El Mago de Oz: Matriz inagotable de cuentos y películas.

Hay historias que, si bien tenían ya de por si la capacidad de perdurar en su forma literaria primigenia, al ser adaptadas al cine han visto su distribución e impacto multiplicado con creces. Esto es lo que le pasó, tras su exitoso paso a la gran pantalla de la mano de Metro Golden Mayer, al cuento para niños titulado El maravilloso mago de Oz, de L. Frank Baum (1856-1919). Convertido ahora un musical, el filme, rodado en 1939 y con Judy Garland en su papel protagonista, se toma sus licencias con respecto a él. Esta reseña pretende entremezclar cuento y película, cogiendo la trama del primero y las desviaciones y curiosidades de la segunda.

Dorothy vive en la monótona pradera de Kansas con sus tíos, que trabajan de sol a sol sin conocer la alegría. Su perro, Totó, es quién la “libraba de volverse tan gris como lo demás que la rodeaba”, pues con sus juegos aleja su aburrimiento. Cabe destacar que el perro intérprete cobraba unos 100 dolares a la semana, un auténtico pastizal en aquella época, si bien su “actuación” no tiene desperdicio y le costó una fractura de pata. Por su parte, la película lanzó a Judy Garland, que por aquel entonces contaba con 16 años, al estrellato.

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Un buen día, una tromba de aire, fenómeno común en Kansas, arranca la casa de cuajo. Pese a la violenta envestida, “a Dorothy le pareció estar subiendo en globo”. Finalmente, la casa, con Dorothy y Totó en su interior, se deposita “en medio de un paraje de extraordinaria belleza” que, en contraposición con Kansas, está lleno colorido. En su adaptación cinematográfica más conocida, este paso se realiza pasando del blanco y negro al tecnicolor, lo que acentúa el cambio. Y es que esta tromba (recurso tan parecido, pese a sus diferencias, al armario del que se sirve C.S. Lewis en sus Crónicas de Narnia), les ha transportado a un país mágico: Oz

Concretamente, la casa ha caído encima de una malvada bruja, de la que solo se ven ya los pies, que portan unos zapatos plateados que guardan un poderoso poder, si bien en la imaginación popular los zapatos están hechos de rubíes, pues así aparecían en la película, por una cuestión estética. Y es que el musical de la MGM, dirigido por cuatro directores, entre los que se encontraba Victor Fleming es un concierto de color.

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El país de Oz está formado por cuatro reinos cardinales dominados cada uno por una bruja, siendo las del Norte y Sur buenas, mientras que las otras dos, de las que ahora solo queda una, son malvadas. Por haberla matado, Dorothy es considerada por la población del lugar, los Cabezudos, como una poderosa hechicera, y le están muy agradecidos. Salvando las inquietudes de la niña, le dicen que “la tierra de Oz nunca ha sido civilizada”, motivo que explica la existencia de seres y objetos mágicos. Sin embargo, pese a que le gusta el paisaje, ella solo quiere volver con sus tíos, que bien preocupados deben de estar por ella. Y es que “no hay nada como estar en casa”.

Por ello, siguiendo su recomendación, seguirá el camino de los adoquines amarillos hasta llegar a la llamada Ciudad Esmeralda, que gobierna el propio Oz, al que se considera el mago más poderoso e inteligente de todos. El único problema es que al parecer no gusta de recibir visitas. Pero es la única opción para Dorothy, que se encontrará en el trayecto a los que serán sus compañeros durante su estancia en Oz, y que se han convertido en verdaderos iconos de la cultura occidental.

El primero en aparecer es el Espantapájaros, interpretado en la película por Ray Bolger, a quién Dorothy salva de su labor quitándole el palo que le anclaba a la Tierra. Será un amigo de inestimable valía, pues su constitución hace que no sienta dolor alguno, así como que no se arrostre ante ningún peligro. Decide acompañarla para ver si Oz le daría algo de sesos, pues su cerebro está repleto de paja. Y es que “es una sensación tan incómoda el saberse tonto”.

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A este compañero se antepone el siguiente en aparecer: el Hombre Hojalata, a quien Dorothy salva de su parálisis, pues se había quedado sin su aceitera y se ha oxidado. Hace tiempo fue un hombre de carne y hueso, pero la bruja malvada del Este, recientemente muerta, le fue cercenando los miembros. Salvó la vida por que un hojalatero se los fue sustituyendo con este material, si bien la película cuenta su historia de una forma mucho más light. Como curiosidad, cabe destacar que el primer actor que interpretó a este personaje, papel que finalmente recayó en Jack Haley, estuvo a punto de morir envenenado por las emanaciones del traje.

Por su parte, él les acompañará para pedir a Oz un corazón, pues “mientras estuve enamorado era el hombre más dichoso de la Tierra”. Además, “los sesos no hacen feliz a nadie, y la felicidad es lo mejor”. Sin embargo, esta cuestión no es de primera necesidad para el pobre del Espantapájaros, pues “un tonto no sabría que hacer con el corazón si lo tuviera”. Sin embargo, “vosotros que tenéis corazón […] tenéis algo que os guíe, y no tenéis que obrar nunca mal, pero yo no tengo corazón, y por eso debo ser muy cuidadoso. Cuando Oz me dé un corazón no necesitaré preocuparme tanto”.

Él ultimo en unirse a tan variopinto grupo es el León Cobarde (Bert Lahr), quien rápidamente reconoce su condición, pese a que su rugido no es por ello menos temible. Hablando con los dos anteriores, les dice que “debe ser muy incómodo no estar vivo”, pese a la ventaja cuestionable de no necesitar ni dormir ni comer. Él les acompañará con el objetivo de conseguir valor, y así ser reconocido como el rey de la selva. Por otra parte, es importante destacar que en la película estos tres compañeros aparecen, antes de ser transformados por la imaginación de Dorothy en Oz, en la “vida real”como trabajadores de la granja de sus tíos.

Tras sortear el campo de amapolas letales y a unos temibles animales mitad tigre mitad pantera, el grupo llega a la Ciudad Esmeralda. En el libro, todos sus habitantes, así como los extranjeros, deben llevar gafas para que no les ciegue la luz verde, siendo todo de este color. Allí son recibidos por el gran Mago, quien promete realizar sus deseos si antes acaban con la Malvada Bruja del Oeste, interpretada magistralmente por Margaret Hamilton. Este papel pudo haberle salido muy caro a la actriz, pues estuvo a punto de morir quemada en una escena, así como la pintura de su cara resultó ser tóxica, y tardó largo tiempo en quitarse de su cara.

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Los amigos emprenden el viaje, pero pronto son capturados por los secuaces de la Bruja, los Monos Alados, si bien en el libro primero les atacan cuervos, abejas y lobos. Así mismo, en la película, más maniquea, los monos son malvados, mientras que en el cuento de Baum se encuentran constreñidos por un hechizo que les obliga a acudir a la llamada de quien les invoque. Al igual que los genios, este poder puede utilizarse tres veces. A sus amigos les dejan fuera de combate, mientras que a Dorothy solo la llevan hasta la Bruja, pues “está protegida por el Poder del Bien, y este es mayor que el Poder del Mal”.

Y así permanecerá Dorothy encarcelada, si bien el filme difiere de la historia original para dotarla de más dinamismo, hasta que, al echarle un cubo de agua por encima a la Bruja, la mata deshaciéndola, pese a que no sabía que ese era su punto débil. Libertadora de otro pueblo, ahora va a rescatar a sus amigos, pues al León Miedica también le tenían encerrado, y al Hombre Hojalata y al Espantapájaros les habían inutilizado los Monos, despeñando a uno y sacándole toda la paja a otro.

Heroicos, vuelven a la capital para que Oz cumpla su promesa, más descubren que no es sino un farsante, un hombrecillo regordete que se oculta tras un biombo. Aquí me parece que la película comete un error al separarse de la versión original, pues Oz les cuenta que son las gafas lo que permiten verlo todo verde y brillante, y no la propia ciudad. Es por lo tanto “un mal mago”, si bien dice ser un buen hombre.

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Sin embargo, utilizando su retórica y un poco de saber científico, consigue dar a los tres compañeros de Dorothy lo que buscaban, y que, en gran medida, ya tenían en su interior. Y es que, por ejemplo, el saberse tonto es síntoma de inteligencia. Para ayudar a Dorothy a volver a Kansas, Oz decide que utilizarán el globo aerostático con el que él, un simple mago de feria, había llegado a este lugar por primera vez, tan accidentalmente como Dorothy, a quien también se considera una hechicera de gran poder, más ahora que ha matado a las dos brujas.

Desgraciadamente Totó salta del globo para perseguir a un gato de la multitud que les despedía, quedándose con él su dueña en el suelo, mientras que Oz sigue volando. Ahora su única esperanza es Glinda, la Bruja del Sur, a la que irán a visitar, y quien dice a Dorothy que, para volver a casa, tan solo tiene que desearlo y entrechocar sus zapatos mágicos tres veces. Y así, apenada pese a dejar a sus amigos en una muy buena posición, pues todos se han hecho señores de un reino, regresa a Kansas.

Este cuento, que cuenta con las magníficas ilustraciones de W. W. Denslow, nació según su autor con la “intención de complacer a los niños de hoy”. Es el primero de una serie que ya llega a la cuarentena de libros, si bien escritos en su mayoría por otros autores, sobre aquel país al que se accede atravesando el arco-iris. Así mismo, más allá de su versión de 1939, la más conocida, es un tema que se llevado a la pantalla en múltiples ocasiones. En la última, realizada hace un par de años, el bajito y regordete Oz es interpretado por James Franco.

Así mismo, cabe destacar que Disney se hizo con los derechos y realizó una secuela en 1985, protagonizada por Fairuza Balk, que está considerada como una de las películas infantiles más oscuras, pues trata temas como la lobotomía y en algunas de sus partes parece una película de terror, como aquella en la que la Princesa Mombi se quita y pone cabezas o la muerte del Rey Gnomo. Sin embargo, aparecen personajes tan entrañables como Jack Cabeza de Calabaza o aquella cabeza de reno capaz de hablar, y cuyo cuerpo era un sofá.

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Por último, aunque en mi opinión es algo bastante enrevesado, se ha querido ver en el cuento original de Baum una alegoría, ni más ni menos, al enfrentamiento entre los defensores del patrón oro y los bimetalistas. Atendiendo a esta idea, el camino de adoquines amarillos, es una promesa que conecta el mundo agrícola, empobrecido, con la ciudad. Y siendo como es Oz (que significa onza en inglés) un farsante, la vuelta a casa, la recuperación, es posible gracias a los zapatos plateados. Sin embargo, como dijo el propio Baum, soy de la opinión de que no es más que “un cuento de hadas modernizado, en el que se mantienen la alegría y la fantasía y se suprimen las penas y las pesadillas”.

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