él visitaba.

Para el argentino Jorge Luis Borges, Pedro Páramo, la novela corta que hoy nos ocupa, “es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aun de toda la literatura”. En su Biblioteca Personal, donde la incluyó dentro de sus cien libros favoritos, nos cuenta que Rulfo no publicó sino hasta los cuarenta años y gracias a que un amigo le “arrancó los originales y los llevó a la imprenta”. Y es que la del mexicano es una “vida literaria” retirada, una vida discreta y de escritura y borrador y cajón, como la de casi todos los autores que aparecen en Bartleby y Compañía.

Su obra en general nos adentra en un México gobernado por la muerte violenta. Los relatos de Rulfo transcurren, en su mayoría, en poblaciones rurales con poco más que una agricultura pobre, continuamente asaltadas por bandidos que pretenden llegar a ser Gobierno o que directamente forman parte de él. Son, así mismo, pueblos absortos en rencillas personales que no dudan en bañar de sangre sus calles para saciar un impulso homicida que parece en estas páginas instintivo en el ser humano, y que no provoca sino oleadas de muertos y “fantasmas” que quedan anclados al lugar.

Como ejemplo de esto, en uno de los cuentos aparecidos dentro de El llano en llamas, a la población de San Juan Luvina, Rulfo la describe diciendo que “aquello es un purgatorio. Un lugar moribundo donde se han muerto hasta los perros y no hay ni quien le ladre al silencio”. Así mismo, otro lugar recurrente para la ambientación de sus relatos es el sendero o el monte inhóspitos que, bajo el abrasadores rayos del Sol, recorren asesinos y sus pensamientos. Y es que “hasta los animales se dan cuenta de cuando cometen un crimen”. Sin embargo, esta sórdida ambientación no corresponde a una descripción “realista” del lugar, sino que se adentra en lo fantástico, en lo irreal. Veamos lo que ocurre en el caso de Comala, pueblo venido a menos en el que transcurre Pedro Páramo.

Por las calles de esta población“oyes crujidos. Risas. Unas risas ya muy viejas, como cansadas de reír. Y voces ya desgastadas por el uso”. Habitado por poco más que sombras, que pronto se revelarán como espíritus, el “pueblo está lleno de ecos”. Y es que sus habitantes, ya difuntos, siguen allí, todo ese “gentío de ánimas que andan sueltas por la calle” en “un puro vagabundear de gente que murió sin perdón y que no lo conseguirá de ningún modo”. Para conseguir esto sin espantar al lector, es decir, para no hacer de la historia una historia de fantasmas sin más, la linealidad del tiempo se ve rota una y otra vez, como si los propios narradores, Pedro Páramo y el hijo que ha ido en su busca, compitiesen entre sí por la atención del lector. Así, el relato se va formando en la mente del lector a partir de estos fragmentos, a los que es necesario colocar secuencialmente para entenderlos realmente.

El relato comienza con Juan Preciado, cuyo nombre no descubrimos hasta casi el final, yendo a Comala en pos de obedecer la última voluntad de su madre: pagarle bien caro a Pedro Páramo el olvido en el que la tuvo a ella y a su hijo en vida. Sin embargo, el pueblo, otrora un lugar rebosante de vida, no es ahora sino un lugar terrorífico habitado por sus supervivientes y sus difuntos, siendo muy difícil para el lector distinguir a simple vista cuales son unos y cuales son otros, quien pertenece a los vivos y quien a los muertos.

En mitad de esta su obra más importante, el narrador, Juan Preciado, muere sin que el lector se haya dado cuenta del todo hasta un par de páginas después, necesitando rebobinar y adelantar continuamente las páginas para enterarse del todo. Y es que… ¿cómo puede hablar estando muerto? ¿A quién puede dirigir sus palabras sino a Dorotea, su compañera de tumba? Pero no es el hecho de su muerte lo que nos extraña, ni siquiera que siga existiendo aún en la muerte y esté hablando con otros espíritus anclados a la tierra como él, si no que lo que nos intriga verdaderamente es cómo el hábil escritor ha logrado perdernos al transmitirnos la información de forma fragmentaria. Su éxito está, por lo tanto, en esta compleja manera de aunar pasado y presente, que se entrecruzan en estas páginas en sus más diversas combinaciones.

Así mismo, la voz de Pedro Páramo va cobrando fuerza en el transcurso de la novela hasta que llega a ser su  narrador principal. En vida fue un terrateniente rodeado de mujeres que no son la suya, un hombre cruel que no duda en matar para adueñarse de unas pocas tierras más, que financia en vez de enfrentarse a los revolucionarios, guerrilleros o bandidos que asolan el lugar para cobrar lo que consideran su legítimo tributo, normalmente en guerra contra el militar al mando del Estado o bajo sus filas. Páramo acabará muriendo acuchillado y, en su inactividad, provocará que Comala se muera de hambre. Y es que en algunos lugares y épocas, especialmente donde el poder es corrupto y violento, la vida de sus lugareños vale menos que nada. Relatos como los de Rulfo, tan mágicamente siniestros, tan brillantemente oscuros, nos lo recuerdan.

 

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3 Comments

  1. pocos escritores son reconocidos con tan solo una novela como Rulfo. Pedro Paramo: Pedro de piedra y Paramo de seco, sin vegetacion. Dice Miller es su articulo Narrative “que es mas importante lo que no se dice y es cuando la narrativa, las obras estan dentro del canon.

    Seco como Pedro Paramo entonces; Como el contexto hisorico de Cardenas y Calles aunado a la guerra de los cristeros mismo que se sucita en esta novela.Tan seco y duro como como su alma de este casique, tan seco y muerto como la mayoria de los personajes, son voces del pecado por mantener en vida a Pedro Paramo. Son voces que representan no solo a los muertos, son murmullos de los vivos, porque en una sociedad sin progreso, con mitos fayidos y decadencia como en Comala solo hay un lugan sin regreso. Estos, representan la sociedad mexicana sin vida. Todos son un Pedrito. Juan Preciado el bastardo, es la focalizacion, mediante él se conoce las dos tramas que se yuxtaponen, no se si crean una nueva, pero en si ambas para mi son dos pasados, un pasado mas remoto que es la trama de Pedro Paramo y la otra pasado resente de Juan Preciado y en las dos los Personajes estan muertos pero no del todo…
    Recomendaciones:
    Aura de Fuentes
    Los de Abajo de Azuela
    Hasta no verte jesusus mio de Poniatowska

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