Postpoesía (2009), por Agustín Fernández Mallo.

De la contemplación de un paisaje, o incluso de un cuadro que lo reproduce, se sirve el genio musical para componer su próxima obra; cada semana la literatura se recicla para su estreno en salas de cine, a veces con éxito, en lo que constituye un auténtico “corta y pega de elementos de naturaleza disimiles, un arte bastardo”; la escultura se sirve de los últimos avances matemáticos para diseñar sus figuras; en todas las artes, reflejo de lo que sucede en la propia sociedad, comienza a despuntar cada vez más el uso del elemento digital.

Pero, pese a lo innegable de sus nombre ilustres, la poesía española… ¿realmente participa de esta nutritiva comunión entre arte y ciencia? ¿No será, por el contrario, que vive dedicada a “ejercicios de nostalgia”, decrépita,  incapaz de responder a la pulsión de los nuevos tiempos sino con aquestas atávicas restricciones formales que han transformado en dogma lo que en su día fue experimentación? Y es que, al igual que no verás escrito online o jungleo en ningún poema, la propia palabra soneto suena a tiempos de Felipe III.

Fuente: Anagrama

Para el coruñes Agustín Fernández Mallo (1967), autor de este magnífico e innovador ensayo, la poesía, si quiere sobrevivir, debe convertirse en postpoesía. Este término no alude a ningún extravagante “remake de las vanguardias históricas”, ni a un continuismo un tanto más liberal con las normas formales, sino, “simplemente”, al intento de volver a interconectar este arte con el resto de manifestaciones artísticas y, lo que a mi juicio constituye el núcleo de este libro, con la ciencia y el avance tecnológico de su tiempo, a los que durante tanto tiempo ha dejado de lado sistemáticamente. Así mismo, rechazar la forma y proceder añejos no significa olvidarlos, sino mantenerlos como una herramienta más a la disposición del post-poeta, que siempre puede volver a ellos cuando así lo desee.

Y es que para la autor la post-poesía debe ser, ante todo, holística y pragmática en el apartado estético, es decir, “un método sin método” que coge lo que quiere de donde quiere en un“comportamiento lúdico-constructivo” que “se sirve de los residuos” de todo lo que ve independientemente de donde provenga y “se sitúa en el extrarradio” entre ciencia y arte. Sin embargo, Fernández Mallo no establece cómo ha de ser esta nueva manera de hacer poesía, sino que más bien lo que fabrica es un abanico de nuevas posibilidades en cuanto a métodos de creación se refiere. Pero, ¿qué es lo que se ha cambiado exactamente en la sociedad como para permitir añadir el post- a palabras tan heterogéneas como arte, ciencia o, incluso, verdad?

La nuestra es una generación que “no cree en Dios ni en su negación”, que considera a cuestiones como estas viejas y aburridas; que encuentra en la razón y en sus métodos innumerables fallos y peros; que se enfrenta en el arte continuamente al Si ya está todo dicho. Sin embargo, debido a la irrupción de Internet somos “destinatarios de un chorro de información en el que se mezclan todos los tiempos y espacios”, si bien esto contribuye a una “sobredosis de información; no conocimiento”.

El momento actual se le asemeja a Fernández Mallo a un chicle, “alimento simulado […] que cambia pero no evoluciona según un patrón de línea”, a un rizoma que, “sin pasado ni futuro lineales”, es pura “antigenealología”. Y es que ahora el artista picotea a su gusto en la red, sin adscribirse a ninguna escuela; es el momento de los fractales y sus simulaciones, que no son sino los “modelos de representación cambiantes y fluctuantes” de los que se sirve una ciencia que se ha revelado contra la rigidez de sus normas; es el momento del pastiche, de la publicidad y de la omnipresencia del mercado…

En este libro aparecen como referentes teóricos de esta post-modernidad los filósofos franceses Gilles Deleuze, Jacques Derrida y Jean-François Lyotard, entre otros. Así mismo, al hablar de la existencia de ciencia post-moderna, el autor se refiere a cuestiones como la teoría del caos, el efecto mariposa, la teoría de sistemas fuera de equilibrio… Por ultimo, para dar algún ejemplo de obras artísticas consideradas post-poéticas citadas por Fernández Mallo, citaré el mapa de estrellas muertas realizado por Katie Paterson y los holopoemas de Eduardo Kac.

En cuanto a poesía se refiere, el autor expone lo que considera instrumentos útiles a la hora de crear poemas, que dejarían de serlo estrictamente para convertirse en otra cosa. Ve precedentes de esta nueva era en la obra de autores como Borges, Italo Calvino o Raymond Queanau y sus Ejercicios de estilo. Como ya hemos insinuado, el más importante es el apropiacionismo, concepto muy parecido al plagiarismo de la Oulipo (aunque mucho menos gracioso) que consiste básicamente en la recolección y uso por parte del autor de las ideas que otros han formulado antes que él, siendo lo novedoso de este punto que el poeta no debe solo aprender de los de su gremio, sino de todo cuanto existe.

Los otros dos métodos principales a los que alude Fernández Mallo son el entender el poema como una lista (“la lista es la única unidad coherente a la que podemos aspirar a la hora de organizar y ver el conjunto”) y llevar a cabo el cruce, como si de canes se tratase, de la sintaxis poética con la de la ciencia, con el objetivo de introducir contenidos poéticos en estructuras científicas (diagramas, relaciones funcionales, gráficos, simulaciones, etc…) y usar sus teorías cuando convenga o directamente como expresión de un sentimiento poético. Y es que la ciencia y el arte comparten precisamente eso, el ser representaciones de nuestras pulsiones más íntimas.

Por último, no me gustaría acabar esta reseña sin elogiar al autor por el enorme estilo y personalidad con el que está escrito el libro. Por ejemplo, utilizando las brillantes metáforas elaboradas por Fernández Mallo, estas páginas pueden resumirse como el intento de participar al público (futuribles post-poetas) de la necesidad que tiene la poesía de pasar de un modelo “Colesterol” a otro fotosintético, es decir, de un modelo endogámico que adolece por su propio proceder malsano a otro que recoja sus nutrientes del exterior y revitalice así el interior. Por si todo esto fuera poco, su índice es un huevo frito.

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