Zero Zero Zero (2013), por Roberto Saviano.

Existen dos clases de ricos: los que cuentan su dinero y los que lo pesan. A los grandes narcotraficantes de cocaína, o al menos hasta que consiguen lavar sus beneficios e invertirlos en la economía oficial, se les llega a pudrir, literalmente. Según Roberto Saviano, que analiza en este libro el “vínculo entre la racionalidad del mal y la del dinero” subyacente al tráfico de esta sustancia blanca que consumen millones de personas, si se invierten mil dólares en este negocio, al cabo de un año se recibirían de vuelta ni más ni menos que 182.000. Si no te incautan la mercancía, si no te arrestan y, sobre todo, si no te la lían tus propios “amigos” y acabas en una tumba sin lápida, serás rico. No mucho tiempo, seguramente, pero exorbitantemente rico gracias a la meritocracia del “narco-capitalismo”, en donde si alguien quiere prosperar no debe reclamar para sí derechos, sino riqueza.

Al napolitano Roberto Saviano (1979) el éxito de Gomorra, más allá del reconocimiento internacional por su labor periodística y literaria, le acarreó no solo tener que vivir rodeado permanentemente de policías-guardaespaldas, sino que también tener que hacerlo en el exilio. Y es que sacar a luz los trapos sucios de organizaciones como la Camorra, como le ocurre a Saviano y a todos los que testifican contra ellas, es poner una diana sobre la propia cabeza. Pero, al menos para él, merece la pena: “conocer es empezar a cambiar”. Y es necesario que se sepa que lo que hace gente como Félix Gallardo “El Padrino” o su archiconocido aliado, Pablo Escobar, tiene más relevancia para entender la actualidad que todo “lo que decidieron e hicieron Reagan y Gorbachov” el siglo pasado. Y es que, para el autor, la cocaína gobierna el mundo.

En Zero Zero Zero el napolitano aborda el negocio del “petroleo blanco” (principal combustible financiero de la “burguesía criminal”), en una visión global e histórica del asunto, de índole estrictamente transnacional. Producida en su mayor parte en Colombia y distribuida principalmente por los violentos cárteles mexicanos (que manejan la parte más jugosa del pastel), a Europa llega hoy a través de África transportada, entre otros intermediarios, por Al-Qaeda. Su autor afirma que las noticias sobre el polvo blanco producen los mismos efectos que la sustancia, que cada vez necesitas más y más para saciar, en este caso, una curiosidad sin fondo. Se siente como Pulgarcito tras los rastros que deja tras de sí la coca. Y es que, para entender este juego (una especie de “Risk de dimensiones planetarias” en donde los soldaditos caídos son pandilleros y civiles) tan sólo hay que respetar el principio básico de toda investigación: “follow the money”.

Un kilogramo de cocaína pura suele venderse cortado de tal manera que acabe siendo tres. Se le añade de todo. “La gente esnifa toneladas de porquería” a precio de oro. Por ejemplo, en España, uno de los principales mercados en la actualidad, el kilo, al 20% de pureza de media, cuesta 25.000 euros. En Colombia, 1.200, y mucho más puro. “Cuanto más son los accionistas, menos costoso le resulta el kilo de mercancía”. Puede verse en estas cifras que el mayor negocio no está, como suele pensarse, en las ventas finales, sino en la distribución a gran escala. Pablo Escobar ganaba así medio millón de dólares al día. Los narcos se sirven de transatlánticos, túneles, barcos de recreo, avionetas, mulas, submarinos y, desde hace poco, de refugiados e inmigrantes ilegales, los “nuevos recaderos de la droga” a los que se convence u obliga “a cambio del espejismo de una nueva vida al otro lado ”,

El poder criminal prefiere no utilizar la violencia a no ser que lo considere necesario, aunque en muchas regiones sus privilegios no serían posibles sin una atmósfera de miedo y crueldad sistemática, hoy distribuida planetariamente gracias a Youtube. Y es que “el miedo es el instinto más vital”. Sin embargo, no suele matar “a un candidato a presidente malquisto, sino que prefiere comprar los votos para hacer elegir a uno que le sea grato”. Las balas aparecen en los periódicos; los sobornos a funcionarios públicos y a privados no, o al menos hasta que estalla el escándalo. El ingente volumen de dinero que mueve el tráfico de esta sustancia se dedica, en buena a media, a tapar su procedencia ilícita a ojos de los investigadores. Si se consigue, con ese dinero el narco puede invertir en ladrillo, acciones de empresas, negocios legales…

Por lo tanto, si se descarta la violencia, lo que el narco debe hacer para sobrevivir es “pagar de tal manera que parezca que tu riqueza es la de todos”. Y es que, para estos “empresarios”, “las leyes son para los cobardes”, pero por el contrario, defienden a ultranza las reglas de lo que consideran honor, las reglas de su negocio. Por ejemplo, si incumples tu palabra, mueres; si intentas joder a alguien que no debes, mueres; si te confías en la cima y no compartes tu dinero, mueres; si dejas de vigilar a tus amigos, mueres. Estas son, sin embargo, las mismas reglas que “te dicen que tienes que hacer para manejar gente, dinero, poder”.

En Zero Zero Zero Saviano elabora una lista de las organizaciones que manejan este negocio: El Cártel de Sinaloa del Chapo Guzmán, el más importante económicamente; los Zetas, paramilitares que pagan a sus miembros 50.000 dolares por degollar a alguien; la Contra nicaraguense, financiada por Estados; las Maras salvadoreñas; el Círculo de los Hermanos rusos; la narco-guerrilla colombiana de las FARC’S; las AUC, asociaciones de vecinos que nacieron para proteger sus propiedades contra los ataques de esta guerrilla y que acabó asesinando a comunistas en los bosques y traficando con el mismo producto pero, eso sí, el con apoyo directo de las fuerzas gubernamentales colombianas; la familia Michoacana, que se declara contraria al consumo de droga y a la explotación de niños y mujeres y, considerándose a sí mismos depositarios de la “justicia divina”, dan dinero a instituciones de la ciudad para su desarrollo y matan a los miembros de las bandas rivales… La lista es interminable. “En las historias individuales” de sus miembros “parece reflejarse el destino de todo un continente”.

Así, son también incontables los ejemplos de corrupción. “Con el dinero de la cocaína primero se compra a políticos y funcionarios. Luego, a través de estos, el amparo de los bancos”. La impunidad de estos delitos suele ser mayor. Los expedientes que inculpan a gigantes como el HSBC suelen zanjarse con una multa. En países como México, Colombia o Puerto Rico, en donde “el poder que debería dominarlos está podrido o es débil”, los narcos se confunden con gobierno, los ejércitos con los sicarios. Estos son, para Saviano, “feudos donde ya no crece nada más que pobreza y violencia”. Es destacable que en estas regiones “hay generaciones enteras que han dejado de pasar hambre gracias a la droga”.

Por todo esto, aunque sea considerándolo como el mal menor, Saviano apuesta por una legalización que corte este incesante flujo de dinero, que lo devuelva a la sociedad y lo quite de la mano de los violentos. Cruzadas como la estadounidense parecen no solo no servir para reducir la oferta y la demanda de este estilo de productos, si no que agravan el problema que juraron borrar de la faz de la Tierra por inmoral. Los narcos saben que es probable que mueran a tiros o acaben dando con sus huesos en la cárcel, pero les merece la pena. A tanto y más llega el poder del dinero en este Mundo.

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