Grandes obras que deberías leer: Sobre la Libertad (1859), por John Stuart Mill

Esta obra es quizá la más importante escrita por el filósofo, economista y, ante todo, teórico del liberalismo, John Stuart Mill. Hijo del escocés James Mill, gran amigo del utilitarista Jeremy Bentham, recibió una estricta educación siguiendo los preceptos de esta filosofía. Fue tal el extremo de esta educación únicamente enfocada a la “adquisición de conocimientos útiles” y tan grande la capacidad de Stuart Mill, que este, con apenas 10 años ya sabía latín y griego, estaba versado en álgebra y conocía profundamente las obras de los filósofos clásicos. Por si esto fuera poco, con doce años estaba completamente formado en Política económica, manejando las obras de Adam Smith y David Ricardo. Aunque por otra parte, como dice este en su biografía, jamás tuvo la oportunidad de jugar con ningún niño. Nacido en Londres, Stuart Mill es considerado por la Enciclopedia filosófica de Stanford como “el filósofo de habla inglesa más influyente del S. XIX.”

Ciñéndonos a la obra que nos concierne, Sobre la Libertad es uno de los ensayos más importantes del autor y es fundamental en cuanto a las teorizaciones del pensamiento liberal, no en el plano económico, sino en el moral. Fue escrita en varios años de duro trabajo, con la inestimable ayuda de su mujer, Harriet Taylor, la cual fue profundamente influyente en sus pensamientos. Tanto que llevó a Stuart Mill a preocuparse por los derechos de las mujeres, cosa extraña en un hombre de su época.  Así, Mill es considerado como uno de los primeros feministas de la Historia por algunos estudiosos.

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John Stuart Mill

 

La obra de Mill es muy importante en la historia de la filosofía y del pensamiento político, pues influyó en muchos escritores y pensadores posteriores (se expondrán algunos ejemplos), y abrió las puertas a un pensamiento de plena libertad con el objetivo de que este sirva a la humanidad, no solo al propio individuo.

El ensayo Sobre la Libertad está escrito como si de un discurso se tratase. Para un lector poco acostumbrado a la lectura de ensayos puede ser complicado de leer, dado que el autor parece ser que era poco amigo de separar las ideas en párrafos, apareciendo durante la obra párrafos que pueden llegar a durar más de cuatro páginas. Sin embargo, si se lee imaginando que se está recitando en lo alto de un atril hacia una audiencia se torna mucho más sencillo.

Quien se acerque a la obra buscando algo referido a la libertad individual o libre arbitrio, no se moleste en leerlo. La obra trata sobre la libertad social o civil, es decir, la naturaleza y los límites del poder que la sociedad puede ejercer legítimamente sobre un individuo. Mill quiere llegar al descubrimiento de un principio inefable que rija las relaciones de la sociedad con el individuo en cuanto al control: el único fin que justifica que un hombre o la sociedad se entrometa en la libertad de otro es la protección, es decir, evitar que se perjudique a los demás.

Mill se basa en la idea de que uno de los motores principales de la Historia es la lucha entre la autoridad y la libertad. Esta libertad, en el mundo clásico, se entendía como “protección ante la tiranía del gobierno”, habiendo dos maneras de impulsarla: el reconocimiento de derechos o inmunidades que el gobierno no pueda violar y, posteriormente, la introducción de frenos constitucionales. Pero con la evolución de la moral, el hombre consideró que la sociedad debía gobernarse a sí misma, lo que ocasiona el surgimiento de la democracia liberal. Este es el sistema preferido por Mill a pesar de sus defectos, tales como la dictadura de la mayoría, la cual impone la tiranía del gobierno y de la opinión pública.

En el ensayo se nos afirma que una sociedad solo es libre cuando se respetan las libertades de conciencia, pensamiento, expresión y de publicar lo que se quiera, añadiendo también el ser libre en los gustos que se tenga, los fines y en la forma de vivir (siempre siendo conscientes de las consecuencias que esto pueda traer), además de la libertad de asociación. Pero estas libertades, según el autor, se están perdiendo, dado que la tendencia es que las sociedades vean fortalecido su poder frente al del individuo. Para ejemplificarlo habla de la influencia de la Iglesia Católica sobre la moral cristiana, la cual ha dominado y controlado durante siglos.

En la obra, Mill hace una reflexión similar a la que ya posteriormente Ortega y Gasset teorizó: el auge de las masas y la toma del poder y del control social por parte de estas. Para ello se basa en la dictadura de la mayoría y la nueva forma de censura que se estaba imponiendo por parte de la sociedad por medio de la censura moral, a pesar de las más y mayores libertades que daba el Estado.

“Nunca podemos estar seguros de que nuestra opinión sea cierta y podemos querer no expresarla por miedo a que sea falsa. Si callamos sin saber que es falsa, cometemos un error, y si callamos sabiendo que es falsa también lo cometemos”. J.S.Mill hace una profunda reflexión sobre los límites de la expresión y de las discusiones, arguyendo que no hay. Mill no deja de haber sido educado en el utilitarismo, y no deja de ser admirador de Jeremy Bentham, por lo que a veces induce su ensayo a lograr grandes metas para la humanidad. Este es uno de esos casos. Expone que el hombre ha de llegar a verdades incuestionables, y ahí será cuando se puedan imponer límites a la expresión, para así evitar las mentiras, pero aún no se ha llegado a este nivel de verdad. Por tanto, se han de aceptar y respetar las opiniones de todos.

La verdad es algo que solo se puede obtener mediante la certidumbre, por lo que si se duda de algo, se cuestiona y se debate y la conclusión es que es cierto, no quiere decir que necesariamente sea verdad, pues hay cosas que se desconocen, pero se acerca a la verdad. De ahí, concluye Mill, que la libertad de expresión acerca al hombre a la verdad. Pone de ejemplo otra vez a los cristianos, argumentando que la gran mayoría de ellos no conoce al completo el credo ni las enseñanzas de Cristo, si no que siguen esta religión según los usos y costumbres que les han enseñado, sin darse cuenta de que la siguen de manera errónea, dado que no tienen libertad para cuestionarse su Fe ni sus ritos religiosos. Esta falta de cuestionamiento, cree el autor, debilita la Fe y aleja a los creyentes de las verdaderas enseñanzas de Jesús.

J.S.Mill cree que la contraposición de ideas es necesaria para que el hombre encuentre la verdad absoluta y plena. Esto lo ejemplifica con los partidos políticos ingleses. Aquí el autor deja entrever sobre un gobierno despótico más cercano al utilitarismo que al liberalismo, dado que afirma que los partidos políticos se complementan al estar en contra. Hacen contraposición de ideas y, según el poder que tengan en el parlamento en cada momento y la situación política, toman unas decisiones u otras, quedando la cosa siempre en el punto medio que aleja los idearios de los hombres de la barbarie. Pero Mill cree que esta contraposición de ideas no ha de ser eterna, si no que los hombres, cuando estén más cerca de la verdad, solo tendrán un partido que sea completamente capaz de “distinguir lo que ha de ser barrido de lo que ha de ser conservado”. Así sucede con las ideas: se contraponen ideas en busca de un acuerdo hasta que la verdad absoluta que ha de encontrar el hombre sea clara. Mientras tanto se contraponen para acercarse a ella.

La única limitación que Mill encuentra a una contraposición de ideas o a una simple discusión, es una probada intención de ofender las ideas contrarias, aunque el propio autor reconoce que realizar estas probaturas es harto complicado, pues no solo vale con la ofensa sufrida, sino que es necesaria la intención de cometerla, cosa que, simplemente, puede no ser admitida por el infractor.

Esta limitación en cuanto a la expresión la utiliza Mill para la libertad individual de una persona. Cree que los hombres son inteligentes, por lo que no han de limitarse a seguir usos y costumbres como meros autómatas, si no que han de pensar por ellos mismos y decidir libremente si seguirlos. “Es mejor un ateo que alguien que siga a Dios porque así le han dicho que debe obrar”. J.S.Mill cree que el hombre que se cuestione sus actitudes e ideas vitales está dotado de carácter, y que, por desgracia, eso se está perdiendo. Las personas ya no se plantean su vida, si no que “actúan como la sociedad espera que lo haga alguien en su posición, o, lo que es peor, como creen que lo haría alguien de una posición superior”. No siguen su conducta natural, por lo que la naturalidad en las personas se está perdiendo, y esto, lo achaca al Calvinismo. “Todo lo que no es deber es pecado”, dando entrada al ideario de otro ensayo muy influyente: La ética protestante y el espíritu del capitalismo, del sociólogo alemán Max Weber.

Mill cree profundamente en que el libre desenvolvimiento del hombre le acercará a la perfección, aunque la limitación que le impongan los prejuicios de los demás lo obstaculizarán. “El despotismo de las costumbres es el enemigo del desenvolvimiento de la Historia”. Por lo que de momento, este libre desenvolvimiento se queda en originalidad. Aunque este ya es suficiente para mejorar  la sociedad. Esta limitación viene dada por el nuevo auge social de las masas, en las que domina el pensamiento de que lo mejor es la costumbre. Este dominio de las masas no gusta mucho al filósofo inglés, aunque apoya el auge y la nueva igualdad que esto pueda traer a la humanidad. “La única fuente de mejora infalible es la libertad”.

Lo que se necesita para que las masas no impongan la mediocridad es que los “líderes” que en cada momento las “guíen” sean más y más libres, pues así las masas seguirán esta estela de pensamiento liberal. Aquí Mill no da pie a que las masas rechacen este pensamiento y se contradice: primero nos dice que las masas son amantes de las costumbres y de lo tradicional, y acto seguido que seguirán ciegamente a los libre pensadores que se atrevan a discutir y criticar esto.

A pesar de que es el sistema preferido por Mill y es un firme defensor de este, tanto que fue parlamentario durante tres años y tuvo una gran actividad política, no se puede llegar a otra conclusión durante la lectura del ensayo que, la tiranía de la opinión pública (de la opinión de las masas) no es otro que el sistema de la democracia liberal.

El final de la obra está reservado para desvelar las reflexiones sobre el propósito principal del autor: descubrir los límites que ha de tener la libertad individual sobre la sociedad. Aquí se nos afirma que la sociedad solo debe tener la capacidad de juzgar a un individuo cuando su conducta ante la sociedad es perjudicial, no así cuando lo sea ante sí mismo. Y es en este caso cuando la sociedad se ha de reprobar a sí misma, dado que es la encargada de tutelar y educar a los niños, jóvenes y discapacitados, hasta que la ley diga que han superado la mayoría de edad o sean capaces por sí mismos. Así, si un hombre en su edad adulta actúa mal para sí mismo, la culpable no es otra que la sociedad que no lo ha educado correctamente cuando era su deber.

Esto es ejemplificado con el caso de un padre de familia (entendido bajo la moral del S.XIX) que pasa su mayor parte del tiempo y gasta la mayor parte de su dinero en el juego. A este hombre no hay que reprobarle por jugar, pues es muy libre de emplear su tiempo y su dinero en lo que quiera, si no que se le debe reprobar por haber abandonado sus deberes de padre de familia para con su mujer y sus hijos.

El último alegato de Mill, antes de finalizar el ensayo con multitud de ejemplos sobre cómo aplicar sus preceptos sobre la libertad en la sociedad inglesa de la época, es que la sociedad no debe intervenir en la moral privada pues esto será siempre pernicioso. El poder social es la opinión pública y, ejemplifica Mill, imaginemos que algún día en Europa triunfa el Islam y se prohíbe el consumo de cerdo. Siendo la mayoría de la sociedad musulmana, todos estarían de acuerdo, pero una porción de la sociedad no estaría conforme con esta restricción. Sería un recorte de libertad a causa de la imposición de una moral ajena.

En cuanto a los ejemplos que J.S.Mill nos da sobre cómo se pueden aplicar sus ideas, llama poderosamente la atención una: que la educación pública no debe existir. Mill aboga por educación privada para que los niños no salgan todos iguales y como el gobierno de turno mande. Cree que no ha de ser gratis para fomentar la responsabilidad de los padres, pues es su obligación cuidar y hacerse cargo de sus hijos, siendo personas de “baja moral” los que tengan hijos y no puedan darles una vida decente. Aquí se observa cierto clasismo y elitismo por parte del autor, además de que no presta atención a la igualdad de oportunidades (uno de los pilares del liberalismo).

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