Hombres fuertes

El 2017 puede ser determinante para la Unión Europea. A lo largo de este año, que no ha hecho más que comenzar con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, el núcleo duro de Europa renovará a sus dirigentes en las urnas. Francia, Holanda, Alemania y, seguramente, Italia celebrarán nuevas elecciones en los próximos meses. Además, Reino Unido podría iniciar su salida del bloque comunitario en marzo. Entre los cinco suponen dos terceras partes del PIB de la región.

Hay una tendencia que se viene vislumbrando cuando se trata de escoger a los líderes mundiales: se buscan hombres fuertes. No necesariamente deben ser varones, ya que Marine Le Pen encarna los mismos valores autoritarios, xenófobos, nacionalistas y antiglobalización. Lo mismos que representa Geert Wilders para Holanda o el ya mencionado Trump para Estados Unidos. Todos ellos son líderes que se enorgullecen de su mano firme y de sus discursos incendiarios. Gestores que aseguran poder cargar con el peso del país a sus espaldas.

putin

Vladímir Putin, presidente de Rusia

Más allá de que sus políticas, actitudes y declaraciones sean calcadas –en lugar de los mexicanos, para Wilders los marroquíes eran el mayor problema de Holanda-, existe un denominador común en todos ellos y es que representan la figura del macho alfa con la capacidad de hacer lo que la ciudadanía no se atreve ni siquiera a susurrar.

Erich Fromm explicaba en su obra El miedo a la libertad (1941) que los hombres y mujeres prefieren delegar y doblegarse ante líderes que les guíen. Escrito en pleno auge de totalitarismos, como el fascismo y el comunismo, esas tendencias vuelven a estar presentes. En relación con esta vuelta a la actualidad de viejas obras, subrayar que 1984 de George Orwell está acaparando los primeros puestos en ventas en Estados Unidos. Ya sea por las fake news, los alternative facts o la neolengua.

Desentrañar cuál es el motivo principal de éstas victorias electorales es difícil. En primer lugar, la crisis económica no ha afectado a los países mencionados de la misma manera que a otros como a España. Estados Unidos, Reino Unido y Alemania no fueron vapuleados por la recesión iniciada hace una década de la misma manera que el sur de Europa. Sin embargo, unos eligieron Trump y otros Brexit. Si bien es cierto que el partido eurófobo y nacionalista Alternativa para Alemania (AfD) no parece tener opciones reales de ganar las elecciones, pero sí de lograr una amplia representación.

El futuro, siempre aterrador, puede ser otra de las causas. La robotización y los bruscos cambios que vivirá el mercado laboral pueden haber llevado a la gente a las urnas para votar a favor de estos candidatos. Un ‘America First’ es más efectivo que formar a los trabajadores en paro. El miedo al desempleo entre personas de cualificación baja se soluciona culpando a los extranjeros, ya que optan a los mismos puestos de trabajo. El conocido como Rust Belt estadounidense -Michigan, Ohio, Missouri…-, zonas que antaño ostentaban la capacidad industrial del país, han visto como poco a poco esas fábricas emigraban.

Hay infinitas posibilidades, desde la incomprensión y la excesiva burocratización de su funcionamiento que transmiten instituciones como la Unión Europea hasta el aborrecimiento que han llegado a producir los partidos tradicionales. Estos factores han derivado en la nueva forma de hacer política, que como explicábamos en ésta web, puede ser de cualquier ideología, ya que lo que busca es movilizar a las clases populares.

La democracia liberal no ha cumplido las expectativas de muchos ciudadanos. Se puede entender el aborrecimiento hacia partidos e instituciones que prometen sentido común. Así, cuando lo conocido no funciona, la opción es el líder proteico y sin miedos. Pero hay una posibilidad mucho más simple. Y es que seamos tan cobardes, nos veamos tan pequeñitos, que elegir a uno de estos hombres fuertes nos aporte calma. Puede que resuene en nuestras cabezas el eco de que un país debe ser para los nativos o que la nostalgia de los tiempos pasados invada los corazones.

Putin y Erdogan, referentes a seguir

El giro protagonizado por los políticos y auspiciado por los ciudadanos ya es común en Turquía o Rusia, donde dirigentes totalitarios como Erdogan o Vladímir Putin han instaurado un modelo que se empieza a exportar a otras naciones. No sorprenden las alabanzas de Donald Trump hacia el presidente ruso o los anhelos de acercamiento a Rusia por parte de Le Pen.

Vladímir Putin es el mejor ejemplo de este tipo de liderazgo. Es común que su imagen sea banalizada y se le muestre montado a lomos de cualquier tipo de animal o portando armas. Su imagen es una mezcla de autoritarismo, disciplina marcial y un aire de malo de película de Steven Seagal. El presidente ruso ha logrado esquivar los bloqueos comerciales impuestos tras la anexión de Crimea y la crisis económica provocada por la bajada de los precios del petróleo. Y es que, al contrario de lo que dictaría el sentido común, después de la anexión de la República de Crimea en 2014 el mandamás ruso alcanzó sus máximos de popularidad, ya que entre el 80 y el 90 por ciento de los habitantes de su país se mostraban favorables a Putin gracias a su determinación. Cabe destacar que este tipo de personajes se caracterizan además por poner en práctica un control férreo sobre la prensa. Donald Trump ya ha dado muestras de su animadversión por los medios. Pero ese es otro tema.

En Turquía se puede apreciar cierto paralelismo. Desde el golpe de Estado fallido que se produjo en el país otomano el pasado mes de julio, Recep Tayyip Erdogan puso en marcha una serie de despidos y detenciones que afectaron a todos los estamentos posibles, desde jueces a policías pasando por funcionarios. Los más de 100.000 afectados son sospechosos de tener relaciones con los autores del golpe. Además, la serie de atentandos que ha sufrido el país en los últimos años, ya sean obra del Estado Islámico o de los grupos terroristas kurdos, tiene como consecuencia última que la dureza de Erdogan sea vista con buenos ojos por gran parte de la ciudadanía, a pesar de su viraje hacia el totalitarismo. Se espera que apruebe una reforma constitucional que le dé la oportunidad de esquilmar capacidad a los contrapesos existentes. El presidente turco asegura que acumulando poderes podrá defender mejor a los ciudadanos de las amenazas externas.Es importante saber que Erdogan tampoco deja mucha libertad a la prensa autóctona.

Quién está al otro lado

Ante el desolador panorama al que se enfrentan los países democráticos y las instituciones transnacionales se suma que no haya ningún líder con el carisma ni la determinazión suficiente. Se puede intuir que Angela Merkel es la antítesis de los hombres fuertes, ya que su estandarte es el sentido común y su principal arma la estabilidad presupuestaria. Pero la acogida de refugiados y la cercanía de las elecciones hicieron mucho daño al número de votos recibidos. A su favor, Mariano Rajoy es su fiel escudero. También está Justin Trudeau, el primer ministro canadiense, que no ha dudado en ofrecer su país para acoger a los refugiados rechazados por las políticas de Trump. Sin embargo, se ha mencionado de soslayo que estaría dispuesto a dar la espalda a México a la hora de realizar nuevos acuerdos comerciales con Estados Unidos. O que ha apoyado la construcción de los oleoductos que pasan por las tierras protegidas de los nativos americanos. A su favor, es guapo como Pedro Sánchez. Como conclusión final: a lo largo de la historia siempre se alternarán la estulticia y la ilustración.

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