La La Land (2016), Damien Chazelle

Como parece que la sociedad se ha polarizado en dos bandos -los que aman La La Land y los que la despellejan- ha llegado el momento de sumarse al debate público. Debo decir que mi conocimiento del género musical se limita a las dos primeras entregas de High School Musical. Obras que disfrute con fruición, debo decir a mi favor. Creo.

A pesar de que mi acervo cultural respecto al musical no sea muy abultado, el segundo largometraje de peso de Damien Chazelle se disfruta. No sólo trata de una camarera de Los Ángeles que quiere ser actriz y de un músico de jazz que quiere hacer resurgir el género inspirándose en los clásicos. Esta, al fin y al cabo, es una presentación un poco arquetípica. Trata sobre el arte y la vida, lo nuevo y lo viejo. Y todo ello contado con una estética colorida, irradiante.

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Pero este tipo de fenómenos, en el que se mezclan las buenas campañas publicitarias con las redes sociales, sacan a la luz un conjunto de filias y fobias irracionales. Como si fuese posible que si una película logra más o menos reconocimiento pudiese interferir en tu espacio vital. Tiene 14 nominaciones en los Oscar, ya está. Titanic era una mierda.

Lo único cierto es que cada una de las secuencias musicales tiene un trabajo admirable y está realizada por gente con tanto talento que es difícil comprender por qué tanta bilis. En el vídeo enlazado abajo se ve como Chazelle dirige una de las escenas. Va guiando a un cámara espídico a la vez que sigue el ritmo de la música.

 La La Land trata sobre encontrar lo que de verdad te apasiona en la vida y hacerlo. Y cuando uno hace lo que desea es capaz de contagiar a los demás. Eso es lo que logra Chazelle. En sus dos últimas películas embauca al espectador debido a la pasión por la música y el cine que desprende. Sin olvidar los clásicos, pero trayéndolo a la actualidad.

Además, la pareja formada por Emma Stone y Ryan Gosling cumple los requisitos. Son guapos, cantan y bailan bien. Sus historia es la de dos personas con aspiraciones artísticas en la vida. Deduzco que si alguien es capaz de criticar su labor es porque no es guapo, no canta, no baila y quiere ser tornero fresador. Por si fuera poco, cuenta una historia de amor que no es empalagosa, con un final creíble y nostálgico. Ni siquiera cae en el tópico.

No es que haya reinventado el séptimo arte ni nada parecido. Seguramente, el invierno que viene nadie se acuerde de La La Land y puede que cuando lleguen los Oscar acabe perdiendo contra otras opciones de mayor carga argumental. Pero una de las funciones primigenias del cine es ilusionar a la gente, hacer posible lo fantástico. Esa simple ilusión onírica ha sido sustituida por la testosterona más burda. Y si una película es capaz de hacer soñar, bienvenida sea.

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Un comentario en “La La Land (2016), Damien Chazelle

  1. Pingback: Moonlight (2016), de Barry Jenkins |

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