Torrezno 7º

Esperaba yo a la contraria y esta que no venía y entablome conversación un vecino cascarrabias. Contome de su juventud aun teniendo la treintena, de sus tiempos universitarios y de sus tiempos de escuela. Narrámonos batallitas de la historia de la vida y confesome aquesta cosa, ridícula, cosa fina:

“Sucediome de verdad, así como te lo cuento, saliendo de trabajar hallabamonos dando a la sin hueso. Esta se resecaba y el día era caluroso y fuimonos a comprar cerveza, por darnos un pequeño gozo.

Las horas se nos pasaron, la compra se repitió, llegose el momento de irse y al metro dirijime yo. Llevome el metro a Atocha, la estación principal de España y díjome mi cerebro “menuda cosa más extraña. Aquí hay muchos policías, aquí va a pasar algo, mejor vámonos a casa y de camino echamos un cigarro”.

Hícele caso a mi mente y salime de la estación, por la puerta de los taxis, la que siempre usaba yo. De esto que veo aparecer un enorme bus franjirrojo, era el del Rayo Vallecano, rojiblanco, precioso. El equipo, yo imagino, iriase a jugar fuera, y les llevaban al tren que les llevara allá tan lejos. De esto que veo bajar a todo el cuerpo técnico, jugadores y utileros, también al autobusero.

Mi mente reconoció al entrenador jefe -¡Pepe Mel, Pepe Mel! Que grande eres yo trapecio.- El fulano me miraba extrañado y contrariado, pasó de hacerme caso. Con lo salao que yo soy, ¡apartose de mi lado!

Hallábame desolado, Pepe Mel me había ignorado, así que pasó Tamudo y le dejé selfiedao. Llegué a mi casa al poco, fumar se me había olvidado, pues el golpe de Pepe Mel me dejó destrozado. Guisantes hubo de primero, con jamón y cebolla, ternera de segundo, y de postre chirimoya. Hallábame escupiendo las pepitas en un plato, cuando en el televisor aparece mi verdugo, el odiado, el Cabrón calvo.

-Yo te maldigo, yo te odio, sin tu sefli me quedé. Mirelé usté padre, el Malvado Pepe Mel.-

-A ver hijo, dígame usté, ¿Cuántas cervezas tomose? Si ya decía yo que hoy dabas muchas voces.-

-¡Que no padre que no es eso! Que hoy fue día relajado. Solo cuatro medios litros y además muy bien meados.-

-Pues hijo diría yo que incluso comiste setas, ¿me puedes explicar cómo tanto te afectan?- Tomó un sorbo de su café haciendo ruidos con la lengua- Ese que sale en la tele no se llama Pepe Mel. También entrena fútbol y también perdió su cabellera, pero Mel pesa por lo menos unas pocas más de fanegas. Esa barriga cervecera y esa pachorra son de Mel, y ese no es el de Vallecas. Esas orejas de Dumbo y esa cara de “¡Joder!” la delgadez y el porte son de Paco, son de Jémez.-

-Pero padre yo lo ví, eran mis ojos, lo vieron. Además me hice otro selfi, únicamente por consuelo. Mira a Tamudo, un grande, un tío de verdad,  echao pá´lante. Este sí que es en realidad un tío elegante.-

-Imbécil de hijo, ¡mira esas orejas de elefante! Tú viste a Paco Jémez, y del ciego te equivocaste. La cara de Tamudo tapasela al entrenador, pero sobresalenle las orejas, y esas inconfundibles son.”

Esta turra que me dio, me dejó desternillado y al llegar la contraria y ver mi cara de anonadado no pude por más que decirla: ¿Tú eres Jémez, mi mujer o tal vez eres Pepe Mel?

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