México y Estados Unidos: dependencia económica.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha provocado miles de escritos de toda índole sobre por qué ha llegado y qué va a suceder tras y durante su mandato. En un contexto de globalización económica y financiera ningún país es completamente independiente: como nos enseñó la crisis financiera de 2008, una burbuja financiera puede afectar a todo el mundo al romperse.

Y es que estamos viviendo en un contexto de globalización cultural y sobre todo económica, pero a los humanos nos encanta construir muros que nos separen de nuestros vecinos pobres. Al menos a los votantes de Trump y a este mismo parece que les gusta. En este blog ya hemos hablado de la falacia de la nueva construcción del muro. Otro mensaje muy recurrente de Trump es la salida de USA de los tratados de libre comercio que tiene firmados con el Pacífico y, sobre todo, el NAFTA, sellado desde el año 1994 con México y Canadá, y de la imposición de un arancel de un 20% a los productos mexicanos para pagar el muro.

Conste que el que suscribe no es partidario de una liberalización del comercio salvaje que permita a las empresas hacer lo que quieran con tal de obtener su máximo beneficio posible. Esto es muy legítimo, pero creo que la intervención del Estado en materia arancelaria y sobre todo regulatoria en cuestiones de controles de calidad y ética empresarial y social son imprescindibles. No hablo de introducir aranceles y regulaciones por que sí, si no de no perder la soberanía comercial que cada país legítimamente ha de poseer, por encima de cualquier iniciativa empresarial por muy buena que esta sea.

Pues bien, el NAFTA es un tratado comercial que eliminó fronteras físicas y arancelarias al comercio entre los tres países de América del Norte. Aglutina a más de 478 millones de personas. Para hacernos una idea del impacto que supone un tratado de este calado, los ciudadanos europeos somos unos 510 millones de personas conviviendo en un mercado liberalizado similar al NAFTA. Y es que, a pesar de las preponderancias de los países más ricos en este tipo de tratados, los beneficios económicos no se pueden negar tan fácilmente. Las oportunidades de negocio se multiplican y la economía se dinamiza. Y nosotros, quizá por que sentimos un enorme cariño por México o porque tenemos lazos con mexicanos nos hemos preguntado: ¿Qué será de México en caso de que USA eche por tierra el NAFTA?

La economía mexicana es terriblemente dependiente de su vecino del Norte. Y me atrevo a decir terriblemente dado que los datos económicos que se manejan en cuanto a las relaciones comerciales creadas a raíz del NAFTA son cuantiosos, sobre todo para México. En caso de que Trump lleve a cabo la ruptura, hay que añadir que esta no se puede dar de manera inmediata: los trámites llevarán alrededor de unos dos años (si hoy se rompiera el acuerdo sus efectos llegarían a su fin en 2019), y a esto hay que añadir que Trump no lo puede hacer unilateralmente dado que necesita de la aprobación del Congreso, dominado por los republicanos (su propio partido), que históricamente han sido muy favorables a la liberalización de la economía.

Integración comercial.

Vamos a introducirnos en el tema en cuestión. La integración comercial a la que se han sometido USA y México es mucho más que eso. Los flujos de mercancías y de personas son enormes. Un par de datos lo demuestran: 1000 millones de dólares  y alrededor de 1400 millones de dólares en bienes y servicios cruzan a diario la frontera entre ambos países. Otro dato llamativo es que en México el sector de la producción automovilística se ha convertido en uno de los principales motores de la economía, llegando a suponer alrededor de un 3% de su PIB. Naturalmente esto no responde a que los Mexicanos se hayan hecho mucho más ricos y consumidores compulsivos de vehículos, si no que en USA algo de eso sí que tienen y la producción en México es más barata. Al tener las fronteras abiertas gracias al NAFTA a las corporaciones automovilísticas les sale más barato en mano de obra, entre otras cosas, producir en el país del Sur y luego transportar los vehículos al Norte.

Este es uno de los efectos fundamentales de la integración comercial gracias a lo que se conoce como las cadenas de valor: el diseño, fabricación y posterior comercialización se dividen en fases independientes, realizándose cada una en un país diferente. Generalmente las fases de diseño, venta y posventa se realizan en los países más desarrollados, siendo estos los procesos que más beneficios dejan a las empresas, y los procesos de ensamblaje y producción en los países menos desarrollados, dejando estos beneficios pero mucho menores. De ahí el impulso en la industria automovilística mexicana.

Vamos a ver más efectos de la integración:

El 80 % de las exportaciones mexicanas van directamente a los Estados Unidos, siendo su principal mercado. Sin embargo esto solo le supone a los Estados Unidos que las importaciones que recibe desde México sean un 16% del total de productos que llegan a suelo estadounidense provenientes del extranjero. Este es el principal problema. Ambas economías están “hermanadas” pero la diferencia entre una y otra es abismal. Con la imposición del arancel prometido por Trump esto supondría que el 80% de las exportaciones mexicanas se verían afectadas, mientras que sólo un 16% de productos importados serían gravados en USA. El efecto inmediato de la imposición del arancel es un encarecimiento de los productos que acabarían pagando los consumidores en el caso de los bienes finales. Y es aquí donde se presenta uno de los mayores problemas para México.

El 40% de las exportaciones mexicanas hacia USA son insumos, es decir, productos que aún no se han terminado de producir o bien no han terminado el proceso de venta, bienes que pierden sus propiedades para convertirse en bienes finales, los que compran los consumidores. Son productos que en Estados Unidos aumentan su valor gracias al efecto de las cadenas de valor. Las estimaciones hablan de que cerca del 40% del valor de las exportaciones mexicanas se produce en USA en este proceso. Si estos bienes son encarecidos a causa del arancel, a los productores puede que no les interese seguir con la producción en México, lo que reduciría de forma drástica la inversión y la creación de nuevos empleos.

Más de la mitad de la inversión extranjera que se realiza en México viene de su vecino del norte (52%), más de 15000 millones de dólares en el año 2015. Un claro ejemplo de ello está, de nuevo, en el sector automovilístico. Ford ha renunciado a construir una nueva factoría en México para la que iba a invertir 1600 millones de dólares y crear cerca de 2800 empleos a causa de las presiones de Trump. Otro dato que corrobora esto: más de 2 millones de vehículos producidos en México se vendieron en USA en el 2015.

Las remesas y el empleo.

Otro gran problema para México es el empleo. Si a causa de la pérdida de cadenas de valor por el cierre de fronteras y la imposición de un arancel las empresas estadounidenses deciden dejar de producir en México, a este le surgiría un grave problema. En el año 2014 las empresas estadounidenses empleaban a 1.29 millones de mexicanos. Estas cifras son algo inferiores a las reales, dado que en México existe un gran mercado de trabajo ilegal, lo que abarata aún más los costes de la mano de obra.Hay que remarcar que aquí quizá USA lo tenga más complicado, dado que según cifras de Bloomberg 5 millones de estadounidenses tienen empleo gracias a la integración comercial.

Otro factor a tener muy en cuenta es la dependencia mexicana de las remesas que envían los inmigrantes que viven en el país del Norte a sus familiares en su país de origen. Se estima que cada inmigrante mexicano envía de media alrededor de 300 dólares al mes. Ya hemos dicho que el sector automovilístico significa el 3% del PIB del país. Pues bien, las remesas suponen el 2.5%, es decir, después del sector automovilístico y el agroalimentario, las remesas significan la tercera potencia económica del país y quizá sean la primera en cuanto a fuente de liquidez, es decir, de dinero contante y sonante con el que pagar bienes y servicios. Las remesas son más importantes para México que la producción de petróleo, es más, significan casi el doble. Casi nada.

Conclusiones.

Si bien se podrían haber dado muchos más datos y concretado más el problema, creo que no es necesario ni aburrirme a mí ni a los lectores (si no lo están ya). Con estos números es suficiente para hacerse a la idea de la dependencia económica que sufre México ante la mayor economía del mundo y para afirmar que si se desata una guerra comercial el gran perdedor es el país del Sur.

México ha sufrido una transformación bestial en los últimos años en parte como consecuencia de las inversiones extranjeras realizadas gracias a esta serie de tratados comerciales. Pero si bien esto no es la solución a todos los problemas del país (habría que revisar todo el sistema institucional, político y social para esto), la pérdida de industria, empleos y quizá de la llegada de remesas, aunque solo resulten reducidas por unas mayores tasas, tendrían efectos durísimos.

Al gobierno y la diplomacia mexicanas debería urgirles buscar nuevos socios comerciales. La dependencia de Estados Unidos es muy jugosa económicamente, esta es la principal economía del mundo y son vecinos inmediatos, pero en situaciones de incertidumbre como la que se está viviendo supone problemas. Las declaraciones de Trump ya han hecho que grandes multinacionales retiren inversiones previstas para este país o que dejen de plantearse realizarlas en el futuro, a la par que ha producido una enorme depreciación del peso mexicano (el dinero de México vale menos); lo que hace que los consumidores mexicanos puedan comprar menos cosas y que el efecto de las remesas sea mucho mayor y genere mayor dependencia.

Una cosa que me ha llamado tremendamente la atención es la poca movilización en contra de estas medidas por parte de los mexicanos que viven en USA. Una población de 35 millones de personas residiendo legalmente y otros 5 de forma irregular son una fuerza poderosísima. Económicamente son un mercado enorme, y socialmente son muchísimos. Para que se hagan una idea: en un país de 318 millones, 62 votaron a Trump y 35 son mexicanos (más 5 de irregulares). Dejar de comprar productos estadounidenses sería algo imposible para ellos, pero sí podrán realizar boicots a marcas que se hayan declarado a favor de Trump o realizar movilizaciones y movimientos civiles protestando en contra de estas medidas que tanto daño pueden hacer a sus compatriotas.

Terminaré diciendo que, para un país orgulloso de sí mismo como es México puede que no todo sea la economía. Es obvio que Trump está tratando de humillar a los mexicanos, tratándolos como si fueran el enemigo público número uno de USA y un país de delincuentes. Y esto no lo deberían permitir. Muchos mexicanos tienen el pensamiento de que si Trump decide romper relaciones con ellos les será más fácil ponerse manos a la obra y buscar su porvenir como mejor les plazca sin depender de nadie. El golpe económico puede ser durísimo, pero el orgullo de una nación como México quizá pueda sobreponerse a esto sin problemas.

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Un comentario en “México y Estados Unidos: dependencia económica.

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