¿Qué es el populismo? Definición e historia (Parte I)

Últimamente se habla mucho del que se supone un nuevo género político, pero que en realidad lleva existiendo muchísimos años. Se trata ni más ni menos que del populismo. La definición técnica o politológica no existe. Más bien existen muchas, pero ninguna de ellas es aceptada por toda la comunidad científica. No tiene interés relevante darle una definición concreta de carácter técnico, en primer lugar por la falta de acuerdo que haga de ella algo inaplicable a cualquier fenómeno, en segundo lugar por evitar esa discusión y en tercer lugar porque por mucho que exista va a dar lo mismo: la palabra populismo se seguirá usando como algo peyorativo y despectivo por medios de comunicación y fuerzas políticas.

Y aquí es donde voy a llevar la contraria a todo el mundo. El populismo creo que es un fenómeno que en este momento es bueno, a pesar de que personajes como Trump o Le Pen lo hayan aprovechado para afincarse en el poder o aspirar a él con posibilidades reales. Por eso voy a tratar de explicar qué entiendo por populismo de manera que todo el mundo lo pueda comprender.

A populismo lo definiría como una manera de hacer política que surge en el fenómeno de la política de masas, entendida esta como el comienzo de los movimientos políticos que lograron aglutinar a clases populares en su seno. El máximo exponente de esto es el partido socialista alemán en el final del Siglo XIX y principios del XX. Este fue el primer movimiento político organizado de la historia que logró canalizar las demandas de las clases más bajas y deprimidas de la sociedad alemana. En clase baja no incluyo a los inmigrantes o las minorías que coexistan en un país, dado que creo que su actuación política difiere. Pero hoy en día los ciudadanos más pobres son los que menos votan, por lo tanto son para los que menos políticas se hacen. No haría falta mencionarlo, pero lo voy a hacer: Las clases bajas en las sociedades democráticas siempre ocupan el segundo o primer escalón en cuanto al número de ciudadanos que las forman, disputándose el puesto con la clase media.

El populismo es un movimiento que se encarga de hacer salir de sus casas a las clases bajas y más deprimidas de la sociedad e inculcarles un fervor político que les lleve a votar y participar de la vida política. Esto no significa que el partido tenga que ser comunista y apelar a la clase obrera, sino simplemente que trata de canalizar las demandas de estos y transformarlas en un movimiento político, sea de la índole política que sea. Y esto es de importancia: trata de Canalizar unas demandas e ideas, no de Inculcarlas o tratar de educar a la sociedad. Para esto se usa un discurso sencillo, alejado de frases llenas de grandilocuencia y palabras que solo sean accesibles a una capa preparada de la sociedad, con frases más cortas y con una mayor apelación a los sentimientos nacionales de patria (entendida esta según la visión que tenga cada partido), de nación, de sociedad y de antagonismo de clase o antiestablishment. Siempre rodeado todo de enemigos externos al país (países con líderes malísimos, liberalización radical que desemboca en globalización y deslocalización empresarial, terroristas…) e internos (inmigrantes, establishment corrupto, traidores a la patria…)

Con esta definición tan sencilla creo que es suficiente para explicar por qué el populismo es un fenómeno sin ideología: puede ser usado tanto por las derechas como por las izquierdas. El populismo no trata de educar ni de hacer ver a la población que sus ideas son las mejores que las del rival y por eso han de votarle. El partido o aparato que realice la estrategia populista tratará de acoplar a sus ideas previas (el partido comunista el comunismo o Le Pen el nacionalismo de extrema derecha) las ideas o demandas que tengan las clases populares y más deprimidas, que siempre serán: trabajo, seguridad económica, estabilidad, que sus hijos vayan a tener un buen futuro, progreso nacional…

Pero no es suficiente para ver del todo lo que es el populismo. El populismo puede ser de momentos (como bien explicó mi compañero Luis Díaz, Trump es en gran parte respuesta a una crisis económica) o puede ser algo más sistémico o cultural. En esta entrada me interesa más ceñirme al “populismo de momentos”, pero es fundamental ver un ejemplo de lo que puede ser el populismo con raíz cultural, que implica una mayor duración en el tiempo y una mayor legitimación social si este no cambia.

Un ejemplo de persona populista por excelencia es el ex primer ministro Italiano Silvio Berlusconi. Este primero aplicó el populismo para hacerse multimillonario con los medios de comunicación (es dueño del todopoderoso grupo Mediaset, que incluye Telecinco y las cadenas más importantes de Italia). Sigue la máxima de “hay que dar al pueblo lo que quiere ver, no tratar de educarlo”. Resultado: Sálvame, 17 temporadas seguidas de Gran Hermano y programas de esa índole. Todos líderes indiscutibles de audiencia. De Berlusconi se decía que muchos italianos le votaban porque este les prometía que podían ser como él: rico, mujeriego, y con poder para hacer lo que quisiera. El discurso político de este era de cariz conservador, como lo puede ser el de Merkel en Alemania, pero estos han de ahondar más en contenidos que él para hacer competición política. A Berlusconi le valió con seguir su estrategia empresarial para ser primer ministro en tres ocasiones.

Todas las fuerzas políticas hacen actuaciones populistas en momentos concretos, pero no todas basan su actuación política en el populismo. Todos los partidos políticos buscan canalizar las ideas y demandas de las clases bajas, pero son actuaciones residuales. Se envía un mensajito a los pensionistas con pensiones más bajas vía visita a un centro de mayores  o se pasea una mañana de campaña electoral por la cola del paro, pero no se centran en ellos. En la coyuntura actual de crisis, Trump ha sabido sacar los sentimientos más bajos de las capas deprimidas de la sociedad norteamericana, adecuando sus parámetros ideológicos a esto. Igual ha hecho Le Pen en Francia, canalizando estas ideas a través del ideario de su padre y el de ella misma.

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Fuente: El Plural.com

Muestra de ello es que el Frente Nacional existe en Francia desde el año 1972 y es ahora, tras la crisis financiera y la adopción del populismo como estrategia, cuando ha logrado situarse en la lucha por el poder presidencial. Los franceses son un país muy reticente al cambio y con una tradición muy fuerte en el plano sindical gracias a la industria. Pero esta industria se está yendo de Francia y el partido socialista francés se ha enfrentado abiertamente a todos los sindicatos en los últimos años. No creo que las ideas retrógradas de Le Pen hayan calado en Francia tras 44 años de machacona caspa discursiva, más bien la coyuntura económica y de ruptura de la tradicional izquierda con las clases bajas ha hecho que Le Pen coja el testigo de representarlos.

En Sudamérica tenemos ejemplos de populismo en la izquierda. El máximo exponente es Juan Domingo Perón y su mujer Evita en Argentina. Más en la actualidad tenemos a Evo Morales en Bolivia, el cual logró afincarse en el poder apelando al pueblo indígena boliviano y a “devolverles lo que era de ellos, dado que la naturaleza del país pertenece a la sociedad y esta es representada por el estado”. De ahí su gran política de nacionalizaciones de los recursos naturales. Otro caso puede ser Hugo Chávez en Venezuela con constantes apelaciones al pueblo venezolano y a su nación y dando mítines con la camisa pintada de los colores venezolanos. Ambos surgieron de diferentes maneras, pero surgieron en momentos concretos de la Historia que les permitieron hacerse con el poder. Evo en Bolivia después de que las empresas multinacionales arrasaran con los recursos naturales del país y dejaran a la sociedad boliviana muy empobrecida y Hugo Chávez después de dar un golpe de estado en contra de la dictadura y del títere que impuso Estados Unidos. Y con este mensaje lograron amplias legitimaciones sociales en sus respectivos países.

Pero el mantenimiento de esta estrategia populista les está pasando factura. A Evo Morales porque el pueblo boliviano ya se ha hartado de populismos y en el caso venezolano por la muerte de Chávez y el intento de continuar haciendo lo que caracterizaba a Chávez y no a Maduro, su sucesor. En Europa y Estados Unidos está triunfando el populismo de extrema derecha, en todos los lugares excepto en España. Según las teorías de Íñigo Errejón es a causa de que se dio el 15-M como canalizador. ¿Pero dónde han quedado estas gentes? Podemos no ha recogido ese testigo de canalizar las ideas de las clases populares que se concentraron en el 15-M, las cuales en España siguen sin identificarse con ningún partido. Podemos es votado principalmente por gente de renta media-alta y con estudios universitarios con fuertes tendencias ideológicas hacia la izquierda. Hay una gran parte de la sociedad española esperando un populismo que les saque de casa para ir a votar, y muchos otros que ya votan pero sin estar convencidos de lo que hacen.

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La forma de hacer política populista no implica que se busque solo el apoyo de las clases bajas. Le Pen o Trump son candidatos políticos que en circunstancias normales solo les hubieran votado gente muy ideologizada de cualquier clase social, pero tendrían un fuerte apoyo de las clases más altas, más tendentes hacia la derecha ideológica. El populismo lo que hace es que estos movimientos sean capaces de aglutinar mucha gente muy diversa y de muy diferentes capas de la sociedad gracias al discurso sencillo y directo, y gracias a tratar de amoldarse a cualquier pensamiento.

Los populismos de momentos sufren un gran desgaste una vez se comienza a revertir la situación que lleva al poder al sujeto que lo haya utilizado, por eso es necesario una reconversión del político. Evo Morales está en sus niveles más bajos de popularidad, la situación en Venezuela es cada vez más complicada y el profesor de historia estadounidense Allan Lichtman, que lleva acertando quien sería el presidente de los Estados Unidos 34 años, ha dicho ya que es altamente probable que Trump sufra un impeachment. Si esto se cumple, Trump no acabará su mandato.

Ante la insuficiencia del populismo de momentos para mantenerse estable como actuación política, la izquierda europea debería de mirar un poco más hacia allí, aunque sea por miedo a la competencia que le está haciendo la extrema derecha en el seno de los que deberían de ser sus votantes. Pero creo que la socialdemocracia europea se ha olvidado de mandar mensajes y políticas que demandan las clases populares y ha tomado la iniciativa de educarles en lo que ellos creen que deberían de ser. Y esto les ha llevado al fracaso. En una siguiente entrada haré una reflexión sobre la socialdemocracia y la posible adopción de una estrategia populista para volver a competir por el poder.

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4 comentarios en “¿Qué es el populismo? Definición e historia (Parte I)

  1. Al leer este artículo me ha parecido que existen contradicciones, de las cuales muestro:

    La primera:”El populismo es un movimiento”, ”El populismo es un movimiento que se encarga de hacer salir de sus casas a las clases bajas y más deprimidas de la sociedad e inculcarles un fervor político que les lleve a votar y participar de la vida política.”, ” trata de canalizar las demandas de estos y transformarlas en un movimiento político”. El populismo no es ningún movimiento político, como se ha mencionado en el artículo aunque de forma muy dispar, se relaciona a una lógica de práctica política, es decir, estrategia para conseguir un fin. Pero un movimiento muestran sus propias dinámicas y lógicas internas y externas donde empleará sus prácticas discursivas concretas, como los anti-globalización, feminismo, etc.

    Otra, evidenciar el discurso o la estrategia populista a la nación como herramienta política. La patria tiene un significante diferente al estado-nación como reconocimiento popular, por ello, la patria es el pueblo, en un relación apologética (donde el pueblo es ”Dios”). Lema de podemos: un país para su gente o la patria es la gente. Los símbolos pueden ser modificados y no constitutivos de ”modelos identitarios” de estado-nación

    Más, existe un discurso en el artículo muy vinculado como en las clases bajas como actor fundamental de la lógica, pero el populismo busca transversalidad venga de la ideología que venga de donde venga, mencionas a la nueva socialdemocracia europea, es un claro ejemplo. Por ello, puede contener parte pedagógica, no es solo el pan y circo, la cultura política Latinoamericana se ha apropiado de la hegemonía y lo contrahegemónico ha aprendido ha utilizar las misma lógica. Y por ello, neoliberal, sociolismo del s.xxi y vuelta al neoliberal. Por eso no es errado el análisis en cuento a la ideología, pero creo que sí en cuanto a la pedagogía.

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  2. En cuanto a que el término movimiento está mal empleado no puedo por más que darte la razón. Fue un fallo, y de los gordos.
    Claro que la patria no se ha de significar como Estado-nación, y aún así mantengo que es un significante del populismo. De hecho el significante que le da Podemos al término patria es un uso populista: habla de patria no como estado nación para así atraer la atención de votantes que buscan tanto una patria sin el significante de estado nación como para los que sí lo hacen, estos últimos atraídos por el simple uso del concepto patria y la asociación que estos hacen de él; tratan de dar el mensaje de patria en una apelación populista al electorado que no esté en su ideología pero sí se identifique con ese tipo de conceptos
    En cuanto al último párrafo no comprendo muy bien lo que pretendes decir, si bien creo que el populismo puede ser la herramienta para sacar a las clases bajas de sus casas e ir a votar, si bien es cierto que uno de sus objetivos fundamentales es la transversalidad, las clases bajas están abandonadas y este movimiento puede sacarlas a participar en la vida política.

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