Cómo acabar con la pobreza

“Señorías -clamó Enric von Rutherford para arrancar su discurso-, lo que estoy diciendo es que, en caso de aplicar mis teorías, pondríamos fin a la pobreza y al envejecimiento de la población en un breve lapso temporal”.

El economista neoneoliberal, politólogo, tertuliano televisivo y columnista en diarios conservadores había reunido a más de un millar de medios internacionales en la sala de conferencias de la Universidad de Büssellburgo (Alemania septentrional) para presentar su nuevo teoría socioeconómica con la intención de llevarla a la praxis. “Siempre hay gobiernos valientes dispuestos a coger el timón de la Historia, con mayúscula”, arguyó von Rutherford. Desde que en 2056 publicase su prestigioso bestseller Arancel o barbarie, sus peroratas han copado las mejores horas en todas las cadenas. Casi una década después parece dispuesto a revolucionar, de nuevo, los cimientos del actual sistema postcapitalista.

“Si algo preocupa a la ciudadanía es el envejecimiento de la población. Que el 45% de los habitantes de los países desarrollados tengan más de 65 años parece un inconveniente. Pero, claro está, vivir más no es un pecado”, desveló a la prensa. Rutherford, catedrático de Economía aplicada en la Universidad de Büssellburgo (Alemania septentrional), tres veces nominado al Nobel -cada año en una categoría diferente-, lleva meses advirtiendo de que estaba gestando una teoría económica tan revolucionaria como contestaria, según ha afirmado el propio economista en diversos post publicados en su perfil de Facebook y en vídeos de apenas 10 segundos posteados en su cuenta de Instagram (@EnricVonRutherford).

“Junto al envejecimiento hay otro lastre que es menos conocido: la pobreza. Si se suma el desempleo medio de las economías desarrolladas, que es del 36%, y recordando que desconocemos el de los países no desarrollados, que podria ser del 15%, toca dar un albadonazo en las conciencias de los dirigentes: —empezaron a centellear los flashes de los reporteros gráficos— ¡no hay dinero para sufragar las pensiones!”. Se levantaron algunas manos, pero Enric von Rutherford las ignoró mirando unos folios sin nada anotado -sin nada, como las arcas de los Estados manirrotos, si se me permite ésta licencia-.

“Tema espinoso, la pobreza, que mis compañeros, némesis, detractores y yo mismo, debo reconocer, hemos obviado. Pero tras casi una década desde el fin del libre mercado, que estrechaba los márgenes de las entidades especuladoras, es momento de pensar en los ciudadanos. Para paliar tamaña tragedia los países desarrollados deben tener el coraje necesario, el valor y la constancia de los héroes de antaño -carraspeó y bebió un sorbo de agua de una botella de agua marca Apple: iWater, la bebida de los CEOs #ad-. Me dispongo a plantear mis medidas. Medidas que salvarán la economía, no tengo la menor duda”.

Las grabadoras empezaron a grabar, las cámaras también, aunque la nomenclatura nos haga pensar de manera diferente. Por su parte, los periodistas miraban embelesados al docto Enric von Rutherford, que no sólo era capaz de hipnotizar a las masas con su verborrea, también era un apuesto hombre de metro sesenta, maneras de aristócrata austrohúngaro y rugosas manos de jefe sindical de los estibadores de los Highlands.

“Para acabar con la pobreza sólo hay que redistribuir la renta. Esta idea, por increíble que parezca, no se le ha ocurrido a nadie antes. Ya la he patentado, para ahorrarles la pregunta. Pero los impuestos han demostrado su ineficacia. Actualmente se recaudan más impuestos que nunca, pero el déficit medio ronda, en los países desarrollados, en torno al 15% anual. De los países no desarrollados no hay datos, pero se piensa que podría rondar un exorbitado 14%. Así, es bien conocido que la población posee riqueza, pero que una vez pasa a ser parte del erario público pierde eficiencia. Para paliar la mala gestión de la recaudación de impuestos, que, a falta de una explicación, no sabemos para qué sirven, propongo un impuesto directo directamente entregado a los ciudadanos. Solidario y efectivo. Paso a explicarlo -se acercó a una pizarra que había a su espalda y quitó la tela negra que la tapaba-. Si cada ciudadano de cada nación, como es el caso de Alemania septentrional diese un neoeuro se lograrían acumular 34.406.543 neoeuros. Una cantidad considerable si se tiene en cuenta que el sueldo medio está fijado en 246 neoeuros al mes. Sabemos que todo el mundo puede dar un neoeuro. Por lo que si uno entrega esa cantidad a un ciudadano, cada día habrá un pobre menos.

En la sala de conferencias, modestamente decorada -si bien no faltaban los ringorrangos tan propios de la arquitectura teutónica del 49, tan fugaz como inconsistente-, se palpaba que era un momento histórico. El ambiente estaba cargado con el mismo aroma que desprendió la bala que Lee Harvey Oswald utilizó para disparar a John F. Kennedy, asesinato ocurrido el 22 de noviembre de 1963 en Dallas. (Los enlaces de Wikipedia se mantendrán por afán bibliográfico). No se descarta que el palco del teatro Ford, en el que Abraham Lincoln fue disparado por John Wilkes Booth con una Deringer, el estado de excitación fuera parecido. La duda que nace es: pólvora o acontecimiento histórico. Disculpen la disgresión, pero debo sobrepasar las 1.000 palabras.

“Es cierto que se tardarían 34.406.543 millones de días en acabar el proceso redistributivo directo de la riqueza -señaló cifras de su pizarra con el rugoso dedo-. Como indico, si hay 34.406.543 millones de ciudadanos en nuestra nación, y dando cada uno de ellos da un neoeuro al día, se tardarán 34.406.543 millones de días en lograr la riqueza universal. Siento los tecnicismos, pero no es posible explicarlo de manera más sencilla. Por lo que lo explicaré más despacio -y así lo hizo el ínclito Enric von Rutherford, alargando las vocales y manteniendo la velocidad de las consonantes-.

Tras repetir la debida repetición de la misma frase, que duró unos siete minutos en los que muchos medios optaron por salir de la sala, ya sea por la sobrecarga de información o sopor y vergüenza ajena, el profesor von Rutherford explicó que hay una medida para agilizar el impuesto directo directamente entregado a los ciudadanos. “En vez de un neoeuro podrían dar dos o tres, lo que posiblitaría que mi teoría se cumpla con anterioridad a la calculado. Pero lo cierto es que no tengo las cifras exactas. ¿Alguna pregunta?”.

A pesar de que la disertación del profesor no tenía fisuras, siempre es de agradecer que se permita a los medios cuestionar ciertos puntos. O puede que no se haya entendido a la primera, ya que las capacidades cognitivas o congénitas no tienen que ser ser las mismas entre los enviados a cubrir los eventos históricos. A la pregunta sobre si eran necesarios 34.406.543 millones de días para completar el “absurdo” plan en un único país o, lo que es lo mismo, más de 90.000 años, el egregio von Rutherford dijo que “obviamente” debe ser un proceso lento, no podemos ser todos millonarios de “la noche a la mañana” pero se mostró seguro de que se pueden aplicar “medidas” para acelerar el proceso como “dar dos o tres neoeuros al día”. Aprovechó la pregunta para explayarse y explicar que el primero que se vería beneficiado por la medida sería “el que menos tenga”, ya que estará más necesitado. La tercera y última pregunta versaba sobre la inflación desbocada que podría causar este tipo de tributo , tema que el profesor confesó “no haber pensado mucho” pero que trataría de explicar en su próximo libro.

Cómo acabar con la pobreza (Editorial Enric von Rutherford), último ensaño del economista Enric von Rutherford, estará en las librerías y en plataformas digitales desde el próximo lunes.

Fe de erratas: el nombre del profesor no es Enric von Rutherford, como se aseguró en reiteradas ocasiones a lo largo del artículo, sino Enric van Rutherford.

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