Les oubliés, por Marine Le Pen

El Frente Nacional se ha convertido en el principal partido político de Francia. Ha logrado salir del ostracismo y la censura a la que se veía sometido por la sociedad francesa gracias a unos cambios muy simples en sus estructuras internas y en sus mensajes pero, sobre todo, gracias a los cambios que ha producido la crisis económica en la sociedad europea.

El ascenso de Marine Le Pen en el Frente Nacional es lo que propicia el auge del partido. Tradicionalmente de extrema derecha, anti inmigración, racista y misógino, siempre bajo la tutela del patriarca, Jean-Marie Le Pen, su hija le ha sabido lavar la cara ideológicamente y, si bien sigue siendo un partido de extrema derecha y anti inmigración, se ha vendido como un partido defensor de las libertades individuales de  los franceses, de las mujeres y de algunas minorías.

Con la inclusión de mujeres en el partido como Marion Maréchal-Le Pen o nombrando como número dos del partido a un hombre abiertamente homosexual, Florian Philippot, utiliza el mensaje de la defensa de los valores femeninos y de libertad sexual franceses para contraponerlo a los musulmanes que habitan en Francia y los refugiados e inmigrantes que profesan esta religión, alegando que el objetivo de estas personas no es otro que el de islamizar su país y forzar a todas las mujeres a que lleven velo y asesinar a todos los homosexuales.  Y este mensaje está calando. Por ejemplo, casi el 40% de los homosexuales votaron al Frente Nacional en las últimas elecciones regionales.

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Philippot junto a Maréchal-Le Pen (20minutes.fr)

Sin esta faceta amable del partido que le ha dado Marine, el Frente Nacional no sería hoy lo que es, pero hay que incidir en otros factores muy importantes, y esto se resume muy bien en el concepto de “les oubliés” (los olvidados). Esta fórmula, inventada por el equipo de comunicación del Frente Nacional, ha sido un rotundo éxito en las campañas y ha sido muy influyente en el electorado francés. Tanto es así que el resto de actores políticos y de candidatos a la presidencia se han visto obligados a utilizarlo aunque sea de manera despectiva. Algo sucedido a lo que pasó en España con Podemos y la Casta. Hasta el más acérrimo enemigo de Podemos usaba el termino para criticarlo, lo que hace que automáticamente el partido ya esté en boca de todos, y es que ya se sabe: “lo importante es que hablen de uno aunque sea bien”.

“Los olvidados” no tiene un destinatario fijo del electorado francés al que llamar la atención, ni siquiera tiene una definición concreta. Y eso es lo que le hace tan bueno. Trata de aglutinar a todos los ciudadanos franceses que se sienten abandonados o dejados de lado por los anteriores gobiernos o directamente que sientan que las administraciones públicas no tienen interés en ellos. En este ámbito se puede encontrar el típico señor mayor que cree que las prestaciones sociales que recibe un inmigrante son excesivas o un desempleado al que no le llega con el subsidio que le da el gobierno.

Los olvidados está haciendo efecto en una parte del electorado homosexual que se sentían desprotegidos ante el choque cultural del islam, afecta a obreros tradicionalmente de izquierdas que ven como las industrias en las que trabajaban se van del país, afecta a funcionarios antaño conservadores…

A su discurso ambiguo hay que añadir la combinación de programas ideológicos de extrema derecha como la intención de expulsar a grandes números de inmigrantes de Francia, con programas económicos que son propios de la izquierda tradicional francesa. De hecho, el eurodiputado socialista Edouard Martin en una entrevista con Jordi Évole afirma que el programa económico del Frente Nacional es muy similar al del partido comunista francés de los años 70.

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Marine Le Pen (wikipedia)

La transversalidad que ha tomado el mensaje de los olvidados ha tenido el mismo efecto que el make America great again de Donald Trump. Son mensajes accesibles a toda la población y que pone en muchos aprietos a la oposición política. ¿Qué político norteamericano en su sano juicio va a decir que no quiere hacer a Estados Unidos grande de nuevo? ¿O qué político francés va a decir que no se va a encargar de los olvidados?

Para acabar de hacer el paralelismo con Trump, Marine Le Pen también ha hecho gala de su estatus de outsider, es decir, se ha vendido como una candidata que está fuera del sistema político que viene para no solo cambiarlo, sino cambiarlo a mejor.

La palabra cambio es el gran sustento de las fuerzas políticas emergentes en la actualidad. Trump y Le Pen son dos políticos es los que se puede elaborar un paralelismo fácilmente por sus idearios ultraderechistas, su populismo y la repentina toma de fuerza que han obtenido. Y esto quizá se deba a las trasformaciones que han sufrido las sociedades occidentales con la crisis económica que se desató con la catástrofe financiera del año 2008.

De hecho, de cara a las próximas elecciones francesas del día 26, el pretendiente que más ha crecido en la campaña electoral ha sido el izquierdista Jean-Luc Mélenchon, situándose en muchas encuestas como el político que iría a la segunda vuelta con Le Pen. ¿Adivinan la palabra central de su mensaje? Exacto, el cambio.

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