¿Qué es el populismo? Soluciones y situación de la socialdemocracia (Parte II)

En una anterior entrada sobre este tema hice una definición de lo que es el populismo asequible a cualquiera con multitud de ejemplos de muchas partes del mundo que ayudan a entender esta forma de hacer política. Hice hincapié en que este no tiene ideología definida, pudiendo ser utilizado por derechas e izquierdas, y que es transversal aunque su principal objetivo es y debe ser movilizar políticamente a las clases populares, que son las que menos ejercen su derecho a participar en la vida política.

En esta entrada me voy a centrar en el que es un problema central en las democracias occidentales: la caída de la socialdemocracia tradicional y el auge de las extremas derechas. Voy a hacer una defensa del populismo como forma de acercarse a las clases populares y a hacer hincapié en que la socialdemocracia y la izquierda tienen una herramienta muy útil en el populismo para acercarse a su tradicional nicho de votantes hoy perdido: las clases bajas y medias.

Y es que está a la vista de todos que la socialdemocracia se ha alejado de su electorado tradicional y ha dado paso a un giro ideológico hacia el centro político en ocasiones cercano a lo que tradicionalmente se ha llamado la derecha. Ejemplo de esto son las políticas que se han apoyado desde partidos socialistas como el alemán (gobierno de coalición con la derecha conservadora de Merkel), el PSOE (dando el gobierno a Mariano Rajoy), el partido socialista francés (enfrentado abiertamente con el poder sindical entre otras cosas) o, por dar el ejemplo norteamericano, Hillary Clinton como defensora del ideario liberal (así se llama en USA el pensamiento del partido Demócrata).

Trump o Le Pen están consiguiendo grandes nichos de votantes antes abstencionistas dando un giro discursivo al que no estamos acostumbrados. Hablan abiertamente de restringir o incluso prohibir la inmigración, incorrección política, de cerrar fronteras, de la renacionalización de las industrias o de mayores aranceles a las empresas importadoras. Hasta de violencia. Y esto parece ser que gusta. Si bien es cierto que hay partidos más escorados a la izquierda que defienden este tipo de planteamientos, o bien su ideario es demasiado radical para el votante medio, o bien mezclan este tipo de mensajes con otros menos atractivos para este.

¿Por qué entonces triunfa el ideario de la extrema derecha si también es un ideario demasiado radical para el votante medio?

Creo que la respuesta la hayamos en el elitismo ideológico y político, así como en el mayor uso de lo llamado “políticamente correcto”. La izquierda y la socialdemocracia han centrado sus esfuerzos en el comienzo del S.XXI en temas tan loables como el cambio climático, las economías verdes, la mayor inclusión de la mujer en la sociedad por la vía del feminismo, la economía colaborativa o el debate de las listas electorales en cremallera o sin ella, por dar algunos ejemplos. Mientras, han dejado de lado el crear empleo de calidad, el mantener el estado de bienestar o el fomentar la igualdad de los ciudadanos desde las instituciones.

Este giro llega con el “nuevo laborismo” del ex-primer ministro británico Tony Blair y el vuelco que dio Bill Clinton en su primer mandato en la presidencia de los Estados Unidos. Los tipos que se suponía eran de izquierdas se olvidaron de la intervención en la economía, dejando a los mercados a su libre albedrío y comenzaron a hacer políticas más centradas en el tema social, aunque muchas veces eran retrógradas, erróneas y represivas. Muestra de ello es el comienzo de la construcción del muro fronterizo entre USA y México que llevó a cabo Clinton y la intervención en la Guerra de Irak de Blair.

La economía funcionaba en ese momento, por lo que se decidió desregularizarla más aún. Esto fue seguido por los partidos socialistas europeos, y la cosa funcionó. Pero de aquellos polvos estos lodos, y llegó la crisis financiera del año 2008. En este momento ningún partido socialista en Europa se acordaba de lo que fue hace apenas 15 o 20 años, y siguieron haciendo las mismas políticas de principios de siglo y de finales del anterior. Y esto gran parte de sus votantes no lo entendieron. Se desencadenó una pérdida de poder de la socialdemocracia, dando lugar a partidos tildados de radicales, populistas, stalinistas o (imagine usted más adjetivos peyorativos).

Syriza en Grecia, Podemos en España o Movimiento cinco estrellas en Italia irrumpieron en el mapa político tras la crisis financiera mundial y especialmente tras la crisis de la deuda europea. Recogieron un gran nicho de ex votantes socialistas, siendo especialmente sangrante el caso griego en el que el partido socialista (PASOK) se quedó en un paupérrimo 6% en las últimas elecciones.

Estos han irrumpido en los países del sur de Europa, mucho más aquejados por la crisis y comandados en contra de su voluntad por las políticas de austeridad impuestas desde la Unión Europea. Syriza está gobernando en Grecia, aunque no ha logrado cambiar las políticas económicas de la UE, Podemos ha irrumpido en el Congreso de los Diputados como tercera fuerza política y el Movimiento cinco estrellas es dado como posible ganador en las próximas elecciones italianas por algunas encuestas.

El problema real está en el resto de Europa. La extrema derecha gobierna va ganado cada vez más fuerza con mensajes anti-inmigración, anti-inclusivos, represivos, anti-globalización e incluso con actos violentos hacia este tipo de colectivos. El quemar edificios destinados a refugiados en Alemania, el auge de Le Pen o el Brexit nos dan un ejemplo del problema. Y ante este problema la socialdemocracia actual no da señales de vida. Sigue inmersa en una renovación que nunca llega y recientemente se ha dejado perder la presidencia del Parlamento Europeo ante una coalición de los conservadores y los liberales. La pérdida de poder e influencia parece imparable.

Y es aquí donde yo utilizaría el populismo. Dar al pueblo lo que quiere y olvidarse de educarlo. Los mensajes de políticos al perder unas elecciones “no se me ha entendido bien el mensaje”, “la sociedad no ha comprendido que lo que ofrecíamos era bueno para ellos” no sirven. El trabajo de un político es proveer el mayor bienestar a la ciudadanía gestionando de una manera adecuada los recursos de los que dispone. Pero para ello ha de llegar a gobernar. Y educando al electorado en corrección política o convenciéndoles de los beneficios de la instalación de carriles bici o de las aperturas de las fronteras está comprobándose que no se ganan elecciones.

Con esto no quiero decir que no se hayan de hacer este tipo de políticas, pero a una madre soltera en paro de Madrid no le interesa que haya menos mujeres que hombres en consejos de administración de grandes empresas; quiere llegar a fin de mes. A un desempleado asturiano le da igual el carril bici de Oviedo; quiere tener un empleo y llegar a fin de mes. A un joven de la periferia de París le da exactamente igual el matrimonio homosexual; quiere un empleo de calidad y no tener que emigrar para encontrar un futuro digno. A un pequeño empresario italiano no le interesa la paridad en la contratación; quiere no tener que cerrar a fin de mes porque ya nadie le compra nada. Este tipo de mensajes no son su prioridad. Quieren empleos de calidad y tener asegurados unos derechos básicos que saben han tenido sus ascendientes por el hecho de ser ciudadanos europeos. Y a día de hoy tienen la conciencia de que esto se va a acabar o ya se ha acabado para ellos.

El populismo puede ser la estrategia a seguir. Canalizar estas demandas sociales y convertirlas en algo bueno para la sociedad, en lugar de permitir que estas demandas las canalicen el odio al diferente y la insolidaridad. Soy un gran partidario de la economía verde, la paridad de la mujer y la igualdad de derechos sin distinción de la condición sexual, por ejemplo, pero entiendo que haya gente que estos mensajes no les interesen, lo veo hasta lógico, ya que bastantes problemas tienen ya con llegar a fin de mes. En España tenemos un 15% de trabajadores pobres, un 22% (más de 10 millones) afectados por la pobreza y más de un 28% (más de 13 millones) en riesgo de pobreza, siendo 122 millones de personas en riesgo de pobreza en toda la UE, un 22,4% del total de la población.

La crisis todavía está coleando en el seno de la UE. La socialdemocracia y la izquierda están mirándose el ombligo y tratando más sus problemas internos que poniéndose a trabajar para los que han sido sus votantes tradicionales: los millones de personas que forman parte de estos índices de pobreza o de riesgo de ella. En lugar de tratar de ofrecerles una alternativa creíble de un futuro mejor, están bombardeando con discusiones dialécticas y moralizantes.

Si hasta el momento han sido incapaces de dar una posible solución al problema de la desafección, ¿qué van a hacer ante el próximo problema que se viene, que es el de la robotización de la economía y una posible mayor globalización empresarial y económica? Esto va a reducir considerablemente los empleos menos cualificados de las economías desarrolladas, precisamente los puestos de trabajo que ostentan las clases medias y bajas, el nicho tradicional de votos de la izquierda.

La socialdemocracia y la izquierda deberían adoptar una actitud y un discurso más próximo al populismo que les ayude a cohesionar a sus votantes y les inculque el fervor político que en su día tuvieron las clases populares europeas. Utilizar mensajes sencillos más cercanos al “pan, educación y libertad” complementándolos con las ideas de igualdad de género o la economía verde, siempre presentes en su ideario, por otro lado. Pero es momento de centrarse en lo básico y de dar solución a los problemas más inmediatos que son básicamente cómo sacar de la pobreza a muchos millones de personas y cómo hacer que lleguen a fin de mes.

En Reino Unido ya se ha producido un cambio de mensaje y de actitud política al convertirse Jeremy Corbyn en el líder del laborismo y Bernie Sanders dio la batalla a Hillary en las primarias demócratas. Las primarias del partido socialista francés han dado como vencedor al candidato más a la izquierda, dejando al ex primer ministro Manuel Valls en la tacada. Pero con la victoria de Trump y el Brexit esto no parece que vaya a tener mucha significación en el futuro.

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